No se si la huelga ha sido un fracaso, o un éxito, o ambas cosas. Para diseñar dudas, el gobierno y el partido sindical despejarán estas incógnitas a través del CIS.
Tampoco tengo claro si Rodríguez Ibarra, excelentísimo señor de la extremadura, cuando se refería a la caspa y lo casposo aludiendo a la presi Esperanza Aguirre y a estos madrileños del foro que remedia con ortigas la picazón, desconoce que la presencia de escamas finas en el cuero cabelludo, puede dar origen a una capa de polvo blanco que, en ocasiones, disimula la disminución del número de melanocitos de la unidad de pigmentación del cabello, dejándolo todo absolutamente blanco nuclear.
Menos claro lo que se dejó decir el señor Luis Solana Bell, en una de sus ocurrencias filosóficas "La Huelga General una gigantesca representación teatral en la que los actores son nada menos que toda la sociedad española" . A mi no me incluya, don Luis, se lo ruego: Yo la hice sin libreto
Un mundo cruel me ha sentenciado, esdrújulas palabras me han humillado, sin tener en cuenta mi dolor, me siento morir de amor.Y mientras se juzga mi vida, mis diferencias, mis genios, mis contínuas avenidas, no veo mas que concluir, morir de amor.
Sin vencer este fracaso, hago caso de mi sino, disimulando el dolor, morir de amor. Como un ardid, despues de tamaña tristeza, me siento mas convencido del final que se me ofrece. Muerte dulce y suave, en un sueño relajado, soñando con mis deidades, placentero fin y cabo.
Adios al mundo que no importa; adios a aquel que me condena, adios a las dichas descaradas, adios a lo que me queda: mi querida virtud.
http://www.youtube.com/watch?v=1KcBiZ4EA-I&feature=related
Morir a chorros
Nunca entendí las expresión triste de Wall Street, o calle de los Muros, donde se muere a chorros por una chorrada de los dineros, las fincas y las finanzas.
Si lo pierdes todo, vas y te pones a trabajar en la vendimia, si a mano viene. Pero si la vida te abre el grifo del sulfuro, de repente, arrancándote las flores amadas del pequeño jardín, eso es una gran putada. ¿Y quehacer en esta situación, pues?, le consulté al sicólogo de cabecera, especialista en depresiones de potrancos y otras gilipolleces: “Tendrá que centrarse y estudiar su caso, fruto del desamor”. ¿Y si no?, volví a preguntar poco convencido. “Si no, puede marchar con Lula de misionero electoral a las tierras cariocas. Mas, queda otra salida”
A algunos individuos les cuesta creer que yo mismo fuera o haya sido agente de la CIA. (El mejor modo para conseguir que no te crean, es referir siempre la verdad) Y todo por la propia razón de mi existencia, que para algunos ha sido tan simple como una coliflor atacada por el rayo, o una peladilla turronera elaborada con mostaza. Mas, me llegué a superar gracias a la dedicación y al estudio en un colegio municipal de la capital del reino.
Aquellos episodios cargados de displicencia y menosprecio hacia mi persona, me hicieron reflexionar, abandonando de inmediato el mundo de los infelices envidiosos del condumio, instalados en las regalías carabancheleras, vigilantes de ataduras de nefasto recuerdo, prebendas de la camarilla y mil episodios mas, para dedicarme a la acción y liberar de tomateros la palabra.
Tomemos un respiro y hablemos del tiempo. Es preferible, mire usted, porque hablar de política, de la tele con sus ocurrentes programas, del gobierno con sus ocurrentes programas o de Belén Esteban con su ocurrente marketing programado; o de los talibanes con el recibo de la luz a punto de descargar los calambres sobre nuestras cabezas con soberbios misiles de toco-mocho; el cambio climático con las energías blancas, sustitutorias, que no contaminan en las granjas y por ello sube la luz, o de cualquier otra gilipollez que nos hace sufrir, mejor hablemos del tiempo, si le parece. Del tiempo atmosférico, del tiempo cronológico o del tiempo de las cerezas que ya pasó sobre el valle del Jerte.

Yo, señora diputada, señoría, confieso que llevo calcetines con sandalias, llegando a establecer, en consenso con mi conciencia y honor ciudadanos, el acuerdo t´acito con los dedos de los pies de resguardar a estos en los calentitos patucos tobilleros cargados de diseño y colorines bejaranos, evitando la intemperie.
Sé que pueden llamarme la atención las fuerzas de seguridad a mi paso por San Jerónimo, en el agosto rabioso, camino de ninguna parte; mas así me siento cómodo, señoría.
Si no llevo calcetines en los pies, por seguridad, por higiene, por respeto a los demás, me siento inútil, como desnudo; pobre de solemnidad, y escalofríos.
Está en su derecho, desde luego, del mismo modo que a mí, particularmente, no me gustan sus formas, sus brumas de pasado pijotero, su excelencia de parlanchín vendedor de cacharros en borriquillo pregonando "botijos finos", de organizar la defensa defectuoSa en el futbolín de los Billares de Lope de Rueda cuyas bolas daban, sin ningún efecto, en las tragaderas del hueco oscuro de la portería. Doy fe de ello.
Ya lo ves, que no hay dos sin tres,
Que la vida va y viene y que no se detiene...
Y, qué sé yo
Llévame si quieres a ningún destino, sin ningún por qué.
Ya lo sé, que corazón que no ve,
es corazón que no siente.
Para qué me curaste cuando estaba herío,
si hoy me dejas de nuevo con el corazón partío.
¿Quién me va a entregar sus emociones?
¿Quién me va a curar el corazón partío?
Si no lo sabes tú, te lo digo yo.
http://www.youtube.com/watch?v=8L9NKAdyFmc&feature=related
Alguien posó, en el ínterín de los agobios, en "El gallinero" de la Cañada Real Galiana.
Una mujer joven, que tal vez no supere los cuarenta; tres hijos de un marido que la abandonó pocos días después de llegar, acurrucados en su furgoneta de cuatro latas, desde la lejana Constanza en la Rumanía hasta los cercanos madriles opulentos.

Es evidente, no llegamos a sus alturas en el mundo de las bellas artes, desde luego, pero, al menos, intentamos emular al pintor de batallas midiendo espacios con sus pinceles y realizando trabajos dignos para que el mural de esta historia de la Pepa gaditana resulte atractivo para nosotros, el pueblo.
Y eso es lo importante, ilustre académico, escritor de afilada pluma, admirado en fin, sin atisbo de hipocresía, sin entrar en riñas con los “mocitos felices” que quieren aparecer en la primera plana del carnaval y hacerse un hueco en la comparsa que toca y toca voceando lo que no representan, solo recurriendo a las turmas.
Mas el insulto mentando a los padres o a la puta madre o madre que parió, no lo comparto; por muy bien que le resulte aplicar sus peculiares formas directas del decir quién es quién en sus artículos o en sus novelas.
Ya está bien de considerar a las jóvenes (o jóvenas, según aquella expresión intelectual de lo más) que solo tienen un padre sin influencia alguna y una madre de casa ajena en cuestiones de fregar, personita de inferior categoría comparada con esas otras muchachas de aparente, y estudios avanzados en la tecnológica de Massachusetts; papi director general de algo fundamentalista o ingenioso, y asesor de cientos de paisanos dispuestos a imponer el modo y comportamientos de la nueva sociedad para emancipar a la juvenalia del peso de las diferencias (?).
Soy mona, lo reconozco, cajera de super y reponedora por vocación, que desprecia las ofertas del listillo separadote o tronco casadote que hace la compra con carrito, a lo Woody en su Manhattan: ¿Hace un paseo en deportivo TT por los alrededores de la Alhambra? Y no; no me entusiasma el abuso de posición dominante de estos indivíduos carentes de peso específico en la tabla periódica de elementos elementales, por mucho que se las den de duros y atractivos bregadores.
Un día como hoy, hace de esto nueve años, en los rescoldos del infierno, dejaste que tu reloj fuera testigo del desaliento, del miedo, del terror, de la impiedad, entre el rugir de mortíferas plataformas que no solo truncaron los prismas y la luz del día, sino la vida, la esencia del ser y el deseo de amarnos para siempre.
Y aun hoy, cuando te recuerdo, mujer, siento escalofríos de ese holocausto.
Seguimos ofuscados, midiendo fuerzas, señalando al enemigo, deseosos de exterminar al oponente para aferrarnos, aun mas, en nuestra esencia insensible; en el infinito desprecio fanático que prende en el odio como la yesca y contagia, con toda fuerza, a los seguidores del exterminio. El ser humano no se ha librado de la fiera aun con sus refinamientos, sus adornos bondadosos, sus reflexiones filosóficas
Y me alegro muchísimo. Yo sé muy bien lo que es la vista. Y lo que es la miopía, y la retina por otra parte. Y tener que encerder la luz de la mesilla para buscar las lentes a esas horas de la madrugada cuando cunde la impaciencia. Era un fastidio.
Pero llegó el día y el laser hizo el milagro. Eso de no llevarse nada a los ojos para mirar, es una bendición, créame. Y se ve todo, como si las tuviera instaladas sobre el montante de la nariz.Mucho mejor, diría
Cada vez mas se nos nublan los espacios que estimábamos claros donde reposar la vista. Y no es solo por el posible desprendimiento de retina en cascada que trata de emborronar el gran angular de la cámara oscura, sino por las angustias de las derivas que vienen tomando las cosas cuando la desgana se hace fuerte en la pared umbría de la desidia.
Antes de ponerme al volante, suelo tomar un par de espirituosos por aquello de reforzar el vigor del buen conductor con dos cojones.
No se quien lo dijo pero, está mas que bien el invento de darle al jarro para aquellos tímidos que sucumbimos como tórtolas al primer golpe de claxon o insulto de taxista.
Con este aditivo tonificante que te deja hecho una flor opiácea, el comportamiento varía, segun todos los estudios: Uno es capaz de pegarse con su mismo padre, con la prensa en el arcén y con la pasma de la moto. Y si hay algun juez de por medio, tambien lo forra.
Ningún problema, hasta ahora, con los controladores de la carretera, no como este pobre colega famoso que lo han pillado con el carrito de los fármacos y unos colidrios en el coleto ad hoc. El dice que fueron las pastillas y el ensañamiento de los de verdes con teresiana, que son muy malos y perversos con los índices que marca el tubo marinero de soplar.
No entremos en política; existen demasiados mendas acurrucaditos en sus nidos dispuestos a desfacer ilusiones después de un buen trago de vinagre o aguarrás decapante.
Ellos tienen perspectiva y te pueden arrear con sus infundios, soberbias y mentiras en la misma cocorota, sino atizarte a modo con los trébedes de sus fogones para herir. Un fastidio. Lo que la inteligencia no da...
Prefiero viajar en fin de semana. Unas cercanías: Rail a la Helmántica; la Huerta de los Jesuitas, La Alamedilla y disfrutar de la compañía de don Miguel, él que tanto transitó por estas calles de la imponente Clerecía.
Después de despedirme de su recuerdo en la casa de las muertes, besar la piedra de Villa Mayor de sus catedrales, pegarme un merecido descanso en la capilla de Santa Bárbara y salir por la puerta de los carros, si a mano viene, Tentenecio. Salamanca no presta.
Pasearé por la Chinchibarra y Garrido. En la churrería de Ricardo,un stop con orujo del reino, marchando a continuación, con mis amigos, a visitar la Feria de Día, sus casetas, sus viandas de labriegos de tierra dura, y un buen vino de la Ribera, hasta dar con el Tormes que me regresara, si fuera navegable, hasta la city capital.

Quebrantos, alarmismo, revoltijo de mentiras, milongas coordinadas en un quantum que asusta al más paciente de los ofendidos. Asientos calientes glorificando al que viene con la tocata del poder. Y ratos de ocio perdidos mirando los destellos de la number one (p.l.c.) de la radio y la televisa, y sus acólitos expertos en la programación nuclear de la trola mañosa que sus caletres jamás podían imaginar de haber estado en el Mayo revolucionario (Debajo de los adoquines, la playa)
Ellos, en la posmodorra, con su revolución de la señorita Pepis, pasando imágenes y haciendo la cabra por los parajes del alucine salvador de mi Entrevías (querido Pozo) para turistas.
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín