Cuando tengo dificultades para continuar con la vida; es decir, cuando no poseo chavo que llevar a un mostrador; es decir, cuando ando a dos velas de cera virgen, procuro no comer; no quiero que la oxidación que provocan algunos alimentos le afecte a las meninges.
Unas meninges con óxido es lo peor que le puede suceder a uno que medianamente piensa. Ya ven ustedes lo que le está ocurriendo a estos discurridores atormentados de tan insípidos parloteos en los estrados: Se trabucan, no entienden a Arquímedes, argumentan como el asno de Buridan y, lo peor, dan gritos histéricos, saltos y zapatetas como si fueran personajes extraordinarios. Bien comidos, entonces.
Dejemos a los ilustres y volvamos a lo terreno. No como, por ahora; eso ya está dicho. Son siete días de ayuno voluntario que provoca el no tener ordinario, es decir, eurito que llevar a la boca. Mas, es así que siento como el mundo se me cambia de postura como una chaqueta vieja; afluye la desventura y el estómago grita ¡comer! ¡Por Dios, un currusquito, por Dios!
Veo a los dirigentes sindicales de mi oficio, mas delgados y asombrados que de costumbre. A los políticos de mi demarcación, menos sonrientes, parcos, atrevidamente prudentes que de costumbre, y a los cronistas de los milagros, mirando a San Benito donde existe tanta pureza y el gen de la santidad.
Y yo, mientras tanto, sin comer. No pido mas a mi suerte en este instante. Aunque no piense y me oxide, no importa, hay mas inteligencia repartida por los mundos de las tórridas torrijas. Un par de huevos fritos con patatas encascabeladas y una modesta chistorra, valen mas que las ideas. Con mucho respeto. Primero el huevo en la evolución.
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín