Cuando tengo dificultades para continuar con la vida; es decir, cuando no poseo chavo que llevar a un mostrador; es decir, cuando ando a dos velas de cera virgen, procuro no comer; no quiero que la oxidación que provocan algunos alimentos le afecte a las meninges.
Unas meninges con óxido es lo peor que le puede suceder a uno que medianamente piensa. Ya ven ustedes lo que le está ocurriendo a estos discurridores atormentados de tan insípidos parloteos en los estrados: Se trabucan, no entienden a Arquímedes, argumentan como el asno de Buridan y, lo peor, dan gritos histéricos, saltos y zapatetas como si fueran personajes extraordinarios. Bien comidos, entonces.
La Casa Grande de Narváez, corredores y pasillos colgantes, barandillas, escaleras voladas y ropa tendida; entramado de un suburbio vertical enclavado en el est upper de la city madrileña, era un lugar de vida y encuentros en la alta posguerra ye-yé, donde vivía mi amor imposible, Nati.
Con sus quince años, su falda de vuelo can-can y su revoloteo caprichoso y sonriente saliendo del portal, me sugirió una canción, una melodía; componer algo que adornara aquella escena de película.
Primero, le puse nombre a la obra "My loved Nati" (se llevaba lo americano, soñando en americano), mas tarde, con la ayuda de unos amigos, inicié el trasteo en la guitarra Garijo que me regalaron los viejos, hasta dar con el son romántico adecuado a la figura de pensamiento enamorada.
No se si el empujón nos enviará a todos al abismo en un salto BASE programado por los instructores de la cosa del aire, hartos de quejas y con la mochila de Moragas como defensa en lugar del paracaidas reglamentario para locuras.
Voy al Cine, al menos, un dia a la semana. Y no es que sea un cinéfilo empedernido de recursos fotográmicos para llegar al límite del disfrute sabiendolo todo de la industria, no.
Soy mas rural, mas simple, un poco transversal para esas cosas y menos longitudinal que aquellos que opinan del Septimo Arte. Lo que me ofrecen en pantalla, si viene de buena mano, lo intento disfrutar en el momento, y asimilar, rumiando el mensaje, después de un par de días laborables dándole vueltas al caletre.
Tengo que confesarles, antes de nada, que este amor por el cine viene de lejos, del óvulo fecundado por mi imaginación endogámica cuando aun no contaba con la mayoría de edad parvularia. Muy aficionado a los matinales y sesiones contínuas en los cines del barrio.
Desde el cielo a la tierra existe un trecho importante donde, dicen, se encuentran aquellos que pretenden llegar a la inmortalidad con sus despachos instalados en casa dios mirando a las nubes y a lontananza.Y también a las pequeñas motas de polvillo que trasiegan por los bajos en el fragor de un continuo ir y venir a ninguna parte, excepto aquellos que van en moto llegando antes.
Mi amiga Polimnia, que de las cosas
El hombre se equivoca tantas veces como osadía contiene su soberbia. Y es menester dar con la medicina para que la pobre criatura que pulula por los lares del poder creyéndose el supremo, se frene, se pare quieto y tome un respiro ante su endiosado proyecto.
Y aunque únicamente cambia el primate cuando le vienen mal dadas por una razón imprevisible que se opone al montaje elaborado, aun con su mejor intención, para llegar al Olimpo del terrario vanidoso de los elegidos, seria bueno aconsejarle, -brazo por hombro como Epicteto-, en señal de franqueza: ¡Eso lo puede hacer hasta mi prima la coja!, refiriéndome a la expresión de un futbolero cronista
Si Berlanga, mi querido director de “La escopeta nacional”, empinara su dedo índice solicitando intervenir en esto del cine, tan suyo, tan mio, tan acoplado a Mihura, seguro que me daría la razon para filmar una nueva trilogía en descalabros y angustias de los actuales hojalateros conmutativos y bilaterales tan añorantes de la violenta y floja transición, esperando, impacientes, la epopeya de este siglo.
Y es que solo don Luis seria capaz de retratar las esencias de este supuesto lugar con olor a calamares de Casa Rua, de canonjías, de jueces idolatrados cantando Summer in the city de Joe Cocker en el banco que dejó John Kennedy Jr. sobre el jardincillo del campus de NYCU, a pasos de Washington Square.
http://www.youtube.com/watch?v=k8HsEbb-9sA&feature=related
De correas elevadoras que se ajustan a los ternos del poder para seguridad de la familia política genovesa, don Mariano.

Con lo que está cayendo y el futuro tan oscuro como cada cual lo quiera ver, si es que la reflexión llega para tanto, están creciendo como níscalos los llamados pensadores de cebolla olla (nada que ver con el rico bulbo de Bolaños), en el argot mas llano y vulgar de las hortalizas intelectuales: “Cabezas cuadradas que nos libre Dios”. Personajes enterados, osados y valentones que no dudan del menosprecio, la picardía y la afrenta con tal de enmendarle la plana a Venus, el Lucero del Alba .
Yo ya me he desintoxicado leyendo un libro de Corín Tellado y silbando el enjabonado del Barbero de Sevilla. Antes, hasta hoy, era horroroso. ¡A todas horas con los mendas chillones de las ondas, entreverados con bollicaos multicolores en anuncios para niños. Y el defensor del menor, tiñéndose las canas con colonia La Carmela para lucir mas chachi delante de las cámaras, viniendo a decir que los pequeños tienen razón cuando hablan en el hemiciclo de su casa con la señorita Pepis.
Luego vienen las tertulias de la señorita Grisso, gritando. No hay manera de bajar decibelios. Además, hablan todos unidos, juntos en unión pero con distingos, en distintas pistas del Audacity ( ese programa maravilloso que las técnicas han puesto a disposición para convertirte en un Matias Prats).
Nos preparamos para la guerra nuclear construyendo bunkers de grosor y bien dotados para escapar de las radiaciones atómicas; de los ataques terroristas poniendo en uso infinidad de sofisticados sistemas de control en aeropuertos, carreteras, entradas de organismos oficiales y empresas de relumbrón. Camaras ocultas en los ángulos del elevador o camufladas en cuadros y jarrones para defendernos de intrusos en nuestros hogares; alarmas agudas en nuestros coches con desconexión automática y llamada a emergencias, todo en el mismo paquete. Y si cabe, para nuestra mayor seguridad, las trompetas de Jericó como advertencia a la cercania de los stukas para afianzarnos mas a los miedos de destrucción . Miedo aterrador y desquicio que mora en el punto trágico del magín.
Si no quieren reconocer su actitud, no lo hagan. Si quieren utilizar un medio, un programa como “La Noria” cuyas orquestaciones de una sola octava vienen a animar al personal como buen carrusel verbenero de fin de semana, bien está, pero, créame; eso no es. Las medidas adoptadas por su gobierno, aun no siendo de gran calado, viene a recordarme el día de mi confirmación como integrante de la iglesia católica, en aquellos años de creencias absolutas.
Tenia cosa de diez años y fue en uno de los lugares mas destacados y bellos de Madrid: La iglesia de los Jerónimos. En aquel día radiante cargado de ceremonias, en aquel acto, uno de los oficiantes en su homilía vino a decir al ejército de pequeños creyentes de brillantes ojos, entre otras muchas cosas, que el Señor había muerto por nuestra culpa; por nuestros pecados.
No me cabe la menor duda de que, cuando los compañeros hablan bien de ti, algo se prepara a tus espaldas: Tal vez un acerico donde clavar los bonis para entrenarse con el budú de la costurera, a la espera de tiempos mejores.
El otro día escuché en la radio un panegírico engolado y lleno de mieles, lanzado a favor del director del periódico mundial, y tambien digital, con mancha publicitaria móvil jugando a ocultar la noticia.
Sus tirantes elásticos, acomodo de pulgares, y el giro de butaca unos grados , manifiestan dotes de gran tirador de florete. Me extrañó que se hablara tan bien del señor cuando estos colegas habían salido a leches del Pradillo de la Guindalera, no hace de esto un ínterin del nuevo siglo.
Quién o quienes provocaron el desbarajuste desmadrado que llevó a la crisis a este país, profesor Compte, padre de la sicología? ¿Los jubilados y los funcionarios de bonobús? Pues hágase con ellos lo que de justicia estime la Ley. Las negligencia, las actitudes dilapidarias, la mentira, la tergiversación mas obscena, el derroche, la mala fe, el encubrimiento, todos esos pecados han de purgarlos.
Y es que no saben lo que se hacen. Te contaré una anécdota: "Son ellos, gilipollas , comentó el general Grant a su corneta en la batalla con los Siux andrajosos, quedándose solo con el ayudante. Ya se sabe lo que son los jefes cuando la toman con las plumas; en poco mas de unos dias, todos tranquilos."En picos, palas y azadones, cien millones". Este fue el presupuesto que presentó el Gran Capitán a la Corte, riéndose de Isabel abiertamente. Luego, ella, no tuvo mas que arreglar cuentas poniendo a los aborígenes a espigar a cambio de una cebolla. Y así se arreglan las cosas en el reino este, que no se puede aguantar.Es decir, que pasaremos el chaparrón como buenos bomberos. Y luego, a la cuerta pared a representar, que es lo que a mí me priva.
Ya estarán contentos ustedes vosotros por el recorte a funcionarios y pensionistas. Si, ustedes los maquillados del make-up sin estrías, en una de las sesiones mas peliculeras de la subvencionada Telemadrid , antes de salir al plató, en esa continua rueca de muñequitos en carrusel -que mísmamente los miserables representamos-, de Sainz de Buruaga y su espacio de cortar tela en esto de la economía y las finanzas del Estado.
El detective Pancorbo, jefe de los detectives de talento de la reconocida agencia "Pancorbo and Cia.", había preparado, minuciosamente, un tinglado semejante a la Guerra de las Galias.
Los barcos de media envergadura los apostó en lugar adecuado Los pilotos de las naves, expertos en esto de fisgar, atentos al desembarco, y la infantería de marina de aquel ejército flux , dispuesta a desembarcar en la cabeza de playa. Por fin, llegó el momento:
He intentado sacar mis colores a borbotones ya que, aquellos que integran esa hermandad del mando y mando, bastón de mando y estoy en la cúspide que lo tiro, a estos es dificil sacarles los colores. Tienen muy poco pigmentada su sabiduría.
El otro dia, señalando un tiempo cercano a recordar, estuve en la Escuela de Cine con la intención de cumplir con un compromiso que veinte años ha habia asegurado a aquella bellísima persona: visitar al señor Méndez-Leite. Me recibió, muy sonriente, la secretaria del señor Director tratando de conciliar aspectos que no entendía. Mi intención era hablar con él, contarle motivos entrañables hacia él y entregarle un trabajo muy especial: un guión. Me tomaron por loco. No tuve color de referencia ni pude sacarlos en aquel instante de bochorno.
Dicen que nos estamos empobreciendo ahora que las bolsas de valores se están viniendo a bajo con su caida grave de gota de mercurio sobre el parquet. Que la crisis de los bonos basura está haciendo estragos en la economía por culpa de los agoreros de Standard & Poor's (aquellos que miden el grado de empobrecimiento con tablas y números cardinales) , "los cabronazos del contubernio judeo-masónico de don Claudio"y otros personajes de la economía mundial tan eficientes que ahí los tenemos tratando de discutir el teoréma de Pitágoras y la suma de los cuadrados de los catetos.
Que nada se les discute a los griegos antiguos que todo lo cabilan bajo los peripatos del saber. Y sin rechistar a esos probos personajes que discurrian de este modo: " el aire se calienta y se vuelve fuego cuando se rarifica". Era un tal Thales.
En un programa de la tele, alguien se dejó decir algo sobre los huevos. Que donde ponía el puntodor un exquisito torero, es decir, en la punta de la muleta, él colocaba los huevos. No quise saber mucho mas de la intención del eminente economista, ni siquiera la segunda lectura que pudiera rozar la ordinariez. De un eminente tertuliano de vista continua en la TDT, no se espera semejante aleluya a propósito de la valentía y esas otras cuestiones referidas al tan denostado racimo varonil.
Incipiente corolario de situaciones extremas. Abedules mirando al sol cuando se quiere decir lo que no se piensa. De eso hablamos cuando el pensamiento no se liga a la razón en un amarillo intensamente tenue. Ese quantum simplista y desnaturalizado que impide la actividad de nuestro sistema linfático al borde del colapso. Y no estoy dispuesto a decir lo que no pienso porque, el sentir de mis múltiples neuras me aconsejan que diga algo aunque mi yo esté disociado con el discurrir inerme, lleno de dudas, parangonado con el sufrir de esas cavidades inocuas que ven en el cielo la distracción para seguir caminando por la senda de la vaguedad. Realmente no lo entiendo.
Estaba cansado de tocar el fliscorno ingles a las puertas de las parisinas galerías Lafayett, sin que nadie reparara en mi estupenda entonación y harmonía.
De aquí nació el desespero y la intención de comprarme una gran guitarra eléctrica de catorce cuerdas cacofónicas y cuatro pastillas de alto evolución, fabricada por un vietnamita que trabajaba de camarero en un bistro de boulevard de Chantilli, de comida informal y sana.
Aquella guitarra me haría perder el sentido, teniendo que acudir, durante un tiempo, a la sala de despiece neuronal del Campo de Marte donde se me practico un arreglo y ajuste de la trompa de Eustaquio.
Tiempo después de la intervención y en periodo ambulatorio, tomé mi preciada guitarra, ensayando sin desmayo, horas y horas, en la pensión de Madame Tossidor sin ningún tipo de reparos por parte de la patrona. Alguna protesta se suscitó entre la clase baja del pupilaje y vecinos engreídos carentes del mas mínimo gusto.
Después de un tiempo dilatado, actué en las escalinatas del metro de Opera, siendo requerido por la autoridad y un gendarme un tanto atravesado que desconocía o desestimaba mis cualidades artísticas, tratándome como un vulgar sans-culotte. En ese ínterin , una persona de sensibilidad supina y gabardina de nylon, se fijó en mi de soslayo. Era nada menos que el gerente de la afamada sala de conciertos para la juventud “Le mondain” . Me invitó a reflexionar a cerca de la propuesta que me vino a sugerir.
Si tuviera que esculpir el busto de un hombre bueno, elegiría como modelo a Iñaki Miramón. Sí, este hombre entregado al arte y a su medio cuya presencia en los escenarios marca características de lo que viene a ser un buen actor. Un excelente personaje en busca del mundo variopinto, tan creible que queda en duda la existencia de los artilugios que tratan de impostar la realidad a través de las técnicas de la cuarta pared. La ficción queda deshecha, privándonos del actor entonces, milagrosamente convertido en personaje absoluto.
Una flor no es suficiente, lo sabemos. Un regalo caro, no es de tu gusto por lo caro. Y de papá, menos, porque tu no lo permites. Tampoco eres, mam, de estampitas con marco de macarrones o tortiglioni o de esas otras fruslerías que se gasta Conchi, la señorita de manualidades, ilustrándolo todo con las ideas multicolores de Ágata Ruiz de la Prada y sus témperas.
Yo si se que es lo que quieres de nosotros, mamá. Te gusta que te mimemos, que te demos besos y que papá no se enfade por gilipolleces. Ya sabes, es muy enfadica el hombre.
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín