Cuando en mis tiempos de pintor aguzaba el ingenio para hacerme con un buen plantel de personajes que posaran para mí en aquel estudio cordobés, encontré a la novia de Pepe Amores; preciosa muchacha de ojos negros y cara angelical.
Desconocía su nombre, nunca se lo pregunté; debia identificar a la joven como “La novia de Pepe Amores” . Mas que un nombre, un título de propiedad asentado en el Registro Mercantil, me pareció.
Aun temiendo reacciones del garrochista Pepe Amores, capataz de la finca de don Lucrecio, me pareció mas acertado llamar a aquella flor, en mis silencios, “ Pamores”, sonoro y de color, apocopando la marca registrada por el machote.
Sin embargo, a ella le encantaba que la llamaran “la novia de Pepe Amores” para eso era de su hombre; del mas bravo y valiente del hierro de la ganadería de don Lucrecio .
No cualquiera podía decir esto en aquellas épocas del estraperlo y el hambre. Ser amante, querida, segunda bis de un personaje conocido, reconocido como prócer de la sociedad, con signos inequívocos de limpieza de sangre, era suficiente para que estas bellas gentes se sintieran halagadas y orgullosas.
Quise pedirle permiso al propietario de la joya, Pepe Amores, que con cordialidad aceptó la propuesta. ¡Cuídemela usted mucho, amigo!
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín