Cuando tenia no mas de veintidós años repletos de ilusiones, un trabajo para compaginar con los estudios y, como decía, entusiasmo por la vida, quería tener, a demás del mejor trabajo del mundo, un Ford Mustang descapotable, como Tony Ronalds el cantante holandés que actuaba los fines de semana de mis asuetos en Imperator “la sala de la juventud”, allá por Moncloa.
Cuando terminaba la fiesta al cierre del local, procuraba esperar y hacer esperar a los amigos para ver despegar el Ford Mustang de Tony cargado de chicas modernas y sonrientes, tan saludables y felices, que daba envidia . Êl, estrella cotizada de entonces, mostraba el éxito a traves del carburador del Mustang y su sonido de motor de tres litros.
Recuerdo que, muy cerca de mi trabajo, en la calle Jorge Juan esquina Nuñez de Balboa, había un concesionario de Ford donde exponían el soberbio coche de mis sueños. Cuando me dejaba el curro, allí estaba mi cuerpo viendo aquella maravilla de ocho cilindos mientras soñaba con las chicas de Tony Ronalds cantando el Help, ayúdame.
Casualmente, coincidí durante algún tiempo, y el café de media mañana, con un empleado de aquella tienda en el Bar de un centro oficial regentado por el señor Paco de agradables recuerdos. Un hombre simpático aquel de Ford, y dicharachero, experto en esto de los coches.
Le preguntaba, constantemente, por el carro, su motor, sus prestaciones, los colores, aquellos convertibles y, por su precio, que tras un grosso modo, el señor soltaba cifras irreconocibles para mi.
Al poco tiempo, y cuando fue decayendo mi interés por el lujo, cayó en mi mano un SEAT 600 regalo de mi querido padre. ¡Que maravilla de coche!. Lo tenia todo o casi todo, y resultaba tan acojedor y simpático, que no lo hubiese cambiado por el lujoso Mustang.
A partir de entonces, nada tuvo que hacer el Pony. Mi tragamillas me dio tantas satisfacciones que ya no recordaba el Help de Tony Ronalds. Además empecé a encariñarme con el jazz de Ella Fitzgerald y las sesiones de improvisación en el Johnny (Colegio Mayor San Juan Evangelista)
Hace poco, algunos años, una década, encontré al señor de la Ford con un joven y su perro, por la calle Príncipe de Vergara. Estuve a punto de llamar su atención y saludarle pero, seguro que no me hubiese reconocido.
Ya no le preguntaría por el Mustang sino por él mismo, tratando de hacerme conocer por aquellas anécdotas.
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín