
Quien me iba a decir a mí que aquellos imberbes imbecilillos de la generación burgueso-progresista de familia afecta al señor Claudio,o no, con cuatro oficios oficiales, trabajos trabajosos y gabelas sin cesar para la prole de la España Grande de niños endiñados y premio de natalidad, o no, iban a llegar tan alto a estas alturas sin hacer mas esfuerzo que cuatro voces extemporáneas para llamar la atención y cuidar el puesto que tenían allí en ese futuro que auguraban.
Y así ha sido. ¿Y como fue posible si esto es democracia ?. Muy fácil; teniendo la capacidad de cambiar la piel en su momento, el color en su momento, la vergüenza en su momento, apoyándose en las costillas de una clá incondicional de ideologías full en bobina de papel, y otros adverbios de lugar, se produce el milagro. Luego, los años han venido asentando los cimientos de la cosa hasta llegar al efecto tse-tse del momento.
Como el pecado es común a todos aquellos imberbes imbecilillos, hoy muy bien rasurados, decidieron , por obra y gracia de la ciencia justificadora , crear una magnifica clase social de conocimiento y consenso, monopolizando el poder y ofreciendo democracia de poca graduación a las clases flojas de buena voluntad, junto al prospecto o argumentario monopolístico sobre el asunto.
Conociendo como conozco a estos personajes de la élite tanto en un estado como en otro, con sus contradicciones y sus aciertos contradictorios, y averiguando su por qué existencial, prefiero refugiarme en la paradoja del barbero antes de fenecer por la peregrina gilipollez de los que mantienen, a ultranza, sus riñones salvos.
En un lejano poblado de un antiguo emirato había un barbero llamado As-Samet diestro en afeitar cabezas y barbas, maestro en escamondar pies y en poner sanguijuelas. Un día el emir se dio cuenta de la falta de barberos en el emirato, y ordenó que los barberos sólo afeitaran a aquellas personas que no pudieran hacerlo por sí mismas. Cierto día el emir llamó a As-Samet para que lo afeitara y él le contó sus angustias:
-- En mi pueblo soy el único barbero. Si me afeito, entonces puedo afeitarme por mí mismo, por lo tanto no debería afeitarme el barbero de mi pueblo ¡que soy yo! Pero, si por el contrario no me afeito, entonces algún barbero me debe afeitar, ¡pero yo soy el único barbero de allí!El emir pensó que sus pensamientos eran tan profundos, que lo premió con la mano de la más virtuosa de sus hijas. Así, el barbero As-Samet vivió para siempre feliz.
Viernes, 17 de febrero
Chris Gonzalez -Mora
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
José Pómez
Ángel Sáez García
Padre Fortea
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Antonio García Fuentes
Ángel Gutiérrez Sanz
Carlos Ferrer
José Donís Català
Paulino Toribio