Ríase, aunque sea de mí

Y fue Rey de España, aunque se quiera olvidar.

12.03.10 | 21:44. Archivado en EL HOMBRE DEL BONOBÚS
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José I Bonaparte, en denostado monarca de pega, según la historia construida ladrillo a ladrillo en las escuelas seculares de la Ensaña Cañí, fue un perverso rey impuesto por los arreglos y poderes del Gran Emperador, General de Waterloo y demás posesiones europeas.

Y el pueblo, como excelso soberanos de virtuales maneras, defensor de la tierra patria, no aceptó tal perversión venida del extranjero con aquello de la igualdad, la fraternidad y la solidaridad, prefiriendo las hostiles maneras de un tal Fernando VII, inscrito en la Fuentecilla y en la Puerta de Toledo como gran constructor de la libertad encadenada, y amigote de sus amigotes, Pedro Collado y comparsa, todos ellos aguadores del desastre.

Y es curioso que este José I Bonaparte que reinó unos años en la Hispania, realizando cambios al modo francés, es decir, progresivos y tal, ahora que andamos con la memoria histórica, no figure en los anales oficiales de la historia de España como Monarca y sí su opuesto por sucesión, el Borbón que suena a francés como el rey Sol, que vino a pervertir los destinos de la historia de aquella cínica manera camino del cainismo mas atroz y espeluznante en estas tierras de la solana, la sombra y la muerte.

Y José I Bonaparte, figura prominente de esa historia, en el Panteón de Los Inválidos, en aquel túmulo de personajes ilustres de la Francia europea y revolucionaria, presentado como Rey de España. Y fue Rey de España, aunque se quiera olvidar.


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