
Tenia yo un pariente lejano que mas que ágrafo necesitado de atención , era un leído ágrafo de poca salmuera que con el conque de sus parciales lecturas de Caperucita venia a discutirnos lo elocuente y evidente en las tardes de parchís y mesa camilla en aquellos inviernos de carámbanos y paleta piconera que mueve las brasas de los fríos de la Chimchibarra.
El hombre, creído de ser el mas listo del círculo adherido, soltaba sus pareceres a cerca de la vida que, de no conocerlo, uno hubiese pensado que aquel personaje era un marciano cuya nave debió aterrizar en el siglo diecinueve sobre la espadaña de un campanario, sin mediar palabra con las cigüeñas.
Lo que me sorprendía del individuo, era su gran desconocimiento de lo elemental, su osadía por mostrarse maestro, mesías, tribuno, sabedor de las ciencias en su desequilibrada y monumental confusión cargada de mala fe. Y todos los modestos, absortos, tragando aquellas enseñanzas del ilustre, hasta que, cansado de afirmar con la cabeza, decidí emigrar y conocer mundo en ese otro lado de las montañas por donde sale el Sol.
También ahí, quedé sorprendido. En ese otro lugar del periplo, mas sorprendido, si cabe. Y allá a donde iba, me venia encontrando con uno de estos analfabetos que soltaban su speach desde cualquier tribuna, eufóricos, convencidos, poseídos por la soberbia secular de estos audaces salvadores.
Y volví a la Chinchibarra cabizbajo, envuelto en el silencio, al brasero y a la paleta que mueve las ascuas. Eso sí, con mi inteligencia intacta para mayor cabreo.
Sábado, 18 de febrero
Chris Gonzalez -Mora
Ángel Sáez García
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Paulino Toribio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Padre Fortea
Ángel Gutiérrez Sanz
Carlos Ferrer
José Donís Català