Tengo media hora, solo media hora para elaborar mi modesto artículo, buscar en mi galería gráfica un buen alusivo y colgar el post que ustedes ojean. Antes, poco antes, he tenido ocasión de asistir a uno de los programas de debate con que acostumbra la TV, que si no me ha provocado risa, como manda la cabecera, sí indignación y flojera en las carnes por la ridiculez.
Indignado con alguno de los expertos que soltaron su económica razón del asunto mermado de lustre e imparcialidad para allanar al espectador contándole las mil cuitas de una noche de traspiés, con la batalla mas grotesca de los mil y un asunto contenidos en su bien trazada estrategia, siento como se me sube la sangre.
Sentí vergüenza ajena, señores. No quise mas recrearme en el espectáculo, saliendo, por ende, de estampida hacia el aparato cibernético para afinar mis pensamientos, aclarar mis ideas y bosquejar la morfología cósmico-alumbrada de estos gentiles sabedores, sin pérdida de tiempo.
El mayor de los alardes, con traca final hasta mi desaparición de la butaca como Anthony Blake, vino de la mano del reputado profesor D. Fernando Fernández , profesor del Instituto de Empresa, dando a entender, que bien estamos como estamos gracias a los expertos, y no llegar a la condición limite de buscar pepitas de oro en el Manzanares o empeñar su equivalente en la plaza del Celenque.
Que la Seguridad Social, esa entelequia peregrina y obsoleta, no tiene por qué garantizar los derechos de su afiliados contribuyentes, creadores de su masa, sino que han de supeditarse al estado de la mar (principios contractuales de la verbena de la Paloma) . El que percibe una pensión contributiva es porque un trabajador activo cotiza, en su caso, para que este pueda disfrutar de las bondades del generoso, a pesar de haber consumido su tiempo ocioso después de los 65, fastidiando al sistema.
Un flash me vino a marcar la visión roja de aceleración cuando se encabrita el aparato a mach1 y pico.
No tengo necesidad de conocer, personalmente, al señor Fernández, como tampoco al señor Segurado, al señor Encinas , al señor Conthe y otros expertos del cartel, mas, créanme, sin necesidad de ejemplos financieros de capitalización, sin oponer resistencia a su pleamar lingüística, vengo a convencerme de que si aplico este paradigma para hacer comprender a los amigos sobre el asunto y el movimiento bancario, el encaje y coeficiente diciendo que el numerario que extrae de su cuenta un cliente lo consigue gracias al último impositor, salgamos corriendo y olvidémonos de que somos padres.
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Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín