Aquel poema de Lorca lo recordé tornando por los recodos del Madrid de la muralla después de un tiempo y unas circunstancias que ahora me habilitan para sentirme “envidiable” si es que aun perdura la envidia de aquellos agrios instantes, como diría mi admirado Borges. Prefiero, no obstante, sentirme un poquito feliz como me siento.
En la angostura de la calle Torija, me detuve un rato junto al Café de Chinitas, nombre prestado del malagueño colmado en donde las hombrías se calibraban con las medias cuartas de albaceteñas u otras relucientes cheiras ansiosas de defunción. Frente a este establecimiento, un palacete, un enorme caserón, construido por el genial Ventura Rodríguez para albergar un alto tribunal tan temido como obsceno, con aquella leyenda en su dintel Domine et judica causam tuam –Levántate Dios y juzga tu causa”.
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín