Ríase, aunque sea de mí

El poder, el poderio y la importancia de llamarse Tal.

17.01.10 | 21:06. Archivado en CAPITÁN LEX
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En muchas ocasiones me he topado con gentes poderosas que, a decir verdad, a mi me parecían seres corrientes con gestos y modos corrientes y con personalidad rayando a lo simple y muy dentro de lo corriente, que vienen a pasar desapercibidos si no fuera por la cierta ostentación y cámaras de los mass pegadas a la chepa del baranda.

Y se me dio el caso, de que uno de estos importantes, bajito y poco simpático, dejó de responder a mi saludo campechano que a diario le dirigía creyendo que era uno de los tantos mortales que, a semejanza, pululamos por estos andurriales sin saberlo Dios y, tanto por ello, obligados a llevarnos bien, a no ser que el Código Civil impida su observancia a ocurrencia de don Alonso Martinez o cualquier trasnochado badila de Santa Bárbara y aledaños antes de despacharse con unos potes en los garitos de las cercanías.

Alguien me sopló, a la vista de aquella actitud desabrida del personaje, que el tal era una eminencia en su campo comparado, y un excelente importante que requería atención especial y saludos inclinados para seguir viviendo dada su adicción a la popularidad First class.

Muy mirado y dolido, a partir de aquel momento dejé de saludar al importante creando en mi un alo acorazado y descorazonador a prueba de importantes, dedicándome, exclusivamente, a lo mío: vivir si me dejan, tú.

Ahora me siento mejor y reconfortado, tal vez, después de descargarme el programa descomprimido y preventivo contra la intoxicación de este virus malicioso e importantísimo que te expenden sin receta.


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