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No sabes, como le ocurrió a mi pobre persona de guiñol años ha. Se pasa triste, compañero del metal, sintiendo la desesperanza y preguntándose como es que no hay nadie que se le ocurra calibrar las excelentes cualidades que encierra tu mollera cargada de experiencias, de estudio. O, simplemente, ganas, muchas ganas de integrarse en eso que llaman mercado laboral para levar unas cuantas onzas al sistema de vivir, que no viene a ser gratis.
Bajo las impresionantes y trifásicas Torres de Jerez, o de Colón, aparece el bello edificio de clasica traza, OMNIA, como el hermano pequeño de la plazuela. Todo ello junto al monumento del descubridor, don Cristóbal, que ahora se yergue en el trigémino de la plaza mirando a Getafe, por deseo de la corporación municipal.
Todo arreglado. Los currantes, para jubilarse, habrán de cumplir un par de años mas en el tajo. Dos años menos para llegar al cofín.
El trastero de mi casa lo cedo como cementerio nuclear, intencionadamente, aunque se corra el riesgo y el vapor inunde el ascensor y dé corriente.
Obama en el Congreso USA, mejor que Obama.
La desaparición del autor de The Catcher in the Rye, que muy pocos leyeron en su tiempo, provoca un sentimento de dolor en los que amamos la literatura.
Mientras tanto, Soledad Puértolas consigue un sillón en la Academia, que ya es suerte para una señora que escribe. Ikea se queda sin aliento. Eso sí, sillón de letra minúscula.
Un barco a la deriva encalla en las costas gaditanas y la marea se resiste al PER. El señor de la Junta, intentando arreglar lo que viene a inundar, suelta su gilipollez en rama. Función en el Falla para los Carnavales, supongo.
Por fin el señor Rato, el del milagro económico sin canonizar, es el residente de Cajamadrid. (quería decir presidente) por unanimidad para el contento de la ciudadania. Yo soy imponente de la macrocaja (impositor, quería decir) y me da igual. Me la suda en el instante.
Como todo me da igual, excepto las cosas de importancia, me vengo a refugiar en el entusiasmo con Cristiano, por muy burrito que sea el muchacho.
Creo que viene siendo tiempo de recordar con testimonios de la "guerra". No, esto no es la representación de la guerra, y la instantánea fue captada muchísimo tiempo después de la contienda mundial.. "La guerra" así llamábamos a la mili los que por entonces hacíamos el servicio militar en aviación. Si, en la escala de complemento del Ejército del Aire.
Conocí a gente
Se me había ocurrido pintar la casa de colores pero, choco con el presidente de la comunidad, don Cholo, un tipo difícil de agrio carácter que si intentas entrar en su espacio de diálogo, te manda a la vía, por mucha nevada que imponga el clima cordial que a estas alturas precisa la convivencia.
Les tengo que confesar algo importante antes de que juzguen desconsideradamente sobre mi actitud intransigente. Llevo unos días discurriendo, como de costumbre, por el Paseo de la Castellana de Madrid. En uno de sus esquinazos, cubriendo la fachada, un dispositivo telar llamando a la vista, con el imperativo slogan que ya conoce por la foto, que llega a la gente hiriendo el pundonor de las personas honestas por su leyenda sobradamente dudosa.
“No hay nada peor que hablar bien de la gente que se encuentra en la cúspide cuando la conoces de oidas. Tampoco mal; sería, pues, una infamia. Dicotomía de la prudencia”, refirió mi buen amigo Alonso Quijano, en un aparte de la posada, aprovechando que Maritornes, la buena trajinera, echó escala en el lagar para reponer el buen tinto de los odres en las talaveranas cerámicas de escanciar.

Y verán que se trata de una atractiva flor. Flor de invierno decidida a hacernos ver la belleza que encierra esta cosa llamada, para no desanimarnos, vida. Y la vida tiene sus esencias, sus pétalos , sus encantos para que, con mimo, cuidemos de su existencia, aunque nos recuerde, a su vez, que, llegado el tiempo, se marchitará para volver a empezar en el vivero de esos nuevos pensamientos: devenir del bien pensado.
Confieso que este articulista de lo mundano le ha dado al truja todo lo que alguien pueda imaginar, desde el “Fumando espero la inspiración” hasta quemar las sábanas de hilo del ajuar de mi querida esposa, provocando la visita inesperada de todo el benemérito cuerpo de bomberos con manguera, en la habitación y sin invitación.
Ha comprado cajetillas de tabaco cientos y miles (el estanquero era como de la familia: no fallaba en los bautizos); he impregnado estos dedos, que no muestro por pudor, con ese amarillo nicotina del vicioso empedernido con uñas ocres y mirada conservadora tras los cristales de alegres ventanales.
Aquel poema de Lorca lo recordé tornando por los recodos del Madrid de la muralla después de un tiempo y unas circunstancias que ahora me habilitan para sentirme “envidiable” si es que aun perdura la envidia de aquellos agrios instantes, como diría mi admirado Borges. Prefiero, no obstante, sentirme un poquito feliz como me siento.
En la angostura de la calle Torija, me detuve un rato junto al Café de Chinitas, nombre prestado del malagueño colmado en donde las hombrías se calibraban con las medias cuartas de albaceteñas u otras relucientes cheiras ansiosas de defunción. Frente a este establecimiento, un palacete, un enorme caserón, construido por el genial Ventura Rodríguez para albergar un alto tribunal tan temido como obsceno, con aquella leyenda en su dintel Domine et judica causam tuam –Levántate Dios y juzga tu causa”.
En muchas ocasiones me he topado con gentes poderosas que, a decir verdad, a mi me parecían seres corrientes con gestos y modos corrientes y con personalidad rayando a lo simple y muy dentro de lo corriente, que vienen a pasar desapercibidos si no fuera por la cierta ostentación y cámaras de los mass pegadas a la chepa del baranda.
Ya no basta con las cientos de cadenas televisivas que vienen a soliviantar al personal hablando de esto y de eso otro con tertulianos aguerridos que saben latín y otras lenguas vivas, para poner como una rodilla (de fregar, se entiende) a las ideas, al pensamiento, a las gentes de buena voluntad, según el manda del oficio que lo proponga o el santito pato de turno.
Son poderosos los joios a la hora de impartir sabiduría full intentando alienar a los chicos de Atenas, mas, si no absolutamente, si sacando su manteca de la orza por mucha pringue que contenga el continente.
Y ahora se une a la farándula cadenciosa del bolero cacorro, esta otra cadena oficial del Estado de Madrid para soltar por sus ondas todas las gilipolleces que se le ocurre al creativo redactor de infundios con el beneplácito del director del ente y las bendiciones de la presidencia de la cosa pública.
La ocurrencia de la tele de los madriles, vino a decir que a cada familia española le cuesta, nada menos, que seismil euros sostener a los millones de funcionarios que mantiene en sus nóminas el Estado Supranacional. Escucharon bien el SIC , seismil eurazos (véngaya Gines, que se te vé la muesca en el cinto).
Vengo escuchando el “ayúdemos” desde que ocurrió la catástrofe en Puerto Príncipe. Los del Help, ayúdame, con excepción de cuatro, estan flojito por lo visto. La mano tendida de las víctimas que aparecen en los medios, nos conmueve y nos obliga al óbolo y, nada más.
Demasiados platillazos del concierto internacional con muy buenas palabras, discursos, caras compungidas y ni siquiera un buen desembarco de miles de cascos azules o de cualquier otro color para rescatar a los supervivientes de las ruinas.
Luego, o al unísono, la intendencia “a espuertas”, que es lo que necesita el pueblo sufrido.
La movilización, si es universal, se tiene que notar , friend. Como en el deesembarco de Normandía Si no llegamos a tiempo, jodido lo tenemos en negro fundido. ¿O pretendemos, naciones de la tierra, altruistas del mundo, que todo siga así? ¡Venga ya!.
Sinceramente, señores, si no fuera porque los de otros lugares nos miran, diría que en este terruño se practica cantidad la carita de bronce sin recurrir a esa otra especialidad que nos enseñaron de niños de ser buenos. Pero, no.
A esos que portan la cariátide de la fundición, fungidos en la gelipollez supina de su rostro bronceado y duro, les importa un huevo lo que de ellos se pueda pensar despues de sus alardes cargados de demagogia en la concurrencia de los vecinos del vecindario y la madre que los parió.
Cuando mi amiga Blanca regresó de Haiti despues de una larga estancia en aquel pais como miembro de Médicos del Mundo, ya me dijo: nunca estendí la pobreza y la desesperanza que se cierne sobre esa población entrañable. Cuando Colón recaló en sus costas, entusiasmado, nunca podria haber creido que bajo la belleza de la isla pudiera esconderse tanta pobreza y tragedia auspiciada por los elementos europeos y naturales. Tanto me encanta esta tierra que, no tengo por menos que volver a ella despues del tiempo y el cariño que profeso a sus gentes, ahora que nos necesitan.
Ya tuve ocasión de retratarla en este modesto oleo, y sus rasgos apuntaban a convertirse en modelo de Gauguin en una suerte entrega blanca. ¡Que te vaya bien, Haitina!.
A veces, mis sentimientos rebosan, y mas lo hace en estos instantes, en estas fechas en las que la alegría viene a ser deseo desprendido de los que aun andan, andamos, con las utopías a cuestas y el cariño a flor de piel sin gratuidad
Y, créanme, con estos de los fríos, las Navidades y demás zarandajas del “deseo” y la elegancia social del regalo, que no es mas que el “full” que viene a repetirse año tras año como ideal modo de sacudirnos el “cumplimiento” y alimentar el ego de importancia supina saciándonos de vanidad,
Jueves, 16 de febrero
Chris Gonzalez -Mora
Ángel Gutiérrez Sanz
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Padre Fortea
Carlos Ferrer
José Pómez
José Donís Català
Paulino Toribio