Dicen que los pintamuros o grafiteros son personas descolocadas tendentes a ilustrar sus decepciones en las paredes, principalmente de hormigón y ladrillo visto. Nunca en cúpulas y torres mudéjares o en los torreones medievales, que para eso tienen su conciencia sabiendo diferenciar bien el movimiento que los impulsa y los nódulos éticos que fortalecen la confesión de su fe utópica.
Mi amigo tomó los pinceles, se encaramó a una caseta de alta tensión cercana a la Sorbona, manchando de arte e indignación lo que en ese instante le pedía aquella fuerza pictórica, exponente de lo revolucionario que se avecinaba en la nueva Bastilla: Le desordre c'est moi. Sous les pavés, la plage
La revolución, para él, se inició en aquel mismo instante en la torreta de la tensión del 68: Un marchante de arte que andaba ojeando exclusivas por el barrio latino, a pesar de las pedreas, lo contrató para exponer su arte de vanguardia y reivindicativo en Nueva York y otras ciudades comprometidas con el postmodernismo exclusivo.
Mi amigo tuvo mucho éxito. Además del eslóganes y decires de atinada repercusión en todo el mundo, barrios urbanos y capitales limítrofes, se dedicó a la pintura con toda la pasión que le impelía la revolución en ciernes. No era para menos; el fue uno de sus artífices.
Mas tarde, se haría importante en las finanzas aplicando el sentido inverso de aquel histórico eslogan para sacar al mundo de su letargo "Sobre la playa, los adoquines”. Ahora pinta demasiado en su esfera.
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín