Ríase, aunque sea de mí

Línea marginal

09.11.09 | 17:30. Archivado en CABO LEX
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Loli dejo de hacerme caso en la distancia, en la ausencia, con su estatus de periodista llevando galeradas por la redacción, distribuyendo noticias, sirviendo cafés sin torrefacto. Con Alberto me veía de vez en cuando en el centro , en Atocha, en El Brillante “pasen para adentro, señores” ese bar de neón con camareros serviciales, iluminando los bocatas de clamares y las cañas rubias que se salen del brocal. Me dijo que estaba en tercero de montesquinza y que ya colaboraba en alguna publicación . Pronto en Pueblo, como redactor. Mi padre no quiere que me precipite. A ti que te gusta el cine,¿por que no intentas estudiar en la escuela de Génova? No le hice caso, mi gente no me haría caso, mi trabajo tampoco se merecía dejarlo todo por un gusto, por la inclinación material intelectual de un chaval sin chavo. Paco Tejón me diría, años después, que perdí una oportunidad de oro.

Luego vendrían las diferencias insoslayables del Arroyo del Abroñigal, M 30 al poco, distritos distantes distintos de un Madrid de diferencias, de separatas. Para la mili, las milicias de los chicos bien con estrellas que ahora vienen a lucirlas de progresia artificial y ridícula para que Hollywood los enfoque. Solana con sable y mando para contar milongas una vez encaramados al muro que avista sus mejores posiciones de la política empresarial donde el Estado es dueño y ellos, señores. Yo, distinto y distante, en la legión extranjera, banderín de enganche de los Picos de Europa, calle de Vallecas.

A Alberto lo veo casi a diario en la tele, opinando del mundo. Lo escucho en las mañanas de la radio opinando del mundo y casi siempre en la columna de sus diarios, opinando del mundo.

Cuando me separé del barrio bien, aquel de los primeros recuerdos del Madrid de las proclamas del Frente de Juventudes en su caserón de Ibiza, Gabriel Cisneros sonría mable con los flechas marciales mientras Dionisio Ridruejo paseaba por el bulevar junto al soldado de Salamina. En el cine Ibiza pasaban la cinta de Carmen Sevilla con sus Violetas Imperiales y el menosprecio al irunés Luis Mariano “porque era maricón”, cuando la realidad venia a predicar que era mas persona que cualquier otro chamarilero con mando en plaza en este Café de Chinitas. Mariconadas en sus entrañas. Mis recuerdos bien acuñados, en casa de los Conde celebrando el cumpleaños 14 de Alberto sin quitarle ojo a la bella Loli que sonreía (La niña mala ya me había cogido el paso), o charlando con Mario, en del swing internacional y distinto que contaba del personal de allende, menos cateto.


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