Las aceras de Narváez se llenaban de enormes bobinas de papel , de periódicos bien voceados anunciando el crimen de Jarabo, de letristas y escritores, de periodistas camino del diario matutino, de temporeros, de cronistas, de tranvías italianos Fiat, nada que ver con los seguros inseguros con hermosa carta de Herrero de Miñón, el liberal, cargada de argumentos, sino fabrica de coches de Turín que prestaba su patente para el seat (asiento) ancho y corpachón milequatrociento SEAT hecho para gerentes y directores generales del PMM y otras oportunidades.
Era bonito vivir en la calle de la tinta y el tipógrafo de Narváez, un Fleet Street londinensecastizomadrileño con un solo periódico, un anexo de la escuela de Monte Esquinza o centro de reválida de los influyentes periodistas del día después, o de los grandes escritores con sus tendencias, sus editoriales esculpiendo el mundo ideal en plastilina de colores alienando o creando opinión con sus verdades y sus mentiras de la prensa vespertina bien prensada por la censura de la época. Y mas atractivo el lugar, conociendo a Lola y a su hermano; los Conde de la Casa Grande viviendo al lado y con el papá oficial linotipista.
Apoteósico y lírico para uno que sueña con escribir y casarse con la niña que ya lo hacía en el diario de papá. Gente buena los Conde. Hasta que se llevaron las rotativas del Pueblo al barrio de las letras, la calle Huertas y el paseo del Prado junto a su nodriza la Casa Sindical. A las unturas antiguas de las cuaderrnas del conocimiento, de la escribanía mas fiel y exitosa de todos los tiempos. Calle Cervantes, Lope de Vega, siglo de oro, que añado, barrio de las letras turístico y verdad de tascas y pubs con nombres gaélicos para clavar en la puerta el devocionario y las tesis del Ira para redimir a la otra Irlanda.
Mientras tanto, en Vallecas, en Pedro Laborde y la Parroquia de San Pablo, otro mundo lejano mirando a Madrid desde el altozano del cerro del tío Pío donde el Opus construía un enorme colegio, el Tajamar, para la navegación, en sus aguas jurisdiccionales de los chicos imposibles, sin posibles, de aquella barriada, si se quiere llamar al arrabal chabolero de tejados de uralita, sin percatarse del amianto, y sin que ningún Fraga viniera a bañarse en el mar de amianto de Palomeras (Palomares quedaba mejor y tenia playa. vaya, vaya); olas de amianto, crestas de amianto, tsunamis de amiento. Puto caso de los Urales que nos separaban de Europa.
Jueves, 16 de febrero
Chris Gonzalez -Mora
Ángel Sáez García
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Padre Fortea
Ángel Gutiérrez Sanz
Chris Gonzalez -Mora
Carlos Ferrer
José Donís Català
Paulino Toribio