Madrid fue el jardín de las hesperides para este que vino traído, bien llevado a la capital para encontrar eso que llamaban entonces, porvenir. Del pueblo traje aquella niñez cándida y sonriente, de muchacho tímido y autista para los espabilados del barrio, los frescos de Bimbo, que van de marciales y se ríen de las viejitas. En el mismísimo centro de Madrid pegando al Retiro. Un piso pequeño pero honrado, con dos familias y sus correspondientes ajuares por los suelos, en zafarrancho, noche tras noche.
Ya me gustaba Madrid, ¡viva que sí!. Aquello era mejor que en las películas y el Nodo.
Asistiría al colegio de pago Isabel la Católica, en la primera planta de un edificio de Menéndez Pelayo frente a la verja reventada del Retiro (¿no habían tenido tiempo de arreglar el desarreglo de la bomba?) y al gran bulevar de la avenida.
Madrid tenia bulevares como en Paris. Y bancos de granito sin respaldo. También de madera con vistas a las dos calzadas del bulevar. Cuando me entregaron, ya transcurrido el curso, como reo al brazo sacular de los enseñantes para escolarizar, lo primero que recuerdo es al anciano don Justo, maestro bondadoso y flaquito, y el balcón que daba a la vida del boulevard. Siempre que piso por San Germán del Prado del latino París,me acuerdo de su homónimo bulevar de Menéndez Pelayo y el café de los bajos del cole.
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Julio César Izquierdo
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Julián Moreno Mestre
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Carlos Juan Gómez Martín