Ríase, aunque sea de mí

Capitán Lex

30.10.09 | 20:15. Archivado en CALLE DE LA TINTA
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chrisEn aquel barrio luminoso de bulevares, de calles rectas, de tranvías italianos con su zumbido peculiar, de cines de sesión contínua con su gran cartelón de Gary Cooper en “El honor del capitán Lex”, se vivia. Cerca de allí, asentada en el ático, una casa pequeña bifamiliar que daba a un gran patio tejado de Uralita y ropa tendida. Alguien hablo de ese material de amianto como nocivo para la salud cuando, de ser cierto, y no lo pongo en duda, estaría contaminado hasta Rómulo, el gato de la vecina que no se hablaba con la plebe de la puerta contigua. Allí viviría un tiempo largo, durmiendo sobre las losas de un pequeño comedor con vistas a las naturales y tóxicas ondulaciones de uralita que cubrian el enorme garaje vecino como la carpa de un circo.

Todo me llamaba la atención de la ciudad, de aquel barrio, de los yankis de Torrejón con uniforme americano que vivian en Lope de Rueda, de doña Miiguela la de la tienda de comestibles que me regalaba caramelos . Y mas me llamó la atención la forma de hablar de un muchacho grande que con otros casi hombres hablaban y reían de una forma peculiar, culta, importante, que solo había escuchado en locutores del No-Do, tan redichos y gloriosos. No era normal hablar con engolado timbre pijo mostrando chorrez, aun estando en el centro de Madrid.

Y los vería en alguna otra ocasión en los billares de Lope de Rueda con Doctor Castelo dándole al futbolín, ellos tan grandotes marcando a los muñecos de madera insertados en la barra de acero como los espetos malagueños. No me fueron muy simpáticos.

Este personaje atiplado y cursilón, llegó a ser importante después de los tiempos. Su peculiar manera de hablar amena y , paradójicamente, cargante, delataba sus orígenes de buena crianza y estudios universitarios. Me estoy refiriendo al muy famoso, muy pinturero, muy importante escritor Sánchez Dragó que bien sabe de gatos madrileños ahora que nos quiere vender un libro a propósito.

Le oí decir que fue miembro del partido comunista en la clandestinidad, ácrata por los cuatro costados y argumentos abundantemente floreados para convencer y aburrir a los gatos de las uralitas perniciosas de la vecina contigua.

Ahora que puedo reflexionar y entiendo un poco mas a la gente, me pregunto como es que en aquellos tiempos, los niños bien de derechas se hacían comunistas porque era necesario. Es evidente, y a la vista está, que la burguesía siempre propició los cambios sociales. Los de a pie contaron poco. Solo para la clá y alguna concejalía. Todos iguales, unos mas iguales que otros.

Transcurrido el tiempo, dejaron de serlo porque ya no era importante ir a Caramanchel, prisión a pasar una temporada. En Caramanchel estuve, en una época de mi vida, altruista y solidaria de corbea, dando clases de finanzas a los internos con inquietudes, magníficos algunos.

Los niños de padres currantes y poco levantiscos, abejas productivas en las colmenas de sus papás, manos limpias y alma buena, dice la canción, esos eran fascistoides de derechas de los que curran y no mas (?), aunque ellos no tenían ni puta idea, según los predicados de estos listitos de la escala guapa de la sociedad gouche e “intelectual” conexa a la droite por debajo de la mesa. Todos los buenos del mundo, que solo viven en el mundo y para el mundo, tomando té con Pedro J., eran comunistas. Marx cerraba los ojos y se encomendaba al señor.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Gonzalez-Mora Chris [Blogger] 30.10.09 | 20:29

    Despues de un tiempo de ausencia, vuelvo con brios. ¡Voto a brios!

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