Ríase, aunque sea de mí

Alicia en el Bulevar

31.10.09 | 17:41. Archivado en CAPITÁN LEX

Madrid fue el jardín de las hesperides para este que vino traído, bien llevado a la capital para encontrar eso que llamaban entonces, porvenir. Del pueblo traje aquella niñez cándida y sonriente, de muchacho tímido y autista para los espabilados del barrio, los frescos de Bimbo, que van de marciales y se ríen de las viejitas. En el mismísimo centro de Madrid pegando al Retiro. Un piso pequeño pero honrado, con dos familias y sus correspondientes ajuares por los suelos, en zafarrancho, noche tras noche.

Ya me gustaba Madrid, ¡viva que sí!. Aquello era mejor que en las películas y el Nodo.

Asistiría al colegio de pago Isabel la Católica, en la primera planta de un edificio de Menéndez Pelayo frente a la verja reventada del Retiro (¿no habían tenido tiempo de arreglar el desarreglo de la bomba?) y al gran bulevar de la avenida.
Madrid tenia bulevares como en Paris. Y bancos de granito sin respaldo. También de madera con vistas a las dos calzadas del bulevar. Cuando me entregaron, ya transcurrido el curso, como reo al brazo sacular de los enseñantes para escolarizar, lo primero que recuerdo es al anciano don Justo, maestro bondadoso y flaquito, y el balcón que daba a la vida del boulevard. Siempre que piso por San Germán del Prado del latino París,me acuerdo de su homónimo bulevar de Menéndez Pelayo y el café de los bajos del cole.

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Capitán Lex

30.10.09 | 20:15. Archivado en CALLE DE LA TINTA

chrisEn aquel barrio luminoso de bulevares, de calles rectas, de tranvías italianos con su zumbido peculiar, de cines de sesión contínua con su gran cartelón de Gary Cooper en “El honor del capitán Lex”, se vivia. Cerca de allí, asentada en el ático, una casa pequeña bifamiliar que daba a un gran patio tejado de Uralita y ropa tendida. Alguien hablo de ese material de amianto como nocivo para la salud cuando, de ser cierto, y no lo pongo en duda, estaría contaminado hasta Rómulo, el gato de la vecina que no se hablaba con la plebe de la puerta contigua. Allí viviría un tiempo largo, durmiendo sobre las losas de un pequeño comedor con vistas a las naturales y tóxicas ondulaciones de uralita que cubrian el enorme garaje vecino como la carpa de un circo.

Todo me llamaba la atención de la ciudad, de aquel barrio, de los yankis de Torrejón con uniforme americano que vivian en Lope de Rueda, de doña Miiguela la de la tienda de comestibles que me regalaba caramelos . Y mas me llamó la atención la forma de hablar de un muchacho grande que con otros casi hombres hablaban y reían de una forma peculiar, culta, importante, que solo había escuchado en locutores del No-Do, tan redichos y gloriosos. No era normal hablar con engolado timbre pijo mostrando chorrez, aun estando en el centro de Madrid.

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Jueves, 16 de febrero

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