¿Quen no ha corrido la San Silvestre en alguna ocasión de su vida?. Usted que viene dándoselas de corredor de fondo, con sus mallas de andar por casa marcando osadías y zapatillas de envidia con cámara acolchada,(regalo de los reyes en su última visita) para adquirir esa práctica, ese afán de superación y el bello gesto de los que amamos el deporte a cambio de nada, ahora es el momento de demostrar su impronta acudiendo al certamen de los magníficos aventureros que vienen a trotar por las calles de la ciudad cargados de buenas intenciones para el nuevo año y ánimo para transmitir energias positivas a los místicos desabastecidos de bondad, a cambio de nada.
Estoy seguro, si nadie me quita la razón con un Colt 45, que los humanos, los hombres (las mujeres incluidas) a los que vienen a denominar homo sapiens (no se quien puede denominarnos así si no somos nosotros mismos en una reflexión prudente) está alcanzado un nivel tal de estupidez que a los especialista estúpidos les alarma tanto como a los no especialistas estúpidos que tienen olfato.
El hombre, obviando lo que dijo Hobbes sobre los hombres y el lobo, no es que sea un depredador de su especie con Caperucita como ejemplo, es algo peor: es amigo, compañero, gobernante, gobernado, funcionario, empleado y mucho mas.
Dicen que los pintamuros o grafiteros son personas descolocadas tendentes a ilustrar sus decepciones en las paredes, principalmente de hormigón y ladrillo visto. Nunca en cúpulas y torres mudéjares o en los torreones medievales, que para eso tienen su conciencia sabiendo diferenciar bien el movimiento que los impulsa y los nódulos éticos que fortalecen la confesión de su fe utópica.
Mi amigo tomó los pinceles, se encaramó a una caseta de alta tensión cercana a la Sorbona, manchando de arte e indignación lo que en ese instante le pedía aquella fuerza pictórica, exponente
"La esperanza de vida entre los pensionistas se dispara hasta los 86 años" Horror me produce la lectura de esta enmienda a la lógica en el periódico que antes de ese instante no consideraba giallo, como a sus chiripitiflauticos y engolados responsables.
Tomando la noticia asepticamente, podríamos felicitarnos cantidad: eso de llegar a los 90 con buenas turmas, anima al personal. Pero, no. La noticia tiene un revés y una intención que huele a grisú que se muere el canario de la galería de las verdades con tamaña acrobacia lingüísticas de colegio de pago y aseveración motriz del menda ilustrado en cacofonías malallas, amén de otras resultantes tendentes a acojonar a los seniors currantes de toda la vida. El asunto viene a ser, cuando menos, una vileza.
A mi amigo Agustín el de la tele, que vive en Paris con la Marianne, le ha venido a provocar la nota un crugido en la dentadura que no sabe usted, además de una opresión en el pecho que quiere que venga el cura de Notre Dame ipso facto. No puede vivir sin el perdón del cielo -cúbito prono sobre el suelo helado de San German del Prado-, por pasarse de la raya cumpliendo
Me comentaba un sufrido lector del Times la pasada semana, que no soporta mis cuestiones intrascendentes dado que él es un señor con credencial para manejar los destinos de los que chillan. De los que exponen sus blues con voces desgarradas para que resuenen sus caretas de cartón (personare). A los filibusteros de la Quai du Tolouse , a los “bodegueros” avinagrados dispuestos a cambiar el mundo con microcréditos y lonchas de mortadela, que para eso es uno especialista.
Esta expresión colegial de los tiempos de instituto, la retomo ahora que ando bastante desfondado por lo que pasa en este mundo cercano, de sol a sol. Y así me hago los apartes que me hago, extrañado en los mentideros radiofónicos y televisivos, bebiendo en sus fuentes las trolas y milongas escanciadas por los sonrientes chamanes de las ondas, de todos conocidas, para así perder la capacidad de entender la realidad de la vida en una suerte de gracietas y decires acrobáticos de genuina perversidad.
Y es este sol de mundo domestico el que me preocupa por tan influyentes congestionados y estrepitosos orates que vienen a acompañarnos en cada uno de los tercios del día con sus voces, sus aspavientos, sus contradicciones, sus onomatopeyas, sus gilipolleces (repito demasiado esta interjección) (me obligan) y sus bravatas con el fin de enfrentar a los berrendos con zainos y a los flojos con sus propias señoras, formando la de dios en cuanto llega el corte publicitario para ir a desahogar.
A Dios pongo por testigo!. He perdido Tara y sus tierras quedan esquilmadas bajo nuestros pies. Los sarmientos y viñedos, el trigo rubio, la parva, el cariño de la mammi. Los campos sembrados de sal, no son mas que sensaciones, a priori, de la sensibilidad externa. Mas me duele, mas que nada, Tara, en esta guerra maldita que nos lleva a la destrucción, a no ser que mi negrita salada apriete, hasta la extenuación, el cordón de mi corpiño. Risitas guturales adornaban su carita de posesa.
La tarea de blogger es cosa tan seria como la del inspector de ambientes o el catalizador de efluvios edulcorantes. Sin pretenderlo, me pega la risa en el costado de sotavento cuando a uno de los colegas se le va la olla con grandilocuencias, abundamientos y gilipolleces haciéndo acopio de las ganas para ser el mas-mea de la cuestión en un intento de profesionalizar lo que de pura esencia no es oficio si no simple resorte de estos inventos cibernéticos que da lugar a la difusión de las ideas de esos mendas del post-it que gustan de airear y repetir lo que se dice, con la ayuda de los Mass y la Net y la salmuera de cada cual
Se que me pueden quedar, prescindiendo de los largos fines de semana y festivos de guardar, otros tantos años de angustia y boca seca, viendo como se mueve el personal de este rincón del mundo con tan pocas ganas del facer común, cuando no, desfaciendo.
Prescindo del gobierno, del Poder Judicial y todos esos señores que se acogen a Mostiesquieu para sentirse cómodos en sus butacas, aun con los pasos perdidos y las cabezas en otro sitio, de los que dicen reprensar a este pueblo soberano (nos están poniendo perdidos con el crucifijo, -gurutxe en mi pueblo-, y el ilustre Miguel Ángel Aguilar cantando el Kyrie eleison, de bromita, para ganar el jubileo de San Jerónimo, en la carrera, y criticar, de camino, al muchacho ( “que no sabe lo que se dice”, imagino), que, subido al estrado para manifestar aquellas ideas de colegial, soltó el speech molesto que conmovió a la presidencia, dando lugar al interruptus por impropio, o corte cubano cheli, con modificación del sonoro (¿serán los del santo oficio o los servicios secretos que lo llevan muy en silencio?)
No puedo escribir sin música, la inspiración deja de oxigenarme los glóbulos rojos ,entonces. Las meninges no reciben descargas por esta autoprohibición.
La música no solo me inspira sino que viene a disipar las malas intenciones que se apoderan de uno si no fuera por el Código Penal aun escuchando la "Marcha fúnebre para una marioneta" que Alfred Hitchcock sabe colocar en sus cintas y el confuso cabroncete interpreta como el muñeco que no sabia obedecer.
Desde luego se confunden los que dirigen la cuestión como buenos dirigentes de lo estrepitoso.
Antes de escuchar, pregúntate quien es el que habla.
En mi artículo anterior, hablaba de un tal “bodeguero”, personaje sin nombre real de la canalla, que rectaba por los resquicios y entramados frágiles de la gente de buenas, envenenando a sus victimas con el malgastado curare de la insidia la tergiversación y el engaño. Mas, todo llegó al asiento del dragón de fumarolas cuando se percata el titular de la infamia. Mi amigo Cándido con su intelecto expresivo de gran periodista, endiñole a modo al percebe con su artículo apócrifo sobre aquella bestia apocalíptica de andar por casa. Un Pulitzer soñado, si no fuera porque mi amigo Cándido desoye los cantos de Columbia y los consejos de los amigos.
Iba escuchando “Ne Me Quitte Pas” cuando el semáforo me hizo el guiño para que presionara los “fluchos” sobre los pedales. La música continuaba: Nina Simone saludaba a Jacques Brel. El tipo que cruzaba en ese instante por la Polinesia era mi amigo Cándido, periodista de toda la vida que escribía tan bien como Gauguin en color.
“Cándido, amigo mío”, grité. Cándido, sin percatarse, hizo mutis entre el gentio. El semáforo se abrió. El cagaprisas impertinente de las traseras, me pitó: tuve que acelerar cabreado. Cándido era muy amigo de los Conde; había vivido en la casa grande y por insinuaciones de mi enamorada, que ya venia a ser la suya, se había atrevido con el periodismo (no periodisto, por muchas connotaciones que pueda llevar el género. El género se lleva en el artículo, señor. El estilo, señor; el estilo). Llegó a escribir en infinidad de periódicos del pais, también en el País, siendo corresponsal de otros tantos miles de periódicos del mundo (también en el Mundo), y en el Daly Planet de Clark Kent, que merecía.
Velaí el mal de la cuestión; aquel del cerebro reptiliano que mas que sentir aplica sus elementos elementales para combatirse así mismo de ese halo de maldad que sobrepasa y trasgrede mancillando el honor y la verdad: Sicopatía del mamón. Y no para su defensa, sino gratuitamente, aunque fuera el cercano cercado que tendía su mano para ayudarles. Que mas dá.
Alguna experiencias me acompaña con esas actitudes y aquelarres en aquel planetario de balanceos contrapuestos a la lógica para agraviar al enemigo (las familias queridas del santo oficio). Allá por aquellos años donde la niñez se hace adulta hasta que comienza la adolescencia. El abstracto de la vida te viene a crear ante los otros, una imagen distorsionada, sinceramente impertinente para obtusas cabezas. No diría locura, sino algo mas. La tesis de la maldad peregrina fue presentada por un estudioso haciendo de la metáfora agregación de lo cotidiano, greguerías. "La zeta es un siete en misa".
Experiencias cercanas me dicen que, marchar por el camino recto solo se consigue en la mar plana. Sin embargo, estaban ahí los reptiles de la sabiduría, del conocer desenfocado, también plano como la Tierra, plana, planisférica y llana, Planeta, para el escarnio y la burla.
Que conflictos, por Dios. Que rifirrafe, que andanadas, que disgustos en el seno del Congreso, por Dios. Hemos vistos espectáculo, no tan strong como en Corea a brazo partido pero, espectáculo.
Los dos partidos mas representativos se tiran los trastos y se acusan mutuamente sobre las interferencias en las comunicaciones. Este me ha dicho que yo no tengo formas y me pincha el celular. Ese otro me insulta llamándome corbeta varada sin rescate. El de mas allá dice algo sobre los padres. ¿De que padres hablan?. Y todo un rosario de insultos con pasos perdidos en el salón del santuario.
Don Jesús Cacho, capitán de la marina mercante y director del Confidencial , años luz de personajes del metal y de los campos de Montiel, como servidor, anda esquinado y bastante chinado con don Pedro Jota, el del Mundo c'est moi , por aquello de la exclusión de su periódico del ranking de los mas leídos en pantalla o de los top fifteen mas ilustrados y prestigiosos de la Net.
Y no sería para menos. A mi, don Jesús, me ocurriría un tanto de lo mismo si me situaran en el n-1 o me apearan de los 40 principales en la escala de los mejores guitarristas del momento
Gente consagrada en esto del pensamiento; cuanto que agradecer desde que visito esta plaza contraste de esos otros horizontes del Campo Campana, campo sufrido mirando a La Elipa sin espinilleras, al Pirulí de la tele repicando maitines de la golfería en los oficios del poder. Mejor lectura por los senderos de angustia de don Antonio. Ya vale, don Antonio, que usted, al menos, sabe escribir y tiene a Leonor en el Parador frente a un río hermoso.
Y no es que sea nuevo en esto de la escribanía, con toda modestia. Perdón, excuse me, sir, sino porque ahora vengo a tener una nueva oportunidad carabanchelera como El platanito en los ruedos de los círculos concéntricos
Me he levantado pronto - madrugada intensa de grises y sombras-, para ponerle gasolina al coche, al carro, al buga, cuando en la cama no se está y los sueños huyen del ensabanado por el flanco del desquicio. Suena un carillón en los bajos del palomar; es el vecino que , haciendo vudú, me clava unos bonis con curare en el mismo costado de los dolores.
Hoy es martes. Leo los periódicos digitales y me fijo en una de las noticias mas relevantes que aparece en la portada: Hemos ganado el mundial de fútbol. Continuo leyendo: “por quince euros y veinte cupones, una cajita forrada de raso “ ”cartilla, en el interior del noticiero”.
Paso de hoja: Tele5 gana audiencia con la roja gracias a la buena gestión del señor presidente y el beso de Casillas que le encasqueta a su novia .Entrevista al recién elegido presidente de la comunidad de vecinos de Torpedero Tucumán . Leo como intervivan al líder del que fuera líder de audiencia en la sala de partos de la Paz, en Madrid. El niño dos millones no dice nada; es el alcalde el que toma la palabra para no decir nada. El vicealcalde, gran jugador extremo que tira a puerta sin condiciones, actúa chutando a lo Iniesta contra la portería de la Puerta del Sol
En la película 2012, alguien dijo esa frase,“El momento en que dejamos de luchar por los demás, en ese momento perdemos nuestra humanidad”
Esta sentencia que he fijado en la puerta de mi cubil para así recordarme que no es necesario que se acabe el mundo para encargarse de las obligaciones que cada cual tiene con los demás, es una de mis máximas.
Sin drogaduras se puede ver el mundo guapo, necesario para trabajarlo relajado siempre que compres un cupón de la Once y te dediques a mirar a las estrellas fabricadas por la autógena del ático, que viene a llenarte de esperanza, aunque en la realidad estén soldando la escalera de incendios del Eurobuiding hotel y su siglo xx1 .
Puede ser que te encuentres con la suerte, tu que andas por Madrid tropezando con los callos picantes de Casa Manoli, o con un cus-cus en Bravo Murillo,el Asador de Patxi o con los Balcanes junto a los Siete Picos que para eso todios es del foro, por mucha iglesia, mucha mezquita , mucho evangélico o mucha sinagoga cercana a la calle del prócer, la idea de esperanza anda quieta. (volvemos a la esperanza).
Y la Esperanza no solo cuenta para la presi de la comuna sino para que los bucaneros y el Willy que tiene mano en el asunto y no tiene edad como Gigiola Cincueti, A las puertas del cielo/ en el confín de los mares/se vengan a buenas aunque no se tenga edad. ¿Será por racimo (bien digo, racimo) el desafuero?
Como saben, me encantan los voltios por los paseos centrales del bulevar; sin ellos la ciudad no tiene asiento, no tiene atmósfera y sí un “pirulí”(me estoy refiriendo a Berlín) como el pirulí de Odonell de Madrid, en cuyos bajos se asienta la nomenclatura facistol y aquellos que trasiegan por los linderos de la fontanería con el bote de condensada a medio abrir ávidos de macarrones.
No hay manera de sintonizar la tele rayada en 625 líneas o la digital del momio apuntando a sus intereses si no quieres encontrarte en el jardín de los moñas con sus pequeños pífanos intentando tocar la marsellesa sopla que te sopla sin conocer la letra y menos la música. A los galos nos da sarpullido. Solo conocen “la gallina caponata” en clave de no y poco mas de la eurovisión y los points.Puros teloneros de la Celsa con los equipos móviles a todo tren para que pasen y vean contar chabacanas historias, mentiras filmadas, triquiñuelas, tocomocho de Preciados y, cortinas de lampedusa. Todo muy facistol.
Y la música. No la dejaba por nada del mundo; mi guitarra, en la funda a rayas que me hizo Pepi , mis clases con Ignacio “Relámpagos” en su estudio de Ponce de León. La música la llegué a amar como amaba a Loli “la niña mala” pero no tan perversa como la de Mario, el de la pluma de fuente sobre el velador con un aromático colombia y mirando a las verjas del Retiro. Esta otra mía, mas genial, mas bella, mas distante, tal vez.
Y fui haciéndome mas fuerte, al pairo de las maldades colaterales que lanzaban aquellos ágrafos que un día descubrí, desalmados y con sus falsas adivinanzas, sus aquelarres, sus torcidas miserias, sus trocitos de impiedad. Pero no viene ahora opinar, que el muro cayó .
Loli dejo de hacerme caso en la distancia, en la ausencia, con su estatus de periodista llevando galeradas por la redacción, distribuyendo noticias, sirviendo cafés sin torrefacto. Con Alberto me veía de vez en cuando en el centro , en Atocha, en El Brillante “pasen para adentro, señores” ese bar de neón con camareros serviciales, iluminando los bocatas de clamares y las cañas rubias que se salen del brocal. Me dijo que estaba en tercero de montesquinza y que ya colaboraba en alguna publicación . Pronto en Pueblo, como redactor. Mi padre no quiere que me precipite. A ti que te gusta el cine,¿por que no intentas estudiar en la escuela de Génova? No le hice caso, mi gente no me haría caso, mi
Las aceras de Narváez se llenaban de enormes bobinas de papel , de periódicos bien voceados anunciando el crimen de Jarabo, de letristas y escritores, de periodistas camino del diario matutino, de temporeros, de cronistas, de tranvías italianos Fiat, nada que ver con los seguros inseguros con hermosa carta de Herrero de Miñón, el liberal, cargada de argumentos, sino fabrica de coches de Turín que prestaba su patente para el seat (asiento) ancho y corpachón milequatrociento SEAT hecho para gerentes y directores generales del PMM y otras oportunidades.
La casa grande de Narváez, una hermosa casa llena de vida, cargada de gente como un trasatlántico varado en las inmediaciones de Ibiza, mostraba estupor ante la inminente salida del diario Pueblo, el vecino periódico, camino de las Huertas y del Paseo del Prado por orden del Movimiento, como si el movimiento fuera cuestión de orden.
En la Casa Grande vivía mi amigo Alberto. Alberto Conde Ruiz, compañero de pupitre del colegio Isabel la Católica de Menéndez Pelayo. Su hermana Loli, mi musa, también se formaba en nuestro colegio, en la sección de niñas; bajos de un edificio de Antonio Acuña, a cuatro pasos.
La plaza del Celenque se abre ampulosa, mirada desde el convento y la esquina nocturna de las Descalzas Reales en su puerta de palacio, después de dejar la calleja de los mesones y celosías de las hermanas Clarisas en su encierro voluntario.
Paseaba por su explanada después de disfrutar de unos vidrios de rosado gaseoso y tapas del país en cuatro mesones de la zona, cuando me vengo a topar con una pequeña estatua de bronce en su pedestal de granito. Me fijo en la figura y me sonríe el personaje representado en su enjuto metal, hábito telar, sandalias franciscanas y cara de buena gente.
Piquer en persona, el padre Piquer el del Monte de empeños. (Siendo joven, mas que ahora, empeñé un tocadiscos Philips de maleta por doscientas calas que no pude recuperar jamás. La papeleta se la vendí a unos financieros especuladores de Maestro Victoria por cuatro duros) Le doy las noches y él, fríamente, me responde con un gesto piadoso. Ya saben lo que son las estatuas a la intemperie. Aun así, yo agradezco.
Últimamente, me vengo encontrando con gente famosa en los lugares mas insospechados. El otro día, sin ir mas lejos, en la semana de la arquitectura, justo en la azotea del rascacielos central de Azca, el Picasso, me encontré con el famoso Lute, el legendario personaje de los trenes, los civiles, los atracos, lo malísimo que era, autor de “Camina o Revienta”, de gran éxito mundial. Eleuterio, ni siquiera me dedicó una sonrisa enfrascado como estaba mirando al Gurugú.
O a ese otro profesional de la prensa, Enric Sopena, dando pedales a piñón fijo por Odonell seguido de ese otro comentarista de la tele Miguel Temprano. Ambos por el carril bici cruzando Lope de Rueda, feudo de Sánchez Dragó y del grupo Z, como saben mis lectores. Ni siquiera me saludaron.
O el político sonriente y socrático del Turia, blogger de PD en otros tiempos, tomando un helado de vainilla en lugar de horchata, González Pons. Ni mirarme.
Sin embargo Francico Placido Piquer, este curita de otros tiempos, es otro cosa. Le pregunté por el negocio, el asunto de la sucesión en la presidencia de la Caja de Ahorros de Madrid, (el monte ya no existe, padre) los grupos de presión, el obelisco y otras cuestiones de las benditas ánimas del purgatorio .
El fundador del Santo y Real Monte de Piedad de las Benditas Ánimas del Purgatorio, me espetó. Mira, hermano, desde que la fundación se transformó en una cosa mas del ahorro y las finanzas con un solo recorrido, de un solo sentido, las cosas vienen siendo tan iguales al resto de los otros iguales, que se confunde su fin con los banqueros de la corte, añadiendo la salvedad, para mas INRI, de la inexistencia de dueño, de amo, de representante de ánimas, solo del caciquil destino del vil doblón.
Por ello todos los mendas del poder andan a la gresca, deseando ocupar el puesto para ciertos fines poco aconsejables que mi modesta persona entiende pero no comprende. Estos tendrían que purgar un tiempo para sanearse. Hay demasiado que purgar si es que se está dispuesto a conseguir la curación.
De otro modo, las sencillas ánimas que andan en el limbo, poseedoras de toda mi entrega y mi cariño, tendrán que resurgir y levitar para alcanzar, santamente, la cima de las torres y hasta el obelisco del osezno.
La paz verde se impone.Y si esos otros quieren emular a los mercaderes de la calle de las tapias en el nuevo York de allende los mares, les recomendaria que aprendieran antes a patinar sobre hielo en el Rockefeller Center.
La cabeza me dolía. El vino rosado, sin graduación, se sube a la cabeza. Si, llegaré a casa y me acostaré pero, dormir, difícil se me va a poner.
. (Juan Bravo y Maldonado, los otros comuneros, quedan mas abajo) por tu casa, por tu portal frente al Sanatorio del Rosario donde me vine a hacer unas placas. (Se me ha desacostumbrado la vista y quieren saber por qué) Una casa elegante, de buenos sillares. Portón de carruajes y rejas en las ventanas; típicamente bien. Bella y ennoblecida por la placa que dedican a tu marido, al premio Nobel JRJ.
Mas, ninguna mención de tu paso, tus caricias de esposa, tu divertida espontaneidad, tu valía intelectual. Un fallo municipal, un olvido municipal, una estupidez municipal; desmemoriados municipales. Yo, sin embargo, no me olvido de ellos.
Y tu, ¿qué? mi querida y admirada Dulcinea, que para el caso es igual. Que será cuando una sociedad obliga a la mujer del Cesar a representar algo para parecerlo y no al propio Cesar, a estas alturas republicanas. Aunque me consta que eras su Aldonza, mi querida Zenobia.
Pero, hablemos de otra cosa, mi querida musa. Te llegué a conocer en la Residencia compartiendo un te, un té party, con un grupo de amigos americanos de Manhattan. ¿Qué pensaban aquellos yankies de la europa soleada?. Te ries, Zenobia.
El hombre de la corbata roja
Tenia razón aquel que decía que el banco Santander iba camino de ser el lugar ideal para asentar a aquella gente atomizada en la idea del porvenir, estudiantes de la letra en la Escuela de Banca y Bolsa de Ventura de la Vega, aledaños del centro financiero de Canalejas. “un banco que tiene mucha fuerza y que en poco se hará con el mundo de las finanzas” decía uno de los profesores de la contabilidad consejera y de partida doble muy seguro en las sesiones relajadas y amistosas de sueños escapados de la peña. El hombre, con su mejor intención, proveía de entusiasmo a los educandos, aprovisionando con sus profecías las ilusiones de los chicos en un tiempo venidero,
Madrid fue el jardín de las hesperides para este que vino traído, bien llevado a la capital para encontrar eso que llamaban entonces, porvenir. Del pueblo traje aquella niñez cándida y sonriente, de muchacho tímido y autista para los espabilados del barrio, los frescos de Bimbo, que van de marciales y se ríen de las viejitas. En el mismísimo centro de Madrid pegando al Retiro. Un piso pequeño pero honrado, con dos familias y sus correspondientes ajuares por los suelos, en zafarrancho, noche tras noche.
Ya me gustaba Madrid, ¡viva que sí!. Aquello era mejor que en las películas y el Nodo.
Asistiría al colegio de pago Isabel la Católica, en la primera planta de un edificio de Menéndez Pelayo frente a la verja reventada del Retiro (¿no habían tenido tiempo de arreglar el desarreglo de la bomba?) y al gran bulevar de la avenida.
Madrid tenia bulevares como en Paris. Y bancos de granito sin respaldo. También de madera con vistas a las dos calzadas del bulevar. Cuando me entregaron, ya transcurrido el curso, como reo al brazo sacular de los enseñantes para escolarizar, lo primero que recuerdo es al anciano don Justo, maestro bondadoso y flaquito, y el balcón que daba a la vida del boulevard. Siempre que piso por San Germán del Prado del latino París,me acuerdo de su homónimo bulevar de Menéndez Pelayo y el café de los bajos del cole.
En aquel barrio luminoso de bulevares, de calles rectas, de tranvías italianos con su zumbido peculiar, de cines de sesión contínua con su gran cartelón de Gary Cooper en “El honor del capitán Lex”, se vivia. Cerca de allí, asentada en el ático, una casa pequeña bifamiliar que daba a un gran patio tejado de Uralita y ropa tendida. Alguien hablo de ese material de amianto como nocivo para la salud cuando, de ser cierto, y no lo pongo en duda, estaría contaminado hasta Rómulo, el gato de la vecina que no se hablaba con la plebe de la puerta contigua. Allí viviría un tiempo largo, durmiendo sobre las losas de un pequeño comedor con vistas a las naturales y tóxicas ondulaciones de uralita que cubrian el enorme garaje vecino como la carpa de un circo.
Todo me llamaba la atención de la ciudad, de aquel barrio, de los yankis de Torrejón con uniforme americano que vivian en Lope de Rueda, de doña Miiguela la de la tienda de comestibles que me regalaba caramelos . Y mas me llamó la atención la forma de hablar de un muchacho grande que con otros casi hombres hablaban y reían de una forma peculiar, culta, importante, que solo había escuchado en locutores del No-Do, tan redichos y gloriosos. No era normal hablar con engolado timbre pijo mostrando chorrez, aun estando en el centro de Madrid.
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Julio César Izquierdo
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Julián Moreno Mestre
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Carlos Juan Gómez Martín