Corazón de poeta con una sonrisa fría y calcetines de lana.
19.05.08 @ 09:51:14. Archivado en CUADERNO DE DIBUJO,
Hice las maletas para Sebastopol. Ni siquiera sabia donde se encontraba la ciudad , su ubicación, la manera de vivir de sus gentes, el concepto de existencia de sus ciudadanos, sus coordenadas concretas, el negro mar, pero no era lo importante para mí en aquellos momentos donde la amargura pretende hacer de las suyas dándole al magín el toque de la desesperanza con propuestas absurdas para viajar al mas allá de Ucrania.
Podría encontrar la respuesta de mis desvaríos en google si bien era necesario un enunciado acorde en la busca, mas no estaba para brillos y esperas.
Ante los inmediatos acontecimientos que dieron por tomar aquella decisión, quería huir de la mediocridad insatisfecha que resbala por esa naturaleza críptica que solo proporciona insatisfacciones crónicas donde la desdicha no es mas que el hospicio de la desesperación en una realidad apócrifa e inentendible.
Podía haber elegido el final cargando el revolver de Larra con una bala del veintidós en un obsceno trance que martiriza los sentidos por la detonación , dejando sin cuerda el reloj de la vida. El forense, poco mas tarde, determinará lo que eres: un simple muñeco inerte que tomó una decisión precipitada, sin agua y sin aliento.
Me molestaba aquello, viendo desde un ángulo externo la morgue, vísceras a la vista sobre el frió mármol y el estúpido suicida abierto en canal, sin alma, sin latidos, con solo una etiqueta de identificación en el dedo gordo del pié, que apenas describe lo que fue ni lo que ha hecho, solo la disfunción metafísica que acojona, para luego ser archivado en el congelador con bastante mala cara.
Me aterraba, mas que la muerte, el que dirán después del paso precipitado, tan letal como inútil, y los comentarios de la prensa.”El suicida que se estropeó la vida con un proyectil de uranio empobrecido para que fuera mas efectivo su adiós, tenía muy mala cabeza”. Y el olvido póstumo e ingrato que le sigue.
Era mas sencillo elegir un destino sin retorno, un viaje de aventuras para no contar a los prójimos que solo pusieron de su parte el llanto de plañidera y unas flores de plástico en el columbario. ¡Pobrecito!, recapitulando con el somero ejercicio de consideración hacia el ido.
Cuando las controversias se instalan en uno, aun viviendo cómodamente en un mundo de oclusiones intelectuales, de intereses baldíos, de execrables referencias de lo excelente, sin ciencia, quería cambiar marchando al fin del mundo o un poco mas allá: A Sebastopol sin retorno.
Demasiado tiempo instalado en una vida muelle me indujo a pensar que el mundo era lo suficientemente grande para cambiar de vida, de amistades, de trabajo dejándolo todo por ese nuevo y decoroso salto que me condujera a ese otro yo dispuesto por el esfuerzo del sexto sentido.
No se si en algún lugar del universo existirán seres como yo que a fuerza de la desatención mundana, prefiere huir, desertar de tanta vaguedad a otras tierra, con el fin de encontrar la promesa de comenzar del cero redondo llevando como equipaje el corazón de poeta con una sonrisa fría y unos calcetines de lana.
Continuará...
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Chris Gonzalez -Mora
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