Esta fotografía que les muestro, recogida por la prensa de la época, es de finales de los cincuenta tomada en la Plaza de Callao, calle abajo de la Gran Vía hacia la Plaza de España. Bonita vía, bulliciosa y encantadora, a pesar de los medios económicos escasos y las manifestaciones que ya comenzaban a aflorar por la arteria bonita de los madriles.
Ayer mismo, me asomé para comparar mirando a la foto y a la realidad y, créanme, poco ha cambiado la imagen, a no ser por los autobuses de dos pisos que recorrían la ciudad por los centros como en las citys de Albión. Aún así, queda reconocida plenamente.
Siempre me entusiasmó la Gran Vía de Madrid no solo por esos alardes de edificios construidos por los mejores arquitectos de la época, sino por sus tiendas con encanto, sus terrazas encantadoras, sus, iba a decir cines.
Antaño, sí; ir al cine de la Gran Vía en fin de semana era como un ritual obligado para el madrileño expansivo, que dejaba el fútbol para mejor ocasión, a cambio del Manhattan del foro para respirar la modernidad extranjera que se veía en las películas y que quedaba a buen trecho.
Hacer cola en el Callao, en el Palacio de la Música, en el Lope de Vega, después de un café en California, en el esquinazo “rompeolas” del edificio Carrión (El día de la Bestia) y sus luminosos, formaba parte de la mística y la liturgia del entusiasmado cinéfilo que no podía pasar sin su consentida Marilyn o sin su adorado personaje de la cartelera. Unos carteles enormes pintados por aquellos maestros de los pinceles a tanto el metro, en sus estudios de los áticos del propio cine.

"Me planto ante el auditorio con el manual en mano. Me cabreo y, ahora, encuentro el medio para desfogarme de las cuitas de antaño en el Hospital de la calle Diego de León, (general golpista pasado por las armas por Espartero), y su "marea blanca".
Me anticipo a la prudencia y sí manifiesto lo que en conciencia siento: Sé que lo que voy a decir puede molestar a las soberbias, a los engreimientos, a los estados punta de la pirámide de las sapiencias, a los poderosos de la ciencia, a los consejeros superiores, a los Supremos, a los políticos, a la clase colegial, mas poco me importa aún entrando en el estamento que guarda el nos como oro en paño: el oro de la sociedad en la organización política Estado, totus.
Tras una crisis de inseguridad y de absoluta veracidad, (paradojas tiene la vida), me encontré, hace de esto mas de diez años, asistido por el departamento de psiquiatría del Hospital Universitario de la Princesa.
Adelantaré que el trato de los servidores y profesionales de condición de aquel establecimiento, fue de lo mas correcto y aséptico. Sin embargo el trato con esos otros grandes de la psiquiatría, doctos científicos, profesores, catedráticos de la ciencia médica por los que tuve devoción y la esperanza para ser liberado de la pesada carga que afligíame entonces, fueron poco edificantes, o, en absoluto. Mas diría: medievales, denigrantes y contradictorios. Si añadiera ciertos gramos de desamparo a mis desencantos, peor, a pesar de los fármacos.
Su atención fue, simplemente, marginal, desplazante, ordinal, distante, propio para el descreimiento. Los señores doctores que me atendían, sacaban sus conclusiones de manera tal que, yo mismo, paciente, todavia cuerdo, ahora las calificaría de atrevidas y pretenciosas sin pizca de la humildad del sabio: y, desviadas. ¿Dónde estaba la sensatez de aquellos sesudos personajes? Me sentí, confieso, durante aquellos cortos e interminables días, recaído en mi invisible y triste dolencia.
Estaban jugando con mi ánimo y mi condición , sin tener en cuenta una serie de argumentos que defendía mi ego reflexivo calladamente. Allí pasé unos días de puro agobio. No puedo decir que fuera maltratado; poco o mal atendido, tampoco: mas sí poco entendido.
Y fui consciente de lugar y de sus normas, sus predicados, sus inamovibles argumentos de tiempos confusos, aceptando mansamente el aforismo del faraón: “Quien manda, manda”.
Eché de menos la mirada amistosa, inspirada, investigadora e inteligente de la buena gente que cura con una sonrisa y el esfuerzo. Mas todo lo encontré frío, distante, de contenido singular, sin particularidades.
No descubrieron, desde luego, el mal que me oprimía: "Una efusión liberadora de la estética hecha vida". Si digo esto, me crujen con sus jergas. ¿Serían médicos o aguadores de la cercana Fuente del Berro con sus batas blancas?
Aquí me tienen; tranquilo, sin demonios en el jarrón, sin que me tiemble el pulso. Con mis ropas, con mis camisas marcadas, con mis zapatos de marca. En el trullo. Una temporadita para reflexionar. ¿No han visto como Mr. Blesa dejó caer la pasta "como esas" y salió de naja, a bordo de un utilitario, de la county jail o trena del Royal Soto, ipso facto? Pues, eso.
En cuatro días servidor puede estar, también, alimentando a los patos del jardín y a los perros de Paulov. Para eso tiene uno codicia, amigotes, osadía y otros aditivos seudopolíticos.
Que tú seas un tontopollas, no quiere decir que seamos todos gallináceas. Algunos somos mas fuertes de bragueta que otros. Nacimos así de diferentes.
El Blesa, aparte de ser alto funcionario del Estado, llamado a fiscalizar la pasta del vulgo, y luego alto factotum blindado de las finanzas ciegas (blind) , era un buen amigo de sus amigos. “Y los amigos de mis amigas, son mis amigos”como decía aquella canción cachonda de “Objetivo Birmania”.
Y no solo me refiero al que ya sabemos, el de las flexiones y jícaras en el cuadriculado abdomen, el pantocrátor de la razón, sino a esos otros del aparato rojo desvaído que también tienen sus amigos a los pies de los estrados, entrenados, sin temblar, con débiles axones neuronales y mucha osadía, como Comisiones, hechos unas verdaderas señoras.
En fin, que nos vemos en cuatro días después de depositar la pasta donde sea y cuanta sea. ¿Que tipo de billetes quiere, señoría? ¿O prefiere inmuebles, yates, participaciones en inversiones financieras? Lo que su señoría quiera.
Las noticias, a pesar de agencias, son confusas. La Plaza de Castilla está lejos y las informaciones no cristalizan con rotundidad.
Lo que sí es, a cerca de la hermosa y honesta entidad que el padre Piquer inició en los madriles y que en pocos años los impositores de la casa aupamos hasta el mas alto escalón del ranking de Cajas, de súbito vino a romper sus cántaros para transformarse, con otros colegas poco menos que relevantes, con un canto de campanillas de apertura de sesión, en los reyes del mambo de la new age de la banca, considerando a los impositores, en otros tiempos imponentes custodios , en simples volleurs de lo que hacían, aquilataban, disponían los ingenieros de las finanzas, políticos y especialistas, sofistas magníficos, en un alarde de ocurrencias, planes y osadías que a todos satisfizo y nadie dijo mú.
"Traspasar fronteras, -eso, eso, dijo el grumete- hasta la Florida", península rica e hispana de Ponce de León, para celebrar, con los seminolas, el cate, enorme cate, de la nueva entidad que mira lontananza con el osito mimosín entre suaves ideas, una vez muerto, o mal herido, el animal grandote y cariñoso, amante del madroño, símbolo del Madrid centrípeto de las españas, a consecuencia de las heridas fatigosas
En la antigüedad, cuando las pirámides se construían de base a cúspide apuntando al cielo, bloque tras bloque, las jornadas de trabajo, aparte de extenuantes, eran interminables y sin concilio.
No se cobraba por horas, días, semanas o meses sino que se hacia cuando el perfil del maestro de obras así lo estimaba. El salario, también quedaba establecido por este según lo que buenamente le apetecía al señor del casco nuevo: Un faraoncio, dos , tres, etc, equivalente a unos sacos de pienso, único sustento de la unidad familiar.
El índice de accidentes de trabajo en la zona era de los mas altos, tanto que el faraón, alarmado, llamó a sus ministros y sacerdotes del clero secular y demás asesores para buscar una solución si no querían quedarse sin obreros y sin pirámides para la posteridad.
A un calvito sacerdote de barrio, se le ocurrió la feliz idea de inventar un ser que tuviera las virtudes de trabajar en el andamio y no caerse por el precipicio de gran angular o por las aristas de su inclinación, mortal de necesidad.
Y así nació la figura del "hombre araña", personaje que engancha en las historias publicitarias de seguridad y riesgo laborales, que surca los cielos pendiente de un hilo y, ya puestos, ataca a los malos de la sociedad con esa superfuerza lograda gracias al ministerio del interior y a la superministra de trabajo constitucionalista.
Eso sí, tiene que ir vestido de ridículo y con careta de camuflaje durante su habitual y dura jornada. "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad y vestimenta acorde con la defensa de los intereses del Estado", así se manifestó el director general en la toma de posesión del último Spiderman adoptado.
Lo mas probable es que el águila mitológico le pese el plumón, le duelan las articulaciones de tanto bandazo, sus músculos remeros anden flojos de cambiar de geometría, y pocas ganas de iniciar nuevas aventuras chamuscadas, tan afectada por la maldita depresión que lleva encima.
Lo mas probable es que, nuestroa águila, termine en un corralito, para su puesta a punto, desde luego, si lo que quiere es recuperarse y emprender una nueva misión, en el futuro, que no sean las cenizas, los bonos preferentes, los contratos laborales y toda esa serie de cursiladas inconstitucionales que los observadores de Bruselas vienen a decir, a cuenta de los pocos huevos que las ponedoras aves depositan en nuestros nidos, ahora que las cosas andan por las terrazas.
Apá, lo ve de otro modo. No es que sea optimista, es que es así de naturaleza. Viene a decir que el tiempo lo cura todo; y en cuanto te descuides y pasen un par de décadas, el Ave Fenixe estará surcando los cielos blues de nuestra geografía, nuevamente. Para darnos sombra.
Cuando el señor Ministro de Hacienda habla del deficit público, se le achica la mano a tamaño de un bebé mamoncete haciendo el porrón sin punto de mira (práctica habitual del lider de la anterior legislatura and partners), o los cinco lobitos con sus frágiles deditos. Un fenómeno propio de los grandes pensadores y estrategas de la función pública que ofrecen sus técnicas de altos estudios para no alarmar al respetable sujeto pasivo.
Una mano grande gesticulada en movimientos reversibles que describe giros de quince grados en forma de horquilla, impone mucho mas que esta pequeñita de juguete, frágil y didáctica que pasa desapercibida a los ojos de los ciudadanos comprensivos.
La teoría de los rendimientos decreciente propugnada por el señor Malthus, es lo suficientemente elocuente para llegar a conclusiones válidas acerca del tamaño, que para muchos sí importa, de la Administración Pública o del gastos corriente suntuario.
La ingeniería del gasto público viene a corroborar postulados harto conocidos por los Lidios, inventores de la fiducia y la acuñación. Si recaudas dos unidades monetarias y gastas tres, una de ellas en gilipolleces, esa unidad marginal puede ser la causa, o la estimación causal, del déficit público.
Si involucramos la ecuación de esos rendimientos decrecientes comentados, en el problema, podemos llegar a la emérita conclusión de que la deuda pública no es mas que la usurpación de los rendimientos futuros para financiar esa unidad marginal dispendiada.

A doña Libertad, dominada por las reivindicaciones, le encanta argumentar cuestiones de pancarta, que casi nadie atiende, en el esquinazo de San Agustín, junto al Palas, no como al señor del pupitre frente a las Cortes, que tomando el aire como alimento, dice estar en huelga de hambre.
Mrs Liberty aduce, sin embargo, que le encanta el país de sus padres, de sus paisanos, de ella misma pero que, no la dejan trabajar las fuerzas vivas. Y esas fuerzas vivas, al parecer, son los cuatro que manejan los países sin ningún tipo de conciencia vecinal, confundiéndose a cada instante. Y eso, desde los tiempos de Prim.
Ella me dice, y tiene toda la razón, que por un voto que introdujo, toda ilusionada, en la urna del sufragio, ahora se encuentra soportando al ganador a cuatro años del gesto. "Impropio de un país democrático". "Para qué sirve el Ágora..?"
Lo entiendo, madam, pero es así.
Ella prosigue "Te casas con un señor que te da malos tratos desde la noche nupcial, a hostias las mañanas, y hasta transcurrido el cuadrienio lo tienes que soportar con gafas de sol, amoratados los ojos como una tonadilla".
"No lo entiendo. Podía llevarse al Tribunal de los Derechos Humanos el asunto. Yo propondría el voto condicionado, ahora que hemos visto como se comporta la atadura. Tu votas, no?, y a través de un programita que te puedes bajar del Ministerio de las Buenas Cosas y Salud Democrática, previa identificación digital firm, todos los días introduces en la casilla el grado de satisfacción que te producen los mandamás del país.
Me he fijado. A los que la bicicleta apasiona, nos fijamos en todos los detalles del caso Nòos: la cuesta de los juzgados, el corralito de los gráficos y reporteros, el guarda jurado de anchas espaldas y del Magistrado instructor. Tambien en la bicicleta de Su señoría, el juez Castro.
Compruebo que viaja en ella resueltamente, manejando y mandando con el manillar de 21 pulgadas y la soltura y habilidad de los muchachos de la Corredera al Conde de Gondomar en la Córdoba de los patios encalados cargados de flores ahora en primavera y la Cruz de Mayo.
Muy atento a las manillas de los frenos, confortable sobre el cuadro de acero galvanizado. O tal vez de aluminio, más ligero. Las llantas de precisión, ligeras y prestas para volar; timbre de avisos y cambio de piñón Shimano, si a mano viene.
Mas a él, al parecer y por otra parte, le gusta mas rodar a piñón fijo cuando lo requiere el momento y las ganas de elastificar a esos caballos de sangre que el ciclista lleva en los arrastres del pedal, transmitiendo la fuerza briosa que sale del pulmón a las ruecas, para desacoplar a las llantas de la resistencia y así ganar en empuje.
Después de las noticias, antes de las noticias y ahora con los noticieros,(Evitando el fraude panfletario de los badilas) me apetece salir corriendo. Pero no correr como un runner de competición sobre el asfalto de Madrid camino de la Meta,de la Ceca o de la Meca. O de Moncloa, o del Salobral, o de Zarzuela de los Montes, sino pirarme instantáneo, como el café ensobrado; colarme ipso facto por la boquilla de la lámpara de Aladino como el genio del turbante, y dormir sin trinos de tuiteo, que ya cansa el silbo y las amistades peligrosas.
Abrirme rápido, salir de naja a ninguna parte para que no vean las nuevas generaciones, que vienen achuchando, que yo también participé en lo que ellos pueden llamar "El trile de los chorras de la campana que nos dejaron tiesos".
Escuchar al Presidente que se saluda, en el Congreso de Diputados, a sí mismo con fervor,, al trucado San Antonio convertido en elocuente Castelar en los talleres de la Babcock Wilcox de Sestao, al bruñido señor González con sus tinos y sus tonos de cortijero andaluz, a la señora de Cospedal con sus chinos de Changay para las misiones y el todo a cien; a don Cayo y sus gafas Truman decir que prevaricar es de sabios; a Toni Cantó en "Aquí no hay quien viva" con la cuarta pared, a los periodistas de toda la vida reunidos en cordial tertulia de toda la vida, según la consigna del espíritu nacional, con Del Pozo al frente, misionero de guerra, decano de toda la vida en la logia de Narváez, espadón de Loja, y otras gilipolleces, me anonadan.
Y esas otras insinuaciones tramitadas en los escenarios judiciales de las fiscalíassobre el caballo del malo o el caballo del Cid trotando por la calle de Las Infantas en el Western Union Money Transfer, camino de la Plaza del Rey, anunciado por el señor fiscal General del Estado de Lex City, me dá por correr con las zapatillas de andar por casa como lo hizo, en su momento, Forrest Gump pirándose a cinco millas por hora, o su conversión, con las caras Nike de base flotante, entarimadas para el pisado regular sobre los fluctuantes adoquines del encintado.
No se a donde llegaré con mi arrebato; tal vez a la Venta de la Rubia donde doña Esperanza tiene todas sus esperanzas puestas en las Vegas y millones de dólares al horno. Y no me refiero a doña Aguirre, sino a mi querida y estimada Esperanza Roy que de espectáculos sabe mucho más que las graciosas chicas de Colsada y el profesor Verstrynge juntos.
."Hay que buscar a una mamá" política, con mayúsculas y en el BOE, de prisa y corriendo, para que corrija las desviaciones de la economía y nuestro complejo de ególatras, antes de que nos saludemos todos y cada uno, reflexivamente, en plenitud y soledad absoluta, con el espejo del ascensor después de sonreirnos. ¡Esto es muy grave! ¡Dentro video!
. Fue en la mañana, cuando la primavera de Madrid iniciaba su primer movimiento después de esa meteo de rasca abundante conque nos ha despedido el loco y entretenido invierno. Y en Cuatro Vientos, donde la city madrileña aprendió a conocer a los intrépidos aviadores con sus extraños cacharros hace mas de cien años; un siglo; un pico.
El comandante Ladislao Tejedor, el joven piloto de jets, a los mandos de su mítico Saeta de museo, reactor de magníficas características para sus cincuenta años de historia flamante, despegó por la pista 2.8 majestuosamente , buscando la línea del horizonte en el punto noroeste del gran Madrid, hasta encaramarse a lo mas alto del plano de ejercicios, con aquel rugir mágico que viene a escalar las líneas del cielo armónicamente, realizando los distintos giros y maniobras aconsejados, tal vez, por un tal Stravinsky en su "consagración de la primavera" del joven y virtuoso intérprete.
De súbito, se produjo un final inesperado, fatal, un corte absoluto del tiempo y la existencia, de la magnitud y de la vida: Una enorme explosión acompañada por una densa nube de fuego, de horror y tristeza, paralizaron al mundo inmediato.
Miércoles, 22 de mayo
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
José Pómez
Chris Gonzalez -Mora
Julián Moreno Mestre
Juan Carrasco de las Heras
Agustín Conchilla Márquez
José Andrés Prieto
Peio Sánchez Rodríguez
Javier Orrico
Guillermo Roz