De periodistas, viajeros, turistas y las guerras ( I )
17.01.07 @ 19:05:29. Archivado en El mundo en guerra
Lo que escribo ahora, lo escribí ya el 9 de diciembre de 2004. Ahora lo repito, porque parece que vale la pena al hilo de la actualidad. Ahí va:
Voy a exponer cuál es mi punto de vista sobre los periodistas en la guerra. Sé que todo el mundo es solidario con las familia de José Couso, de Julio Anguita, de Juantxu Rodríguez, de Jordi Pujol, de Miguel Gil, de Julio Fuentes o de Ricardo Ortega. Todos ellos son colegas míos muertos en distintas guerras cuando cubrían para sus respectivos medios, los avatares de las mismas. Ahora, también, el gobierno de Zapatero es solidario económicamente con las familias de periodistas muertos o heridos en guerras. Y no sé, ya sé que tiro piedras contra mi propio tejado, si estoy de acuerdo con eso. Ya os explicaré con más detenimiento mi punto de vista sobre ese particular. Aunque, bien mirado, si voy a Iraq puede ser el único seguro que me lleve.
El lugar en donde se mata y se muere
Sé también, y os lo puedo decir claramente, que la demagogia se ha adueñado de sus muertes. Un periodista que muere en una guerra muere por eso, parece de Perogrullo decirlo, pero desgraciadamente inevitable, porque las guerras son peligrosas. Una guerra es un lugar sucio, feo, peligroso, lleno de odio y de miedo, repleto de momentos inesperados, sorpresivos, de histeria, de valor, de terror, de miedo insoportable, de mearse de miedo entre explosiones, tiros y metralla que te puede o no te puede tocar. Y allí no hay reglas. La batalla es el lugar en donde ya se han perdido todas las reglas, salvo las táctico-militares, y es un lugar en donde nadie que no sepa que puede morir, debería estar.
Y me parece, por lo que he oído en los últimos meses por parte de algunos, no todos, compañeros míos (la mayoría de los cuales no han oído un disparo en directo en su vida), que piensan que un periodista no puede morir en una guerra, que no debe morir en una guerra y que es un delito que un periodista muera en una guerra. En resumidas cuentas, gente que no es consciente de que en una guerra puedes morir por muy periodista que seas. Y esos, sinceramente, no tienen ni derecho a ir a guerras ni, desde luego, a criticar a los contendientes en las guerras en función de que hayan podido matar a un periodista o no.
Porque una guerra no está hecha ni diseñada para que vayan periodistas, a ver si nos enteramos. Está hecha y diseñada para ser territorio de la infantería, de los ingenieros, de los expertos en explosivos, de la aviación de combate, de los artilleros, de los servicios militares de información y de soldados asustados, con mirada de loco, porque tienen más papeletas que nadie, y que son de gatillo fácil en cuanto una explosión les vuelve a levantar los nervios y el culo del suelo y no importa si te pillan a tí por delante porque estabas en la esquina equivocada. Y los periodistas siempre estamos allí de rondón.
Donde también mueren los idiotas
Por esto me duele oír demenciales teorías sobre porqué el ejército USA quería matar periodistas cuando entraban en Bagdad. Me ha sorprendido muy mucho que algunos compañeros míos se hayan dejado vencer por el subjetivismo que les ha llevado a definir como asesinatos las muertes de otros colegas en las guerras.
Me duele, además, porque sé que para un periodista la primera dificultad para ir a una guerra radica en su propio medio de comunicación. Cuando en una redacción se plantea la posibilidad de enviar a alguien a una zona de guerra, siempre, creedme, hay una feroz competencia. Puñaladas en la espalda, trampas, engaños, todo vale para que te elijan para ser enviado a una guerra. Hay, como vulgarmente se suele decir, hostias en las redacciones para ir a una guerra. Menos, claro, cuando se han cargado a un par o tres de nosotros. Entonces el interés por ir a la guerra decrece al mismo ritmo con que se impone la brutal realidad del hierro atravesando y rasgando la carne mortal de un colega. ¡Coño, las guerras matan!, se dice uno para sí mismo.
Y en la guerra también mueren los idiotas. Es el lugar en donde puede morir todo el mundo, incluyendo a los periodistas que se sienten seguros en los hoteles, por muy hoteles que sean, "para la prensa internacional". Quién se sienta seguro en esos hoteles porque es periodista es, también, idiota. Y quién, dentro de la profesión o fuera, considere que los hoteles en zona de guerra en donde se aloja la prensa internacional deben ser seguros y que hay alguien que debe responsabilizarse de su seguridad y cargar con las consecuencias si algo sale mal, es que es idiota también y además profundo.
Os puedo contar una anécdota de cuando estuve en la guerra de Yugoslavia en 1991. Fue allí junto con un compañero de interviú que era la primera vez que había estado en una guerra. Llegamos a Vukovar, la ciudad croata sitiada por las tropas yugoslavas, en octubre de 1991. Llegar a primera línea de frente tampoco es fácil. Pero esto es algo que os contaré dentro de unas horas.
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Comentarios:
Si yo soy un tanquista, dentro de un sitio estrecho, con unas miras que no dejan ver perfectamente el exterior, con tiros por todos lados y el miedo de palmarla achicharrado dentro del tanque si te endiñan con un misil contracarro... si veo un reflejo (me das igual la mira de un misil, una cámar o una gafas...) le disparo antes de mirar qué es... Es duro, pero es así...
Por cierto este artículo se me parece muchísmo a las opiniones de Vicente Talón cuando pasó lo de Cousso. Y es alguien que sabe de qué va una guerra y un corresponsal de guerra.
En las noticias de la SER de las 18h del 13 de marzo de 2004 , se dijo como noticia cierta que el CNI centraba sus investigaciones al 99% en el terrorismo islámico , abandonando así la autoría de ETA . Sólo al final de esas noticias se añadió que el propio CNI comunicaba que esa noticia no era cierta . La SER , sin embargo , en el Carrusel deportivo que se emitió a continuación , por boca de su presentador , insistió en la falsa noticia recién propalada , a pesar del clarísimo desmentido del CNI . Esa noticia falsa contribuyó a provocar los asaltos a las sedes del PP , el golpe de Estado mediático . Exigimos justicia para castigar esta innoble conducta de la SER .
Quintín Oyarzo L- Periodista
Según el Colegio de Periodistas de Chile, en el país se generan anualmente menos de 100 plazas laborales para periodistas, lo que suma un porcentaje mínimo frente a la gran cantidad de egresados que se produce cada año.
Luis Conejeros, presidente nacional de esta orden profesional, explica que "con 11 mil periodistas ya titulados y más de 8 mil estudiantes en 52 escuelas, los jóvenes deben ponderar muy bien la oferta educacional y la posibilidad real de lograr una inserción en el mundo laboral",
Quintín Oyarzo L- Periodista
Según el Colegio de Periodistas de Chile, en el país se generan anualmente menos de 100 plazas laborales para periodistas, lo que suma un porcentaje mínimo frente a la gran cantidad de egresados que se produce cada año.
Luis Conejeros, presidente nacional de esta orden profesional, explica que "con 11 mil periodistas ya titulados y más de 8 mil estudiantes en 52 escuelas, los jóvenes deben ponderar muy bien la oferta educacional y la posibilidad real de lograr una inserción en el mundo laboral", aludiendo así a otra arista de este problema: La creciente oferta de las universidades para que los egresados de Enseñanza Media ingresen a esta carrera, sin medir la realidad de un imperdonable mercado.
Y en este caso estoy de acuerdo contigo. Es discutible el motivo de la guerra en cuestión, pero no el que una vez que la guerra es guerra, allí puede morir cualquiera. Y los soldados no andan, ni pueden andar, porque están cagados de miedo como todos, como en los pasillos de tiro de las películas eligiendo a quién disparan.
La guerra es la guerra. Discutible, pero guerra. Y no es para todos.
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Pedro Avilés
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