Religión Digital

La auténtica sabiduría

26.07.17 | 20:18. Archivado en Mario Moronta

Uno de los géneros literarios que nos encontramos en la Biblia es el sapiencial. Es decir, el de la sabiduría. Hay un conjunto de libros del Antiguo Testamento conocidos como “libros sapienciales”, porque transmiten los elementos fundamentales de la Sabiduría. Pero también en los otros libros del Antiguo Testamento así como los del Nuevo testamento encierran la sabiduría que viene de Dios. Además podemos encontrar rasgos del estilo sapiencial en muchas páginas de la Biblia.

>> Sigue...

Hacer comentario


¡Quientenga oídos, que oiga!

20.07.17 | 15:15. Archivado en Mario Moronta

Uno de los problemas más serios que se encuentra un creyente ante la Palabra de Dios es el de las malas o falsas interpretaciones. La Palabra de Dios es directa y tiene un sentido y una intención, los cuales les llega de su autor, el Espíritu Santo. Las formas humanas con las cuales se transmite la Palabra de Dios son las expresiones empleadas por los autores sagrados, con su estilo, con su cultura y con el contexto histórico en el cual viven. Entre las miles de frases o dichos que nos conseguimos en los textos bíblicos, hay una que se repite con frecuencia y de variados modos. En especial en el Evangelio y algunos otros textos del Nuevo Testamento, nos conseguimos con uno de esos dichos que posee una característica sapiencial. Es decir, hace referencia a la sabiduría que proviene de Dios y se convierte en un don de Dios para los creyentes: ¡QUIEN TENGA OIDOS, QUE OIGA!

>> Sigue...

Hacer comentario


Los riesgos del sembrador

15.07.17 | 12:32. Archivado en Mario Moronta

La Palabra de Dios, en variadas ocasiones, nos presenta el símil de la siembra, de la semilla que da fruto, o de la acción de quien recoge lo sembrado. Es una imagen muy propia de todos los pueblos y fácil de entender para las diversas aplicaciones que se le quiera dar por parte de los autores sagrados. Isaías nos habla de la Palabra de Dios sembrada y que no regresará al mismo Dios sin dar fruto. El salmista nos advierte de cómo el Señor prepara la tierra para el trigo y cómo la cuida para el fruto esperado. Jesús nos habla de las dificultades cuando se siembra el trigo, pues el enemigo no escatimará esfuerzos para llenar de cizaña el campo. Por otro lado, para explicar cómo la Palabra da fruto, nos presenta la parábola del sembrador.

>> Sigue...

Hacer comentario


A quien me reconozca...Yo lo reconoceré

25.06.17 | 10:52. Archivado en Mario Moronta

En evangelista Mateo refiere una enseñanza muy interesante del Divino Maestro. El advierte cómo Jesús invita a no tener miedo de los hombres: a quienes quieren ocultar la verdad, o a quienes quieren aniquilar el cuerpo, a quienes imponen cargas pesadas o a quienes quieren asustar con burlas, persecuciones o incomprensiones… Es un llamado a vivir en la libertad de los hijos de Dios. Desde esta posición, Jesús mismo invita a no sentir vergüenza ni temor alguno para reconocerlo en medio de la humanidad. Y el Maestro enfatiza: ”A quien me reconozca delante de los hombres, yo también le reconoceré ante mi Padre que está en los cielos, pero al que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré ante mi Padre que está en los cielos”. En otro lugar de la Escritura, el mismo Jesús deja ver cómo Él es el testigo fiel, que hablará delante del Padre de aquellos que no duden de dar testimonio suyo. Pudiera decirse que es una especie de tratado o de convenio. Aunque, en el fondo no lo es, ya que es sencillamente un acto de recíproco testimonio.

>> Sigue...

Hacer comentario


Tiempo del Espíritu

01.06.17 | 11:28. Archivado en Mario Moronta

Litúrgicamente, hablamos del tiempo de la pascua del Resucitado que culmina el día de Pentecostés. Ese día comienza en la historia de la salvación el Tiempo de la Iglesia.

>> Sigue...


¿Qué hacen viendo hacia arriba?

27.05.17 | 19:22. Archivado en Mario Moronta

El acontecimiento de la Ascensión, cuando es analizado con detenimiento, nos presenta una serie de elementos para la reflexión, la oración y el compromiso evangelizador. Podemos destacar tres de ellos: uno primero, es el preludio: el encuentro contínuo de Jesús con sus discípulos para instruirles y asegurarles la venida del Consolador. Un segundo elemento, es el mandato evangelizador, de salir a anunciar el evangelio y conseguir nuevos discípulos, con la nueva cualidad de ser testigos. Y el tercer elemento, es el asombro de la fe. Si bien ya estaban instruidos, no deja de llamarles la atención su ascensión a los cielos. Es un evento donde la fe juega un papel preponderante.

>> Sigue...

Hacer comentario


Piedras vivas

10.05.17 | 17:19. Archivado en Mario Moronta

Muchos de los símbolos e imágenes propuestos en la Palabra de Dios, sobre todo referentes a las consecuencias de la Pascua, podrían resultar contradictorios: desde el nuevo nacimiento hasta el concepto de vida nueva; desde el pastor presentado como puerta hasta la autoidentificación de Jesús como “camino, verdad y vida”.

Uno de esos símbolos, presentado por Pedro en su Carta a la Iglesia, tiene esa característica. El habla de Cristo como “la piedra viva” por excelencia. Y, a la vez, menciona a los bautizados o discípulos de Jesús como “piedras vivas” que van entrando en el templo espiritual. ¿Cómo puede una piedra, objeto inanimado, recibir la connotación de viva?

El autor sagrado se vale de esta imagen y símbolo para destacar la necesidad de reconocer a Cristo como el fundamento esencial de la Iglesia, del templo espiritual inaugurado con su Pascua.

Es la piedra angular sobre la cual se van cimentando las columnas y los ladrillos. Estos ladrillos son los creyentes, denominados también “piedras vivas”. Si bien es una imagen particular, lo que se nos quiere señalar es cómo cada uno de los discípulos de Jesús está unido a Él, piedra básica y también viva. No se trata del edificio de materiales de construcción. Es el nuevo edificio construido con la participación de todos los seguidores de Jesús y del cual Él mismo es su fundamento.

La mención “viva” aplicada a Cristo y discípulos como piedras nos está indicando que no se trata de una simple asociación. Es la comunión de creyentes con el Dios de la Pascua. Por tanto, aunque se simbolice con la imagen de piedras, éstas son vivas por representar precisamente a gente concreta, personas creyentes unidas a la Persona de Jesús. Pero, a la vez, el mismo autor sagrado nos presenta las consecuencias de esta “trabazón viva” de piedras con la base fundamental, Cristo: “para formar un sacerdocio santo, destinado a ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios, por medio de Jesucristo”.

El poder construir un “templo espiritual” supone un sacerdocio nuevo. Ese sacerdocio es único, pues lo ha ejercido Jesús con su Pascua redentora, al ofrecerse también como víctima al Padre por la salvación de la humanidad. Al asociarse a Jesús, por el bautismo, los cristianos participan del sacerdocio y se convierten en ofrendas espirituales.

Es cierto que algunos de entre los discípulos de Jesús se configuran a Él, luego de ser llamados y consagrados por el sacramento del Orden. Pero también es verdad que todo bautizado forma parte del sacerdocio común, desde el bautismo. Quienes construyen el templo espiritual, a la vez, son partícipes de la acción sacerdotal de Jesús: actúan en su nombre y cooperan con Él en la obra de la salvación. Esto es importante considerarlo, pues es una de las consecuencias de haber optado por la piedra angular, que otros desecharon.

La vocación de los creyentes, al colaborar con la obra redentora de Cristo, implica la evangelización: Proclamar “las obras maravillosas de aquel que les llamó de las tinieblas a su luz admirable”. Es decir de aquel que les invitó y convocó a caminar por las sendas de la salvación, de la luz, de la novedad de vida.

Para eso, sencillamente, se cumplió lo anunciado en el Antiguo Testamento: Entonces los creyentes llegan a ser “estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada a Dios y pueblo de su propiedad”. Esto no es otra cosa sino los efectos de la nueva creación. Con esta nueva condición, quienes se han incorporado a Cristo se unen entre sí como piedras vivas por el amor para edificar el templo espiritual en el mundo donde se vive.

Los creyentes deben manifestarse en todo momento como ese pueblo sacerdotal. Por eso, en sus familias y comunidades, en sus trabajos y en su vida por el mundo, deben ser las ofrendas espirituales con sus acciones de caridad, fe, esperanza, fraternidad, a fin de ayudar a los que no creen o se han alejado a que conozcan el amor transformador de Jesús y opten por Él. Eso significa ser ofrenda espiritual. No es algo que se reduce a los templos de piedra o a los grupos donde compartimos el Evangelio. Se es testigo en todo tiempo y en todo lugar.

Fruto de ese testimonio será, ciertamente, mostrar que Cristo es Piedra angular siempre viva donde hay que cimentarse. Y también, sin lugar a duda, aparecer como piedras vivas para entusiasmar a muchos a que también lo sean. Esto conlleva una cosa irrenunciable: mostrar el rostro de Jesús, y así quienes lo puedan ver desde nuestro testimonio crean en Él y logren el encuentro también vivo con Dios Padre.


Pastor y puerta

03.05.17 | 16:22. Archivado en Mario Moronta

El capítulo 10 del evangelio de Juan nos presenta la alegoría del Buen Pastor. El texto está dividido en dos partes: una primera nos habla de Cristo como puerta del aprisco; la segunda parte insiste más en la idea del pastor bueno. Pero, en los dos momentos del texto evangélico se destaca la figura central de Cristo, preocupado por amor de sus ovejas. Es curioso y llama la atención cómo en la primera parte (vv. 1-10), el evangelista hace la identificación entre el pastor y la puerta. ¿Qué relación existe entre ambas figuras aplicadas a Cristo?

>> Sigue...

Hacer comentario


Emaús

27.04.17 | 10:29. Archivado en Mario Moronta

El relato evangélico de los discípulos de Emaús es altamente rico en ideas y enseñanzas. Generalmente es muy empleado en meditaciones y retiros espirituales. La Liturgia pascual lo hace suyo en varias ocasiones: tanto el primer domingo de Pascua por la tarde como el tercer domingo de este ciclo litúrgico. En él nos encontramos con unos protagonistas desalentados por el aparente fracaso del Maestro; el caminante extrañamente desconocedor de los acontecimientos de Jerusalén y luego los demás hermanos a quienes los discípulos de Emaús les narran lo que les aconteció.

El relato gira en torno a dos momentos de “asombro”: uno de ellos, el primero, es un asombro de extrañeza de dos hombres que parecen sentir la debilidad de su fe, ante quien no conocía lo ocurrido el viernes anterior, la muerte de su guía. El segundo momento de “asombro” manifiesta el re-descubrimiento de la fe: reconocen quién es el que cena con ellos al partir el pan; entonces se dan cuenta del ardor de sus corazones en la medida que iban conversando con el desconocido, quien resultó ser un experimentado conocedor de las Escrituras. El “asombro” lo comparte con sus hermanos, al regresar rápidamente a Jerusalén. Entonces todos experimentan un fruto de la Resurrección: la comunión. Es una comunión en la fe, pues todos ya aceptan que el Señor se ha aparecido en varias ocasiones a hermanos y hermanas, discípulos de Jesús. Todos confiesan su fe pascual, pues verdaderamente ha resucitado “su” Señor.

El relato, rico en expresiones literarias, encierra todo una enseñanza que se va a convertir en una especie de “proyecto de vida”. Lo importante de la fe de un cristiano es lograr que se dé el encuentro vivo con Jesús. Lo intuyen aquellos discípulos y, entonces, le invitan a permanecer con ellos: “¡Quédate con nosotros pues anochece”. Si bien se trata de una invitación muy cordial y de hospitalidad para resguardarlo de los peligros de la noche, esa expresión insistente es la puerta de entrada para otra auto-revelación del Señor: lo reconocen en la fracción del pan. Por supuesto, que dichos discípulos debieron haber conocido el discurso de su Maestro y, probablemente, habrían participado en la Cena de la Pascua donde se instituyó la Eucaristía. El sentir el ardor de los corazones mientras compartían la Palabra en el camino, es, sencillamente, una muestra de cómo al Maestro lo podían reconocer desde sus propios actos y su propia Persona. Es así como en el encuentro más íntimo con el compañero de camino lo pueden ver con fe u amor de discípulos.

El retorno apresurado a Jerusalén, con deseos de comerse pronto el camino recorrido, no era para rivalizar o para decir que eran unos privilegiados. Era el deseo inmenso de compartir su experiencia. El evangelista no habla de mayores detalles, sino de cómo los que estaban en Jerusalén les compartían la experiencia de las apariciones. Es el dinamismo de la fe que se quiere compartir, principio evangelizador que debe mover la creencia de todo discípulo del Resucitado. Curiosamente, el evangelista se refiere a Jesús por última vez en el relato con un término aparentemente contradictorio: si le habían invitado a quedarse, ¿por qué desapareció? No hay sino una sola explicación. En el fondo el Señor ya no iba a faltar más, no iba a “desaparecer”, pues se estaba apareciendo a los discípulos. Cada aparición se parece en dos elementos: no hay estruendos ni fanfarrias, sino el acompañamiento del resucitado a quienes estaban desconsolados; pero, a la vez, la aceptación, llena del “asombro” de la fe… no porque dudaran, sino porque estaban maravillados. Maravillados significa, en este contexto de las apariciones del Resucitado, que comenzaban a terminar de abrir sus ojos para poder ver (creer) la gloria del Señor.

La riqueza inmensa de este relato se amplía o engrandece cuando uno puede meditar e interpretar los diversos textos de las apariciones del resucitado. Pero, podemos detenernos en tres elementos que nos pueden ayudar en la contemplación de este episodio pascual. Uno primero es la lucha entre el desconsuelo y la fe: ¿cómo podría haber pasado esto? ¿Cómo pudo haberse ido el Maestro en una forma tan cruel como fue su pasión? Era verdad que Jesús se los había anunciado… pero todavía sus ojos no se habían abierto a la realidad pascual de su Maestro. Sin embargo, es desconsuelo pero no duda; es interrogante mas no abandono; es desconcierto, pero aún queda la esperanza. Es algo que sigue sucediendo a muchos creyentes a lo largo de la historia.

Para vencer esta situación, más que buscar al Señor, el relato lucano nos indica que, como siempre, la iniciativa viene de Dios. En este caso del Resucitado. El vuelve a hacer lo mismo: les explica y da su Palabra, hasta el punto que les conmueve. Dicha conmoción espiritual va a llegar al culmen cuando lo re-conocen en la fracción del pan. Jesús no tiene que inventar nada nuevo; ni siquiera argumentos distintos ni pruebas acerca de su resurrección. Eso lo harán posteriormente los teólogos. El Maestro se acerca y se da a re-conocer: y, entonces, se da el encuentro. Este es aprovechado y disfrutado al máximo por los discípulos.

Y, a la vez, no se quedan encerrados ni pasmados. Hay muchas personas que dicen tener experiencias religiosas, buscadas por ellas mismas. Eso no producirá ningún fruto. Es el Señor quien toca el corazón y abre las mentes para ser aceptado. Pero, por otro lado, quienes tienen esta experiencia, sin pretender creerse más que los demás, corren a anunciar que han visto al Señor y lo han reconocido en sus actos de Resucitado.

La Iglesia, al proponernos este texto para la Liturgia y la meditación nos está indicando que debemos tener la misma actitud de aquellos caminantes hacia Emaús: abrir las puertas, no cerrarlas, para que la invitación al encuentro con su Señor vuelva a reiterar el “¡Quédate con nosotros!” de aquella tardecita. Esto supone el riesgo de la fe y el dejarse tocar por su Palabra y por su presencia amorosa. La misma Iglesia nos invita a hacer lo que aquellos discípulos hicieron: no se quedaron callados, sino que salieron al encuentro de todos para poder anunciarles el hecho maravilloso de haberse encontrado con su Señor, el Resucitado.

+Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal (Venezuela)


La misericordia y la paz que nos vienen del resucitado estén con todos ustedes

24.04.17 | 09:39. Archivado en Mario Moronta

La alegría surgida de la Resurrección del Señor, que hemos celebrado el pasado domingo, se ha visto opacada por la violencia de estos días, con el saldo lamentable de heridos y de muertes. Entre éstas, la de una joven tachirense que fue asesinada. Deploramos y reprobamos este triste acontecimiento que enluta no sólo a una familia sino a toda la comunidad tachirense.

>> Sigue...


Los efectos de la Resurrección

21.04.17 | 09:35. Archivado en Mario Moronta

Nos enseña Pablo que si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra fe. No tendría razón todo lo que creemos y vivimos. Pero, a la vez, la Resurrección no puede considerarse como un episodio importante en el pasado. La Resurrección permite que todos nosotros podamos entender la vitalidad del Evangelio y de la acción de Jesús: porque Él está vivo y nos invita a caminar en la novedad de vida.

>> Sigue...


Domingo de Pascua

16.04.17 | 08:19. Archivado en Mario Moronta

Durante estos días hemos venido celebrando los misterios de la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús. Han sido días intensos para orar, reflexionar y renovarnos en el Espíritu. Hoy celebramos el domingo más importante de este año de gracia 2017: la PASCUA. El triunfo definitivo de Cristo sobre la muerte y la liberación de cada uno de nosotros de la esclavitud del pecado. La Iglesia nos ha invitado a conseguir el consuelo del Señor, Sumo y Eterno Sacerdote quien se entregó por nosotros como víctima propiciatoria. El Dios de la vida nos lo devuelve lleno del esplendor de la luz victoriosa de su Pascua.

>> Sigue...


Viernes, 28 de julio

BUSCAR

Sindicación