Religión Digital

Un Dios seductor

29.08.17 | 16:22. Archivado en Mario Moronta

Jeremías fue uno de los más grandes profetas del Antiguo Testamento. Aunque no quiso ser profeta. Puso muchos obstáculos a la llamada de Dios. Pero, a la vez se sentía vencido ante los argumentos de Dios. No importaba si era joven, si era de la familia sacerdotal proscrita en Anatot, si no sabía hablar… el Señor lo convenció e hizo su profeta. A lo largo de su vida sufrió persecuciones, castigos y menosprecios: Esto lo llevó a renegar y hasta maldecir el día en el que había nacido. Por eso, se le conocía por su rebeldía.

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Confesar la propia fe en Jesús

24.08.17 | 17:11. Archivado en Mario Moronta

De nuevo Pedro: luego del episodio donde le fue recriminada su poquedad de fe, y del reconocimiento de la inmensa fe de la mujer Cananea, Pedro hace una demostración de su propia fe. Ante la pregunta del Maestro sobre quién dice la gente que era Él, da las diversas respuestas que hay en el ambiente. Inmediatamente, al ser interrogado sobre lo que él y sus discípulos afirman, Pedro responde de manera directa y precisa “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Es otra osadía de Pedro; pero esta vez le salió de lo mejor. Pues se convirtió en una confesión de fe, con una consecuencia en su futuro.

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Mujer de inmensa fe

18.08.17 | 10:22. Archivado en Mario Moronta

Muy al contrario de lo acontecido con Pedro y sus discípulos cuando se les apareció caminando por las aguas, una mujer cananea, ni siquiera israelita o creyente en Yahvé, se le acerca a Jesús reconociendo en Él su poder divino. Mientras Pedro duda y se comienza a hundir por miedo a las aguas turbulentas, la mujer cananea se acerca a Jesús con plena confianza de que curará a su hija.

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Hombre de poca fe

11.08.17 | 09:57. Archivado en Mario Moronta

En variados episodios del evangelio, nos conseguimos cómo Jesús alaba la fe de quienes, sin ser judíos, comienzan a ver en Él al Mesías. Pero, a la vez, les recrimina, sobre todo, a sus discípulos más cercanos que son “hombres de poca fe”. Así sucede en el episodio de la “tempestad calmada”. De igual modo, se lo dice a Pedro, quien lo desafía al verlo caminar sobre las aguas. Antes, a él y sus compañeros, Jesús les ha dicho “no tengan miedo soy yo”. La barca donde surcaban el lago se veía estremecida por las aguas turbulentas del momento. El Señor les sale a su encuentro caminando sobre ellas. Los discípulos se asustan y creen que es un fantasma. Es cuando les invita a no tener miedo y a ver quién es Él. Pero Pedro, se envalentona y reta al Maestro: “”Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”.

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En la festividad del Santo Cristo de La Grita

06.08.17 | 17:20. Archivado en Mario Moronta

Los brazos del Cristo de los Milagros permanecen siempre abiertos. En la hermosa talla que veneramos lo están desde hace más de 400 años; y así han permanecido también por más de 20 siglos, pues desde la Cruz el Señor ha abrazado a la humanidad para sostenerla con la fuerza redentora de su amor. Hoy venimos nuevamente como peregrinos: buscamos un consuelo en medio de tantas dificultades; hacemos nuestra acción de gracias por los beneficios recibidos de su misericordia; reafirmamos nuestra fe en quien ocupa el puesto central de nuestra existencia de hijos de Dios. Es una ocasión propicia para reflexionar sobre algunos aspectos y elementos de nuestra vida de cristianos. Lo hacemos inspirados en su Palabra, movidos por el Espíritu y en plena comunión con Dios Padre. En esta celebración eucarística traemos los gozos y esperanzas, las angustias y dolores del pueblo venezolano al cual pertenecemos y del cual somos servidores.

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La auténtica sabiduría

26.07.17 | 20:18. Archivado en Mario Moronta

Uno de los géneros literarios que nos encontramos en la Biblia es el sapiencial. Es decir, el de la sabiduría. Hay un conjunto de libros del Antiguo Testamento conocidos como “libros sapienciales”, porque transmiten los elementos fundamentales de la Sabiduría. Pero también en los otros libros del Antiguo Testamento así como los del Nuevo testamento encierran la sabiduría que viene de Dios. Además podemos encontrar rasgos del estilo sapiencial en muchas páginas de la Biblia.

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¡Quientenga oídos, que oiga!

20.07.17 | 15:15. Archivado en Mario Moronta

Uno de los problemas más serios que se encuentra un creyente ante la Palabra de Dios es el de las malas o falsas interpretaciones. La Palabra de Dios es directa y tiene un sentido y una intención, los cuales les llega de su autor, el Espíritu Santo. Las formas humanas con las cuales se transmite la Palabra de Dios son las expresiones empleadas por los autores sagrados, con su estilo, con su cultura y con el contexto histórico en el cual viven. Entre las miles de frases o dichos que nos conseguimos en los textos bíblicos, hay una que se repite con frecuencia y de variados modos. En especial en el Evangelio y algunos otros textos del Nuevo Testamento, nos conseguimos con uno de esos dichos que posee una característica sapiencial. Es decir, hace referencia a la sabiduría que proviene de Dios y se convierte en un don de Dios para los creyentes: ¡QUIEN TENGA OIDOS, QUE OIGA!

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Los riesgos del sembrador

15.07.17 | 12:32. Archivado en Mario Moronta

La Palabra de Dios, en variadas ocasiones, nos presenta el símil de la siembra, de la semilla que da fruto, o de la acción de quien recoge lo sembrado. Es una imagen muy propia de todos los pueblos y fácil de entender para las diversas aplicaciones que se le quiera dar por parte de los autores sagrados. Isaías nos habla de la Palabra de Dios sembrada y que no regresará al mismo Dios sin dar fruto. El salmista nos advierte de cómo el Señor prepara la tierra para el trigo y cómo la cuida para el fruto esperado. Jesús nos habla de las dificultades cuando se siembra el trigo, pues el enemigo no escatimará esfuerzos para llenar de cizaña el campo. Por otro lado, para explicar cómo la Palabra da fruto, nos presenta la parábola del sembrador.

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A quien me reconozca...Yo lo reconoceré

25.06.17 | 10:52. Archivado en Mario Moronta

En evangelista Mateo refiere una enseñanza muy interesante del Divino Maestro. El advierte cómo Jesús invita a no tener miedo de los hombres: a quienes quieren ocultar la verdad, o a quienes quieren aniquilar el cuerpo, a quienes imponen cargas pesadas o a quienes quieren asustar con burlas, persecuciones o incomprensiones… Es un llamado a vivir en la libertad de los hijos de Dios. Desde esta posición, Jesús mismo invita a no sentir vergüenza ni temor alguno para reconocerlo en medio de la humanidad. Y el Maestro enfatiza: ”A quien me reconozca delante de los hombres, yo también le reconoceré ante mi Padre que está en los cielos, pero al que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré ante mi Padre que está en los cielos”. En otro lugar de la Escritura, el mismo Jesús deja ver cómo Él es el testigo fiel, que hablará delante del Padre de aquellos que no duden de dar testimonio suyo. Pudiera decirse que es una especie de tratado o de convenio. Aunque, en el fondo no lo es, ya que es sencillamente un acto de recíproco testimonio.

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Tiempo del Espíritu

01.06.17 | 11:28. Archivado en Mario Moronta

Litúrgicamente, hablamos del tiempo de la pascua del Resucitado que culmina el día de Pentecostés. Ese día comienza en la historia de la salvación el Tiempo de la Iglesia.

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¿Qué hacen viendo hacia arriba?

27.05.17 | 19:22. Archivado en Mario Moronta

El acontecimiento de la Ascensión, cuando es analizado con detenimiento, nos presenta una serie de elementos para la reflexión, la oración y el compromiso evangelizador. Podemos destacar tres de ellos: uno primero, es el preludio: el encuentro contínuo de Jesús con sus discípulos para instruirles y asegurarles la venida del Consolador. Un segundo elemento, es el mandato evangelizador, de salir a anunciar el evangelio y conseguir nuevos discípulos, con la nueva cualidad de ser testigos. Y el tercer elemento, es el asombro de la fe. Si bien ya estaban instruidos, no deja de llamarles la atención su ascensión a los cielos. Es un evento donde la fe juega un papel preponderante.

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Piedras vivas

10.05.17 | 17:19. Archivado en Mario Moronta

Muchos de los símbolos e imágenes propuestos en la Palabra de Dios, sobre todo referentes a las consecuencias de la Pascua, podrían resultar contradictorios: desde el nuevo nacimiento hasta el concepto de vida nueva; desde el pastor presentado como puerta hasta la autoidentificación de Jesús como “camino, verdad y vida”.

Uno de esos símbolos, presentado por Pedro en su Carta a la Iglesia, tiene esa característica. El habla de Cristo como “la piedra viva” por excelencia. Y, a la vez, menciona a los bautizados o discípulos de Jesús como “piedras vivas” que van entrando en el templo espiritual. ¿Cómo puede una piedra, objeto inanimado, recibir la connotación de viva?

El autor sagrado se vale de esta imagen y símbolo para destacar la necesidad de reconocer a Cristo como el fundamento esencial de la Iglesia, del templo espiritual inaugurado con su Pascua.

Es la piedra angular sobre la cual se van cimentando las columnas y los ladrillos. Estos ladrillos son los creyentes, denominados también “piedras vivas”. Si bien es una imagen particular, lo que se nos quiere señalar es cómo cada uno de los discípulos de Jesús está unido a Él, piedra básica y también viva. No se trata del edificio de materiales de construcción. Es el nuevo edificio construido con la participación de todos los seguidores de Jesús y del cual Él mismo es su fundamento.

La mención “viva” aplicada a Cristo y discípulos como piedras nos está indicando que no se trata de una simple asociación. Es la comunión de creyentes con el Dios de la Pascua. Por tanto, aunque se simbolice con la imagen de piedras, éstas son vivas por representar precisamente a gente concreta, personas creyentes unidas a la Persona de Jesús. Pero, a la vez, el mismo autor sagrado nos presenta las consecuencias de esta “trabazón viva” de piedras con la base fundamental, Cristo: “para formar un sacerdocio santo, destinado a ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios, por medio de Jesucristo”.

El poder construir un “templo espiritual” supone un sacerdocio nuevo. Ese sacerdocio es único, pues lo ha ejercido Jesús con su Pascua redentora, al ofrecerse también como víctima al Padre por la salvación de la humanidad. Al asociarse a Jesús, por el bautismo, los cristianos participan del sacerdocio y se convierten en ofrendas espirituales.

Es cierto que algunos de entre los discípulos de Jesús se configuran a Él, luego de ser llamados y consagrados por el sacramento del Orden. Pero también es verdad que todo bautizado forma parte del sacerdocio común, desde el bautismo. Quienes construyen el templo espiritual, a la vez, son partícipes de la acción sacerdotal de Jesús: actúan en su nombre y cooperan con Él en la obra de la salvación. Esto es importante considerarlo, pues es una de las consecuencias de haber optado por la piedra angular, que otros desecharon.

La vocación de los creyentes, al colaborar con la obra redentora de Cristo, implica la evangelización: Proclamar “las obras maravillosas de aquel que les llamó de las tinieblas a su luz admirable”. Es decir de aquel que les invitó y convocó a caminar por las sendas de la salvación, de la luz, de la novedad de vida.

Para eso, sencillamente, se cumplió lo anunciado en el Antiguo Testamento: Entonces los creyentes llegan a ser “estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada a Dios y pueblo de su propiedad”. Esto no es otra cosa sino los efectos de la nueva creación. Con esta nueva condición, quienes se han incorporado a Cristo se unen entre sí como piedras vivas por el amor para edificar el templo espiritual en el mundo donde se vive.

Los creyentes deben manifestarse en todo momento como ese pueblo sacerdotal. Por eso, en sus familias y comunidades, en sus trabajos y en su vida por el mundo, deben ser las ofrendas espirituales con sus acciones de caridad, fe, esperanza, fraternidad, a fin de ayudar a los que no creen o se han alejado a que conozcan el amor transformador de Jesús y opten por Él. Eso significa ser ofrenda espiritual. No es algo que se reduce a los templos de piedra o a los grupos donde compartimos el Evangelio. Se es testigo en todo tiempo y en todo lugar.

Fruto de ese testimonio será, ciertamente, mostrar que Cristo es Piedra angular siempre viva donde hay que cimentarse. Y también, sin lugar a duda, aparecer como piedras vivas para entusiasmar a muchos a que también lo sean. Esto conlleva una cosa irrenunciable: mostrar el rostro de Jesús, y así quienes lo puedan ver desde nuestro testimonio crean en Él y logren el encuentro también vivo con Dios Padre.


Miércoles, 20 de septiembre

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