Religión Digital

San Isidro Labrador, esposo, padre y trabajador

17.05.18 | 17:30. Archivado en Carlos Osoro

La vida de san Isidro es como la de la mayor parte de las personas. Fue un hombre del siglo XII, que contrajo matrimonio en Torrelaguna con santa María de la Cabeza, de cuyo matrimonio tuvo un hijo. Sus trabajos fueron muy sencillos; primero como pocero y después como servidor de la familia Vargas, vivía con un espíritu de oración y con gran generosidad con los hermanos. Contemplado el conjunto de su vida, vemos que la entendió como una misión, vemos los reflejos de Jesucristo que nos trae su propia vida, como esposo, padre, trabajador fiel, compartiendo con todos, lo que tenía, sabía y vivía. San Isidro es para nosotros como un grito del Señor que nos dice hoy: déjate transformar, déjate renovar.

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Tocados por la Palabra y misioneros como María

11.05.18 | 09:48. Archivado en Carlos Osoro

Acabamos de comenzar el mes de mayo, en el que toda la Iglesia mira con especial interés y atención a la Santísima Virgen María. Esta mujer que, al anunciarle el ángel lo que Dios quería y deseaba de Ella, acogió su Palabra con todas las consecuencias en su corazón y en su cuerpo; de tal modo que, en esa acogida de totalidad, vino la Vida al mundo: Jesucristo. Después de Él, la Virgen conserva el lugar más alto en la Iglesia y el más cercano a nosotros los hombres. Desde Ella y con Ella quiero hablaros de lo que ha de significar para nosotros vivir tocados por la Palabra de Dios y ver que ahí surge el impulso misionero para ser fieles a la misión de su Hijo. Que María interceda por los misioneros de nuestra archidiócesis de Madrid y por quienes enviamos a la misión en este próximo curso.

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Debemos escuchar lo que pensáis los jóvenes

03.05.18 | 16:42. Archivado en Carlos Osoro

Nunca os agradeceré suficientemente lo que habéis hecho los jóvenes de Madrid; deseaba saber que pensabais y me puse a cavilar cómo convocaros a todos y poder saber lo que a vosotros más os preocupa. Todos esos temas que entre vosotros habláis, pero que no tienen un relieve especial después en las respuestas, en los proyectos, en las decisiones que vosotros mismos esperáis. Vuestro sentir y pensar va por un lado y, lo que los mayores os presentan, nada tiene que ver o por lo menos no responde a todo lo que en vuestro corazón anida como necesidad.

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Iglesia, ¡anuncia a Jesucristo en el mundo del trabajo!

26.04.18 | 09:30. Archivado en Carlos Osoro

En la carta pastoral con que iniciábamos el curso os invitaba a ser luz y sal del mundo. Asimismo, en este tercer y último año del Plan Diocesano de Evangelización insistíamos en que el Pueblo de Dios que peregrina en Madrid anuncia el Evangelio y trata de dar respuesta a los problemas personales y sociales que hay en nuestro mundo. Estaríamos ciegos si no viésemos que uno de los problemas más graves de nuestra sociedad, que afecta de manera especial a nuestros jóvenes, tiene que ver con el trabajo. Tanto que, en poquísimo tiempo, ha desaparecido de nuestro horizonte una idea que constituía la base del proyecto personal y familiar de todo joven que pretendía emanciparse: contar con un trabajo para toda la vida.

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De la duda a la confianza

19.04.18 | 18:48. Archivado en Carlos Osoro

En la tarea educativa, siempre se han de dar dos actitudes, que como no puede ser menos, están orientadas a la vida: que haya vida y que la vida sea buena. Esto es lo que hace que el ser humano madure.

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Llamados a la santidad hoy con sus riesgos, desafíos y oportunidades

12.04.18 | 18:34. Archivado en Carlos Osoro

El Papa Francisco vuelve a hacernos un regalo, esta vez pascual: la exhortación apostólica Gaudete et exsultate, un título que recoge palabras del Evangelio de san Mateo cuando en el texto de las bienaventuranzas dice a los que son perseguidos o humillados por su causa, «alegraos y regocijaos» (Mt 5, 12). Desde el mismo comienzo de la exhortación se manifiesta el amor de Dios hacia todos los hombres, un amor que es exigente, que requiere también una respuesta de amor porque «el Señor lo pide todo». Pero también en esa petición nos manifiesta lo que ofrece: la belleza que alcanza el ser humano y la atracción que ejerce en lo más profundo de las vidas de quienes lo rodean, así como la revolución provocadora y promotora de cambios que dan siempre vida y belleza, cuando lo damos todo. ¿Qué es lo que ofrece el Señor al pedirnos todo? «Lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados».

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Una evangelización marcada por la alegría pascual

04.04.18 | 18:11. Archivado en Carlos Osoro

La celebración de la Pascua nos remite siempre a vivir en la alegría que nace del encuentro con Jesucristo Resucitado. El Papa Francisco, en el inicio de su ministerio como sucesor de Pedro, nos invitaba a toda la Iglesia a vivir una «nueva etapa evangelizadora, marcada por la alegría». Como ocurrió desde el principio: llenos de alegría por la Resurrección de Cristo comenzaron a dar testimonio de la misma y anunciar al Señor. La alegría indica caminos para la marcha de la Iglesia en estos momentos de la historia de la humanidad.

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La educación es una tarea pascual

30.03.18 | 19:23. Archivado en Carlos Osoro

Estamos celebrando la Semana Santa, la semana pasada os hablaba de ella; en esta ocasión os hablaré del significado de la Pascua en la tarea educativa. Hoy tenemos ante nosotros un desafío cultural y educativo que hemos de afrontar con serenidad, pero también con toda la pasión quienes creemos que el ser humano creado a imagen y semejanza de Dios está llamado a dar un profundo cambio a este mundo. La educación es tarea pascual. La educación es una tarea de frontera para la vida y misión de la Iglesia y lo es para toda la sociedad; como tarea de frontera son las realidades de exclusión que hoy tienen diversas manifestaciones en nuestra sociedad y a las que la Iglesia está saliendo de maneras muy diversas en todas las latitudes del mundo.

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Contempla tu vida y la historia de nuevo en Semana Santa

22.03.18 | 16:09. Archivado en Carlos Osoro

Este domingo comenzamos la Semana Santa. El Domingo de Ramos es el prólogo de esta semana en la que os invito a que viváis la novedad que adquiere la vida del ser humano y la historia con los acontecimientos que vamos a celebrar. La Semana Santa no es para defender un poder mundano secular, tampoco es una semana para defender el prestigio de una empresa o algo semejante. Es una semana santa en la que podemos contemplar cómo el ser humano y todos los caminos del hombre, en todas las latitudes de la tierra, se abren de una manera nueva, absolutamente nueva. Es una semana santa en la que podemos descubrir y vivir que la vida plena del hombre, de toda la humanidad, de todo lo que existe, no está en el éxito, sino en el amor y en la entrega a los demás.

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San José: la inteligencia y el corazón al servicio de los demás

14.03.18 | 17:24. Archivado en Carlos Osoro

¿Por qué doy este título a esta carta? Siguiendo las huellas de san José en el Evangelio, vemos cómo puso su vida al servicio de que Cristo tuviese sitio y lugar en este mundo, hizo las veces de padre de Jesús, supo disponer la vida para ser custodio de la Virgen María y de Jesús. La gran misión de José fue ser custodio. Hizo de su vida, de su casa, de su profesión, esa gran tarea educativa que es custodiar la presencia de quien es el Camino, la Verdad y la Vida.

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Ofrece y da a conocer una visión trascendente de ti mismo y de todos los hombres

09.03.18 | 12:38. Archivado en Carlos Osoro

En este tiempo de Cuaresma, os animo a seguir descubriendo en la Cruz la medida de la respuesta y del poder de Dios: manifiesta su poder amándonos, amando a todos, dando la vida por todos los hombres. Ahí, en la Cruz, está la medida del infinito amor de Cristo, que nos hace decir con el apóstol San Pablo: «Vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí». ¡Qué fuerza e intensidad da a la vida saber experimentar en nosotros que Cristo se ha entregado por cada uno de nosotros, por todos y cada uno de los hombres, y que nos ama de modo único y personal! Sí, te ama a ti y quiere encontrarse contigo en ese amor incondicional, estés dónde y cómo estés. ¿Has pensado esto? ¿Qué significado tiene en tu vida que alguien, y en concreto Dios mismo, te ame a ti, haya dado la vida por ti? La única respuesta es saber responder también al amor de Cristo ofreciéndole nuestra vida con amor. Para tener una visión trascendente de ti mismo y de todos los hombres, renueva y fortalece la experiencia del encuentro con Jesucristo muerto y resucitado por nosotros.

¿Qué mejor servicio se puede ofrecer al hombre, a todo hombre, que promoverlo en su auténtica dignidad? Sí, auténtica: imagen y semejanza de Dios y con el título que jamás podemos darnos nosotros: hijos de Dios y hermanos de todos los hombres. Un cristiano se compromete con todas las consecuencias en trabajar con la gracia y el amor mismo de Dios a promover la persona humana y su dignidad en todas las dimensiones de la existencia del hombre. Lo hacemos desde una concepción del ser humano que tiene unas características que ciertamente nos distinguen de otras concepciones y perspectivas. Es verdad que la promoción del ser humano en su dignidad compete a todos los hombres. También es cierto que esta tarea debe ser compromiso de todos y debe ser garantizado por el Estado. Pero la Iglesia, todos los discípulos de Jesucristo, participamos en esa promoción con la originalidad que nos da la visión de hombre y persona que nos es regalada por Jesucristo. No lo hacemos para diferenciarnos, no lo hacemos desde una mezquindad proselitista para competir con cualquier otro grupo, lo hemos de hacer para aportar lo que consideramos que es el mejor tesoro que poseemos, y porque nos ha sido mandado por Quien es ese tesoro: Jesucristo.

Hay un único motivo por el cual tenemos algo que hacer en todos los campos de la vida humana. El modo de entender al ser humano que nos ofrece Jesucristo aporta algo a todos. La humanidad entera está esperando una novedad; es más, la necesita y la está buscando, aunque no sepa cómo conseguirla. Los cristianos sabemos de ella. Y tenemos motivos para poder regalar a todos los hombres esa esperanza que brota de la sabiduría cristiana que nos entrega Cristo Resucitado, donde nos da la estatura que Él ha conseguido para todos los hombres y a la cual hemos sido llamados. ¡Nos promueve a la libertad, a las libertades! Nos hace personas que comprendemos, sin escatimar, que nuestra vida y la de los demás están en manos de Dios, y que la libertad que nos ofrece es un don de tal envergadura que solamente puede comprenderse y medirse en el destino trascendente que nos ha dado el Señor. No tengamos miedo, no nos dejemos llevar por los cansancios, los agobios de la vida, las dificultades, las dudas o cualquier tipo de tentaciones. Escuchemos esa voz que nos dice: «¡No tengáis miedo!», «yo quité la piedra de una vez para siempre», «he resucitado» y os he dado prioridades que debéis mantener en esta humanidad: la de la vida sobre la muerte; la del hombre sobre el sábado; la del amor sobre el egoísmo; la de vivir con el arma del amor sobre esas otras armas que manifiestan la debilidad y la ilusión; la que aniquila la esperanza y debilita nuestra condición trascendente…

Vivamos desde la antropología que nos ha mostrado Jesucristo y que ha conquistado para todos nosotros: un modo nuevo de entender al ser humano. ¿Cuál es ese modo? El Papa Benedicto XVI le llamaba la «dignidad trascendente». Esa que se expresa en la gramática natural que desprende el proyecto divino de la creación. Es la nota más característica: tenemos una dignidad trascendente. Lo que somos no se puede calcular solamente por los factores naturales, biológicos o ecológicos e incluso sociales. Lo que somos lo tenemos que ver desde esa narración de la Creación. Ahí se nos hace ver que «somos familia de Dios», «estamos emparentados con Él», no solo como parte de todo lo que ha sido creado, sino como la culminación de toda la creación. Y esta trascendencia no nos pone fuera del mundo, todo lo contrario. Ella hace que nos ocupemos de todas las cosas creadas, que las cuidemos, que las pongamos al servicio de todos los hombres.

No tengamos miedo a vivir y a ofrecer esta dignidad trascendente, esta manera de entender al hombre que nos regala Jesucristo. La intrascendencia nos mantiene sin reflejos: niños que mueren, que pasan hambre; hombres y mujeres que se matan en enfrentamientos irracionales; secuestros, esclavizaciones diversas, decisiones de un no a la vida en los diversos estadios de la misma. Con estos datos tenemos números y gastos, daños y costos. La «dignidad trascendente» desprecia los números, y sostiene que lo que se hace o se deje de hacer con los seres humanos, se hace con Jesucristo.

En este tiempo de conversión que es la Cuaresma os ofrezco tres tareas para entrar en esa escuela de Jesucristo en la que aprendemos a vivir desde lo que somos, desde la «dignidad trascendente»:

1. Subir a la montaña; entremos en la altura que Dios nos ofrece: es la oferta que el Señor hizo a tres discípulos, Pedro, Santiago y Juan, cuando les propuso subir a la montaña en la que Él se transfiguró. ¡Qué experiencia les hizo vivir a los tres! La prueba está en las palabras que dijeron al Señor: «¡Qué bien estamos aquí! Hagamos tres tiendas». Sentir y experimentar la presencia de Dios es una necesidad. Situar nuestra vida a la altura de Dios, ver todo desde el Señor, es esencial para descubrir qué es el hombre, a qué lo llama Dios, cuál ha de ser su entrega, su tarea y trabajo.

2. Mirar todo lo que existe desde la mirada del Señor:
recordemos lo que el Evangelio del domingo pasado nos decía, hablándonos de lo que el Señor se encontró en el templo de Jerusalén: cambistas y mercaderes. En el fondo la intrascendencia, que engendra indignidad, roba lo más bello del hombre, y convierte este mundo en lugar de negocio con el ser humano mismo. Mirar lo que existe desde Dios. Sobre todo mirar al hombre que no solo es física, química o biología. Un humanismo trascendente invita siempre a replantear el modo en que somos y vivimos para nosotros y con los demás. Nos invita a ir a la fuente: Jesucristo, que es Amor. La certeza de caminar por la vida con un Dios que se mete en nuestra vida nos acompaña, nos auxilia y no consiente que seamos vendedores y cambistas para tener más. Él nos enseña a ser y, por tanto, a vivir.

3. Dar la mano a todo el que esté a nuestro lado, y buscar dársela también a quien, estando lejos, necesita nuestra mano: no todo es lo mismo. No vamos en cualquier dirección. No estamos solos en este mundo. Precisamente por ello, en todos los proyectos que tengamos en la vida, todo lo que intentemos desarrollar, los valores que promovamos, el sentido que transmitamos en todo lo que hacemos, aunque a nuestro alrededor tengamos gente que no profese nuestro credo, es fundamental que demos nuestra mano a todos, como lo hizo Jesucristo. Dar a su estilo, a su manera, con la profundidad que ofrecía y las consecuencias que tenía pues, aunque no puedan verlo algunos, estamos colaborando en la llegada del Reino para todos. Hay un juicio, y este es el triunfo de la justicia, del amor, de la fraternidad y de la dignidad trascendente de todo ser humano. Demos siempre la mano.

Con gran afecto, os bendice,

+ Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid


«No nos olvidéis»: el Parlamento de la Juventud de Madrid

02.03.18 | 10:13. Archivado en Carlos Osoro

«No nos olvidéis» es el grito que realizan los jóvenes de todo el mundo. Es verdad que se manifiesta de diversas formas, pero es Jesús quien nos enseña la ocupación y preocupación que hemos de tener por los jóvenes. ¡Qué bien lo muestra a través de aquel joven discípulo! Es Juan quien elige seguir a Jesús y es Jesús quien nos manifiesta cuánto amor lo tenía.

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Jueves, 24 de mayo

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