Religión Digital

El viacrucis de la vida

04.03.17 | 10:01. Archivado en Juan José Aguirre

I.-Me paro a mirar de frente el Cristo flagelado de la Veracruz de Rute, provincia de Córdoba. Navego en sus ojos. ¿Qué estarás pensando, Cristo mío, con esa mirada perdida, el cuerpo cosido a verdugones y una silenciosa súplica saliendo como una burbuja de tus labios? Me quedo callado e intento descifrar ese lamento mudo. Dejo en blanco mi mente. Como dice El santo cura de Ars: "cierra tu mente, cierra tu boca y abre tu corazón".

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Desde Bangassou: ¡Feliz Navidad!

15.12.16 | 17:04. Archivado en Juan José Aguirre

En el despacho del colegio, preparando ya unas navidades calurosas típicamente africanas, veo el mapa mundi que la hermana Ana tiene en su mesa. Pienso que basta con pasar un dedo sobre él y darle comba para comprender que las navidades serán diferentes en muchos rincones del mundo, que las bombillas de colores que vemos desde la tele alumbrándose en Washington, el Taiwán o en Sao Paolo no existirán en miles de zonas del globo entre otras cosas porque allí no hay ni bombillas, ni electricidad, ni tele. Paso mis dedos sobre cordilleras y mares y pienso que muchas de las navidades de países con mucha renta per capita, serán navidades de fiesta y pandereta pero, al mismo tiempo, impregnadas de miopías porque ignorantes de que en tantos pequeños sitios del globo están con el agua al cuello, hundidos en el fango o en fase terminal.

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Monseñor Dieudonné, hombre fuerte de Bangui

14.10.16 | 17:22. Archivado en Juan José Aguirre

El próximo 19 de noviembre, será el más joven Cardenal del Colegio cardenalicio. Monseñor Dieudonné Nzapalainga, Espiritano, 49 años. Después de estar 3 años como Administrador Apostólico en Bangui desde 2009, fue consagrado Obispo por el Cardenal Filoni el 12 de mayo del 2012, es decir hace un poco mas de 4 años y llevado directamente a su sede como Arzobispo de Bangui, Centroáfrica. Hoy ya ha sido nombrado Cardenal pues su nombre aparece en la lista que el Papa Francisco leyó durante el Ángelus del pasado 9 de octubre. Una carrera meteórica para un hombre de mucha valía.

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Mil campos de desplazados

19.07.16 | 10:14. Archivado en Juan José Aguirre

Imaginemos una situación límite:

Margareth está en medio del caos. Después de unos momentos de silencio cargados de amenazas, su pueblito es tiroteado desde el cielo por helicópteros. Las chozas empiezan a arder. Ella está a unos pasos de la puerta de su cabaña y las detonaciones a su lado la paralizan. Es como una descarga de rayos, ruido y humo. A sus tres añitos, ¿como se entiende una guerra? ¿Cómo se da forma a una violencia ensordecedora que está destruyendo su poblado?

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Me hierve la sangre

05.07.16 | 11:58. Archivado en Juan José Aguirre

Hace unos días, en la veranda de la misión de Obo, al este de Centroáfrica, saludé a Jazmín. ¡Qué nombre más bonito! le dije. Jazmín, simplemente, bajó sus párpados y los clavó en el suelo. Me enteré luego que había sido raptada por el LRA (Ejército de Resistencia del Señor) en el Congo, y hacía pocas semanas que se había escapado de ellos en Obo, a 500 km de su pueblo natal.

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Echando la vista atrás: visita del Papa Francisco a Centroáfrica

19.05.16 | 10:17. Archivado en África, Juan José Aguirre

Ya han pasado 6 meses. Aquel mágico 29 y 30 de noviembre ha quedado grabado en todas las pupilas. Esculpido con letras de oro! Era la primera vez que un Papa de la Iglesia católica iba a dormir en Centroáfrica, iba a patear sus calles y avenidas, iba a tocar cientos de cabecitas bendiciéndolas y a apretar con sus dos manos juntas miles de manos centroafricanas que lo acogían con cariño y respeto.

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No hay cruz sin Cristo (reflexión de Semana Santa)

07.03.16 | 08:57. Archivado en Juan José Aguirre

Una cruz vacía es una cruz imperfecta. Las prefiero con Cristo como la imagen del Cristo de los estudiantes el viernes de pasión por las calles de Córdoba. Creo que una cruz vacía es como un vaso de agua sin agua, es como un universo sin aire, una hoguera sin fuego. Los misioneros, sobre todo en zonas de alto riesgo, de tanto ver, acabamos siendo los especialistas de muchas de las cruces del mundo, de muchos crucificados del planeta, no solo de personas crucificadas por su fe o por la sinrazón de otros, sino también, especialistas del calvario de pueblos enteros crucificados.

Mirando el rostro de los Cristos de la Semana Santa española, con cientos de miles de cofrades y penitentes ¿quién si no, mejor que el pueblo español, debería entender el horror que vive el pueblo Yaziríe en Siria, o la catástrofe de un precioso mar Mediterráneo convertido en un inmenso cementerio de 4.000 marginalizados, o el clamor de ancianos y niños, de mujeres preñadas y de campesinos ardiendo vivos en iglesias del norte de Nigeria por la fiebre asesina de criminales del Boko-haram...?

¿Quién podría comprender mejor el torrente de lágrimas de una madre del Kurdistán o la angustia de una travesía a ciegas hacia las costas de la isla de Lesbos o la incertidumbre de una familia que se juega la vida en el campo de refugiados llamado la "jungla" en la ciudad francesa de Calais, que alguien que contempla el cuerpo y el rostro del Cristo de las lágrimas del Parque Figueroa, del cachorro de Sevilla o de las imágenes de pasión de Valladolid?

Nosotros los misioneros estamos en primera línea todo el año. Viernes de pasión en directo, no desde la tele. Tocamos el dolor en caliente desde cuando empieza a desgarrar. A veces te das de bruces con él. A mediados de febrero 2016 fui a recoger un joven a 120 km de Bangassou. Un prófugo. Se escapaba de un infierno, de 4 años viviendo como esclavo con un grupo de rebeldes ugandeses de la LRA. Alain, así me ha dicho que se llama, me ha contado su historia con voz entrecortada, medio K.O., aturdido por haber perdido las referencias y sentirse desubicado, perdido después de 4 años de miseria, suciedad, selva sofocante, testigo de mil crímenes, incluso cómplice de cientos de otros. Me ha contado que lo secuestraron a él, a su mujer y a sus hijos, también a su madre, y la familia entera de su hermano con hijos incluidos del que se separó al poco tiempo. A su madre la perdió cuando fue incapaz de transportar todos los kilos que le habían puesto encima y su columna vertebral de quebró como el cristal. De un machetazo se libraron de ella.

Su mujer fue a parar al círculo de un comandante rebelde que la "protegía" abusando de ella en todo cuanto podía. La dejó embarazada y Alain me dijo que murió 6 meses después, en una de aquellas extenuantes caminatas transportando bienes robados, de una hemorragia en un mal sitio y en un mal momento. Me dijo que la sangre resbalaba por sus piernas como de un grifo abierto con restos de feto incluido. A sus hijos los perdió de vista hace años y él se escapó a mitad de febrero. Así me fue desgranando pedazos espeluznantes de su corta biografía. No me extraña que esté K.O. Lo dejé en un hospital de donde será evacuado a la capital.

Allí, gente sesuda lo interrogará y exprimirá como un limón hasta que un psicólogo le ayude a rebobinar los mejores momentos de su vida antes del secuestro y a pensar en positivo. Hasta que empiece por si solo a descubrir si queda alguien vivo de su familia... Pido a mi Dios que me dé el don de la empatía, de la compasión, de saber meterme en la piel de un clandestino de los que Mgr Agrelo denuncia sus estremecimientos en Tánger, de una familia que se echa a la mar con niños pequeños para llegar a las costas griegas o de quien quiera que esté sufriendo en esta tierra.

Alain es hoy para mí la cara de nuestro Cristo y en esta Semana Santa, es la imagen de nuestra cruz. Como decía antes, los misioneros, distribuidos por todas las geografías del planeta conocemos al dedillo muchos ejemplos de cruz con Cristo y de un Cristo con rostro, con manos, con pies, con corazón y con alma.
Recuerdo el rostro de una mujer refugiada en la misión, acusada de brujería y amenazada de muerte por una masa de gente histérica y ciega. Recuerdo su rostro apergaminado de arrugas. Un rostro surcado por cien ríos y mil afluentes, un rostro cargado con todas las amarguras de su pasado y las incertitudes del futuro. Un rostro con ojos afilados como un bisturí pero, al mismo tiempo, expertos en vida, testigos de mil muertes en un continente en donde la muerte está barata; cómplices de cien duelos aquí donde acompañar a los muertos en su tránsito final es un deber sagrado; cuajados de lágrimas, símbolo del desconsuelo en que hallaba. El rostro de aquella mujer surcado de arrugas era el rostro de Cristo crucificado, del Cristo atado a la columna y de tantas otras imágenes.

Recuerdo otra foto y unas manos roídas por la vida. Manos de piel cuarteada y venas sinuosas. Las manos se abrían en cruz para agarrar un haz de leña. La leña pesaba sobre la espalda de un hombre y las manos la sostenían mientras el cuerpo se encorvaba y dolía. No eran unas manos bonitas, ni tenían uñas cuidadas, ni brillaban de cremas ni olían de aromas. Eran las manos de uno de los miles de empobrecidos, que por suerte o por desgracia, les toca vivir sólo con el sudor de su frente, sin más ayuda gubernamental que la de permitirles vivir. No se veían en ellas ni el boquete de los clavos ni los raspones de las caídas. Pero se intuían unas manos crucificadas sin clavos, traspasadas por dureza de la vida.

¿Qué decir de los pies de Cristo? Los pies de un Cristo clavado, la anatomía deformada por los nervios tetánicos, son una lección de vida. Los pies son el resumen de una biografía, el legado de un pasado, la herencia de un presente y un escrito codificado de lo que ha sido la vida de una persona. Pies contraídos, pies torcidos por el reuma, pies consumidos por el trajín, pies cansados, pies machacados por la carga, pies doloridos del mucho estar de pie. Recuerdo los pies de Madre Teresa en los últimos años de su vida y mas que pies eran un garabato. Aquellos pies resumían el calvario de su preciosa vida. Aunque también reflejaban el mucho bien acumulado, el amor ofrecido y el dolor compartido. Mirad los pies de cualquier Cristo, crucificado o no y leeréis en ellos su maravillosa vida y la fuerza inmensa de su personalidad única e irrepetible.

El corazón del crucificado se le imagina a través de la llaga del costado. Y pienso en las llagas abiertas de la humanidad, ahora más que nunca, cuando el odio del islamismo radical ha salpicado a enteros continentes. Criminales que matan en nombre de Dios son solamente criminales que ponen a la religión como una pantalla para justificar sus crímenes. Los romanos maltrataron a Jesús y lo mataron porque cumplían órdenes. Los radicales lo hacen porque supuran odio irracional, un odio que abre llagas y rasga corazones. La violencia impone la injusticia y la generaliza. Jesús triunfa de la violencia con su mansedumbre y su sentido común. Llagas abiertas en la fe de la vieja Europa en donde, como en un cascarón vacío la fe se desmorona a cachitos, a trozos, una generación tras otra. Llagas abiertas en el continente americano, en la selva de las tribus amazónicas, llagas abiertas por el consumismo a ultranza, por la adoración del dios dinero, llagas putrefactas en zonas del mundo donde se explotan niños, se secuestran niñas, se abusa de jóvenes perdidas o se machaca sin piedad a personas honradas: cada uno de esos momentos son una lanzada en el corazón de nuestro Cristo de la semana santa.

Pero queda el alma de nuestro Cristo que no es otra que la certeza de su resurrección. Un Cristo que no resucita es un pobre cristo, un cristo inacabado, un cristo fallido. Un Cristo resucitado es aquel que inunda de esperanza los rostros, las manos, los pies y las llagas de una humanidad a la deriva. Por eso el alma de la pasión se entrevé también durante las torturas porque la muerte es solamente la antesala de la vida. Cristo es vida porque resucita. Está resucitado cuando salen las cofradías. Resucita cuando la Iglesia vive el Evangelio y no se pliega ante el Dios dinero. Resucita cuando es misericordiosa, cuando los misioneros van por todo el mundo hablando de su muerte-vida y de que somos cristianos cuando hacemos cómo él hizo, vivimos como El vivió, hablamos cómo El habló y sabemos morir, más o menos, con la fe en la vida eterna con la que El murió.

Monseñor Juan José Aguirre, Obispo de Bangassou
(Centroáfrica)

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Bakouma, pasada a saco por la LRA

10.02.16 | 08:43. Archivado en Juan José Aguirre

Era ya noche cerrada. La hermana Claribel recuerda la espalda del bandido que destripó y saqueó su habitación. Había cogido una mochila de aquellas rojas y amarillas que se distribuyeron cuando la JMJ en Madrid y allí había metido todo el dinero que les habían robado, y sus vestidos, la comida de los pobres y hasta sus sujetadores. Dos horas de angustia, dos religiosas desamparadas frente a 16 saqueadores y centinelas de campo, drogados de hachís indígena y armados hasta los dientes con kalasnikoffs y machetes.

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Turrón con sabor a Papa Francisco

23.12.15 | 07:30. Archivado en Juan José Aguirre

Este año el mejor regalo de Navidad que hemos recibido en Centroáfrica ha sido el Papa Francisco. El eco de su visita todavía resuena en nuestros oídos. Llegó como un ángel blanco con zapatos negros y gastados y, con solo su estar, sonreír y acariciar, hizo saltar de un plumazo los negros augurios que pronosticaban una visita saboteada y rota.

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La bandera clandestina

21.12.15 | 15:51. Archivado en Juan José Aguirre

Una nueva bandera ondea sobre la plaza de la alcaldía. Tres franjas de colores y una estrella blanca en el centro. Una bandera recién salida del horno de la disidencia, de la alforja de la rebelión musulmana que todavía colea después de la visita del Papa Francisco y de la votación para la aprobación de referéndum constitucional de pasado 13 de diciembre.

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¡Gracias Papa Francisco por haber venido!

04.12.15 | 09:39. Archivado en Juan José Aguirre

¡Gracias Papa Francisco por haber venido! Al principio no nos lo creíamos: ¿Cómo todo un Papa viene a pisar la tierra roja de este país ensangrentado por la sangre también roja de tanta pobre gente?
Sin embargo, querido Papa Francisco, te saltaste a la torera las recomendaciones de los más cautelosos, no quisiste chaleco antibalas, te subiste en el Papa móvil sin blindar, para que todos te vieran mejor y te pusiste a hablarnos de paz y reconciliación.

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Papa Francisco en Bangui: ¡¡te esperamos!!

21.11.15 | 08:50. Archivado en Juan José Aguirre

Se pueden suspender partidos de fútbol en Europa. Pero los africanos son otra pasta. Papa Francisco ha dicho que suspender la visita a Centroáfrica el próximo 29 de noviembre sería como un fracaso, como dar la victoria a los violentos. Y las oraciones de los fieles suben como el incienso, para que todo salga bien. Con todas las precauciones posibles, pero lo esperamos en Bangui, después de haber visitado Kenia y Uganda. Una multitud inmensa tendrá los ojos fijos en aquel religioso de sotana blanca que aparecerá por la puerta del avión sobre las 10 de la mañana, llegado desde Uganda y Kenia, las primeras dos etapas de su primera visita africana.

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Lunes, 29 de mayo

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