A un pobre, juzgado por sanedrines teocráticos y magistrados imperiales, condenado por todos, ajusticiado como blasfemo, como esclavo y criminal, y sellado en un sepulcro para enterrar allí con su cuerpo también su memoria, a ese pobre los cristianos lo celebramos en la liturgia de cada día, que es lo mismo que decir, lo recordamos con agradecimiento y con fiesta, y hoy lo declaramos, no sólo nuestro Rey, sino El Rey del universo, ¡El Rey!
Hemos llegado a los días finales del Año litúrgico, y la comunidad creyente vuelve la mirada a los acontecimientos últimos de la historia de la salvación. Hoy, a la luz de la fe, la Iglesia contempla la venida del Hijo del hombre “sobre las nubes con gran poder y majestad”. La eucaristía que celebramos es anticipación sacramental de aquel día de consolación que esperamos.El que hoy nos reúne para que escuchemos su palabra y lo recibamos en comunión, en aquel día reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos. El que hoy es pan para nuestro camino, será nuestra vida en la meta alcanzada. El que es ahora nuestra esperanza, será entonces nuestra gloria.
Según sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, la presencia de crucifijos en las aulas escolares es "una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones" y de "la libertad de religión de los alumnos". He de suponer que, por esa sentencia de tan alto Tribunal, los crucifijos violadores habrán de ser retirados de las aulas escolares.
Tierra santa, así llamamos los cristianos a la tierra donde Jesús de Nazaret vivió y murió. Y llamamos santos a la cruz donde lo crucificaron, al Sepulcro donde lo enterraron y al lienzo en que lo amortajaron. Nadie diría, sin embargo, que aquella tierra, aquella cruz, aquel sepulcro o aquel lienzo son santos por contacto con el hombre en quien reconocemos encarnado al Hijo de Dios. Lo que realmente nos concierne de Cristo el Señor, no son las cosas que él pudo haber tocado, sino la solidaridad, revelada en él, del Amor divino con la pobreza del hombre, de la Misericordia infinita con nuestra miseria, de la gracia de Dios con nuestra condición humillada. Y esa solidaridad, por los caminos de la fe, alcanza a la humanidad entera y a toda la tierra, pues el Hijo de Dios se hizo hombre porque a todos amó y de todos quiso ser.
Cuando decimos ‘poco’, estamos diciendo ‘escaso’ o ‘corto’ en cantidad o en calidad. En la aldea de Sarepta, corta de vecinos y de renombre, aquel día escaseaba todo lo que cuenta en la vida de una persona: era poca el agua, un puñado la harina y exiguo el aceite, era poca la leña, era corto el futuro, y era tasado, por no decir mezquino, el amparo de que podían gozar aquella mujer y su hijo, pues ella era sólo una pobre viuda.Aquel mismo día, andaba Dios ocupado en buscar a alguien que amparase a un profeta, y para esa misión -¡cosas de Dios!- escogió a la viuda pobre, a una mujer desvalida que, agotados el pan y la esperanza, se disponía a morir.
La Shoah –el Holocausto- del siglo XX no fue sólo un intento despiadado de aniquilar a la población judía de Europa; fue también un escarnio a la fe de las víctimas y un desafío al poder de Dios. En realidad, el impío como el necio, siempre han tratado de justificar su impiedad con el silencio de Dios ante la muerte de sus pobres, y con la soledad de los pobres ante el silencio de Dios.
Queridos: Hemos oído, como palabra del Señor, la revelación de un gran misterio: “Si Dios está a favor nuestro…”. Esas palabras no expresan una posibilidad entre otras, como si dijesen: “en el caso de que Dios esté a favor nuestro”. Al contrario, expresan una certeza, como si dijesen: “sabemos que Dios está a favor nuestro”. Y esa certeza sostiene la confianza del creyente, su esperanza, su firmeza, su fortaleza.
Son de tu Dios y son para ti las palabras de la promesa: “Mirad que yo os traeré del país del Norte, os congregaré de los confines de la tierra. Entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas”. Alumbrará para los ciegos la alegría de la Pascua, pues el Señor los llevará por un camino en que no tropezarán.Se abrirá para los tullidos un camino por el que irán a la patria deseada: el Señor en persona caminará con ellos.
Aburrida la autoridad competente porque ya no hay muertos en carretera, la gente conduce con responsabilidad, tanto que de multas ni se habla, y peligran los puestos de trabajo de los adictos al control del tráfico rodado, se decide subir la adrenalina al personal y animar el trabajo de los agentes, con un proyecto de ley, por el que, en los tres primeros kilómetros de cualquier recorrido o viaje, algunas personas tendrán derecho a disparar sobre cualquier conductor al volante de un vehículo.
Fue ayer, 14 de octubre de 2009. En una parcela de cementerio, reservada no sé por quién para los muertos de nadie, fueron enterrados los que el mar devolvió del último naufragio en el Estrecho. Me pregunto por qué, de esa misericordia que es enterrar a los muertos, fuimos excluidos los vivos: familiares, amigos, hermanos de fe, hermanos de sufrimiento, hermanos de pan compartido. Me pregunto quién ha impuesto a la misericordia la condición de clandestina e invisible. Me pregunto si, además de enterrar a unos muertos, no se pretendió también enterrar en la misma parcela sus vidas: sus deseos, sus razones, sus derechos, sus gritos, sus sueños, su memoria, su historia.
Lo que cree el corazón, eso confiesan los labios: “El Señor ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra”.Israel, el Israel de la fe, nunca dejó de ser un clamor de peregrinos con esperanza, y, de modo semejante, la Iglesia, la humanidad nueva, nacida de Cristo exaltado en la cruz, sólo podrá ser una comunidad de pobres proyectada hacia el futuro, hacia la justicia y el derecho que Dios ama, hacia su misericordia, que los pobres necesitan y esperan.
Recuerdo visitas entrañables, en la vieja cárcel de Santiago, del fraile apenas joven a aquella reclusa madura y maternal que, según pude entender, estaba allí porque a pobres mujeres las ‘ayudaba’ a malparir. Mi amiga era una paradoja, pues aunaba en su carne lo materno y el malparto.
Sábado, 21 de noviembre
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Siro López
Francisco Margallo
Rodrigo del Pozo Fernández
Urbano Sánchez García
Julián Moreno Mestre
JC Rodríguez, A Eisman
Jesús Rojano
Vicente Haya