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Fiesta del inmaculado Corazón de María de Guitiriz

23.08.18 | 21:32. Archivado en Luis Ángel de las Heras

Queridas autoridades civiles y militares, queridos hermanos sacerdotes, queridas religiosas, queridos parroquianos, hermanos y hermanas todos que estáis de paso, tengáis aquí o no vuestras raíces. Nos reúne esta tarde el gozo de celebrar, en la larga historia de esta parroquia, cincuenta años de la dedicación e inauguración de esta iglesia del Corazón de María de Guitiriz. A estos, podemos sumar veinte años anteriores de obras materiales y desvelos para ver realizada esta gran obra. Desde que se pusiera la primera piedra en 1948, siendo obispo mindoniense D. Fernando Quiroga Palacios, hasta la consagración en 1968, estando al frente de la diócesis D. Jacinto Argaya Goicoechea.

Es obvio que las paredes que nos acogen hoy están llenas de significado y fuerza simbólica, de recuerdos, de oraciones, celebraciones de sacramentos, anhelos, angustias hechas plegaria en busca de consuelo y solución y también esperanzas ofrecidas al Señor por mediación de su madre y nuestra madre, en cuyo Corazón Inmaculado nos sentimos acogidos y protegidos.

La Palabra de Dios, que María guardó cuidadosamente en su Corazón, llegó a estas tierras por la fe y el impulso evangelizador de nuestros antepasados. Ellos entendieron, como Jesús, que era importante estar en las cosas del Padre. Esa fuerza evangelizadora de siglos ha llegado a nuestros días teniendo un hito singular la construcción de este templo y el camino de la comunidad cristiana a lo largo de estos cincuenta años.

Todos, pueblo de Dios que peregrina en Guitiriz, sacerdotes, religiosas, matrimonios y otros laicos, habéis corrido la carrera de la fe del Evangelio que habéis recibido, alimentado y conservado, con el resto de dones recibidos de Dios hasta el día de hoy y poniendo amor en la espera de la meta final que nos aguarda.

Permitídeme unha acción de grazas especial polos párrocos, especialmente D. Manuel Bande e D. Ramón Marfull, que xa morreron, e outros sacerdotes que vos acompañaron, moitos deles hoxe aquí presentes. Eles acompañaron a vida da parroquia durante este tempo e animaron a todos a percorrer o camiño cristián de incomparable valor. O Señor pagaralles coma soamente El o sabe facer.

Este templo do Inmaculado Corazón de María bríndanos a oportunidade de darmos grazas a Deus por ternos dado unha Nai que aprendeu a gardar no seu Corazón as cousas importantes do seu Fillo. Axúdanos termos esta confianza coa Nai de Deus para afrontar todas as situacións da vida.

Este templo, ademais, ofrécesenos coma o lugar que precisa toda persoa para ir marcando os momentos máis importantes da súa vida. Igualmente, o lugar ao que temos a seguridade de saber que sempre nos acolle, e ao que podemos volver unha e outra vez, aínda que a separación fora longa.

Deste xeito, é lugar para celebrar o nacemento dun novo membro da familia. Lugar para celebrar o primeiro banquete eucarístico que nos permite participar da vida cristiá con plenitude. Lugar para recibir o don do Espírito Santo, que nos axuda a afrontar as dificultades da vida. Lugar para reconciliarnos con Deus, cos irmáns e con nós mesmos, para erguernos e continuar o camiño da vida. Lugar para celebrar as unións por amor, con amor e no amor, singularmente no matrimonio. Lugar para buscar a curación cando a enfermidade nos sorprende e nos amosa a debilidade humana. Lugar para despedirmos aos nosos seres queridos cando partiron á casa do Pai, invitándonos a crer na vida nova e eterna.

Este templo, construído non só materialmente, senón edificándose en cada momento de fe e de vida desta comunidade cristiá, axúdanos a celebrar hoxe unha preciosa acción de grazas de fillos de Deus e fillos da Virxe María, Nai de Xesús e nosa Nai, reunidos e orando con ela, coma os apóstolos, ao amparo do seu Corazón Inmaculado, para que o Espírito Santo estea sempre en medio de nós e poidamos comprender a vontade de Deus Pai, que cada un —e todos unidos formando un só Pobo— debemos buscar e levar a cabo con fe, esperanza e caridade.

Pidamos al Corazón Inmaculado de María que tengamos fuerza y coraje para hacer crecer nuestra fe y sabiduría para entender la Palabra de Dios —para aprender a estar en las cosas del Padre— y guardarla en el corazón cada uno, de manera que la vida entre nosotros sea mejor cada día, más digna, más llevadera, más fraterna, más solidaria. Que, por tanto, siempre tengamos un sito para quien esté más necesitado. Que vivamos la vida abundante que Dios nos ofrece, que la compartamos con los hermanos y que, así, demos testimonio ante quien no ha tenido la suerte de recibir el don de la fe en Jesucristo. Amén.

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