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En honor de San Isidro

17.05.18 | 18:53. Archivado en Oscar V. Ojea

Queridísimos hermanos: Nosotros estamos orgullosos y felices de tener como Santo Patrono a un laico, y a un hombre del campo, un hombre que tenía un conocimiento profundo del ritmo de la naturaleza, un hombre con ese espíritu tranquilo de la tierra. Le había regalado la tierra esa suerte de conocimiento intuitivo y de connaturalidad que tiene el hombre de la tierra para cono la esencia de la tierra, es lo que el papa Francisco llama “Cuidador de la Casa Común”, cuidador de la tierra.

El Papa en la encíclica Laudato Si’ ya cuando habla de la tierra como nuestra hermana con la que compartimos la existencia y nuestra madre que nos recibe con los brazos abiertos, y este conocimiento profundo de la tierra como don de Dios para el hombre que la trabaja, el hombre que tiene que cuidar su potencia y también el cansancio de la tierra.

Esto le permitió a San Isidro tener conciencia de cuidar la tierra, el agua, la luz, el aire, como bien común de todos los hombres, por eso esa sensibilidad extraordinaria para con los pobres, que nos llama tanto la atención en San Isidro. Podemos decir que escribió al pie de la letra, lo que dice el Libro de Tobías: “Si llegas a tener mucho, repártelo con generosidad, si tienes poco, busca repartirlo con agrado, con paciencia, con alegría”.

San isidro pudo reconocer a Jesucristo, en aquellos con los que se sentía identificado, como dice el Papa cuando habla sobre la santidad; y vivió en una sociedad, la del S XI, XII en Madrid, con una fuerte inestabilidad económica.

Nosotros decimos “inestabilidad económica”, y pensamos en nuestro tiempo. Era tremenda la situación de Madrid en aquel tiempo, con las agresiones externas, con los ataques continuos, con las guerras, la cantidad de gente que quedaba sin familia, la cantidad de viudas, de huérfanos, de ancianos, no existía ningún tipo de seguro social.
Cuenta la tradición el milagro de la “olla” que, en un sábado, que era el día especialmente destinado a compartir el alimento, San Isidro había atendido a muchos pobres en su casa, dándoles su ración de alimento, y su esposa Santa María de la Cabeza, se fijaba si había quedado más en el fondo de la olla, y sin embargo, viene el último, el imprevisto, entonces San isidro, con su exquisita calidad le dice a la señora que haga otro plato, y Santa María ve como de pronto en la olla aparece más comida, y ella había sido testigo de ese milagro.

Cuidador de la tierra, cuidador de la casa Común, el que conoce los secretos de la naturaleza, el que sabe cuándo la tierra se cura, cuando la tierra está cansada, une a este cuidado un cuidado de la justicia.

Papa Francisco en la misma encíclica, nos enseña un planteo auténtico: el cuidado del ambiente es tan importante en el mundo actual que debe incluir un planteo social, están estrechamente vinculados; un planteo social que integre a la justicia a la discusión sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres; el clamor de los pobres y el clamor de la tierra es uno solo.

San Isidro Labrador supo imitar la generosidad que nos enseña nuestro señor Jesucristo que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza.

Nosotros contemplamos como vamos destruyendo la diversidad biológica del mundo, degradando la integridad de la tierra y de este modo, contribuyendo al cambio climático. Desnudamos a la tierra de sus bosques naturales, obstruyendo sus zonas húmedas, contaminando las aguas, el suelo y el aire. Y todo esto está fundado en un modo de vida, en un modelo de producción, que se sustenta en la búsqueda del uso inmediato de la naturaleza.
Con la convicción de que el hombre es el dueño absoluto de la tierra y que puede hacer lo que quiere con ella, siempre que sea para su provecho, olvidando aquello que nos enseña el Libro del Génesis: se nos enseña el respeto por la tierra; labrar y cuidar el jardín.

El beato Pablo VI nos decía: “Los progresos científicos más extraordinarios, y las proezas técnicas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no son acompañados por auténtico compromiso social y moral, se vuelven en definitiva, en contra del hombre”.

Por eso tenemos que trabajar por la cultura del cuidado, del cuidado de la Naturaleza y del cuidado de la Justicia, están íntimamente unidos, porque todo está interconectado, entrelazado.
Todos los seres humanos, caminamos como hermanos en una maravillosa relación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas.

El cuidador de la tierra, el cuidador de la Justicia, también es el cuidador de la vida. Sabe recibir regalo de Dios y el don de la vida.

Los Obispos de la Argentina, hemos propuesto en las próximas semanas rezar para que el Señor ilumine la mente de los legisladores que el 13 de junio, van a tener que decidir con conciencia, sobre un tema, muy delicado para nuestro país.

Vamos a pedirle a nuestro Patrono San Isidro, con su sencillez, ese hombre de la tierra, del aire, del agua, ese hombre del campo, amante de los pobres; vamos a pedirle para los argentinos, que nos conceda esta sensibilidad para con la vida, vale toda vida, para que los argentinos vivamos este momento como una oportunidad.
Aquellos que decimos que defendemos la vida, tenemos que pedirle al Señor, poder construir un mundo más humano, para cada persona que está llamada a la vida.

Que San Isidro nos ilumine, especialmente a aquellos que tienen la responsabilidad de legislar y a todos nosotros que decimos trabajar al servicio de la vida, para que podamos con mucha creatividad, con mucho amor a los pobres, poder crear situaciones en las que las mamás, cuando están en situaciones de conflicto, de dolor puedan sentirse acompañadas, por nosotros que somos, en definitiva quienes los recibimos en la existencia.

Pidamos a nuestro Santo, cuidador de la tierra, cuidador de la Justicia, que nos enseñe a cuidar toda vida.
Que así sea.

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