Religión Digital

Me hierve la sangre

05.07.16 | 11:58. Archivado en Juan José Aguirre

Hace unos días, en la veranda de la misión de Obo, al este de Centroáfrica, saludé a Jazmín. ¡Qué nombre más bonito! le dije. Jazmín, simplemente, bajó sus párpados y los clavó en el suelo. Me enteré luego que había sido raptada por el LRA (Ejército de Resistencia del Señor) en el Congo, y hacía pocas semanas que se había escapado de ellos en Obo, a 500 km de su pueblo natal.

Jazmín no olía jazmines. Era otro olor, más rancio y amorfo, que caminaba con ella como rozándola. Olor de turbación, de una neutra amalgama entre inseguridad, miedo, autoestima rota y pérdida de rumbo. Olor de inquietud, aunque ese olor no creo que haya sido aun patentado. Mientras sus ojos avergonzados miraban mis sandalias (avergonzados ¿porqué?, ella no ha cometido ningún delito, sólo los había padecido), sentí que me hervía la sangre a 50 grados, mezcla de cólera y compasión.

Con solo 17 años, me encontraba delante de una mujer hecha y derecha, madurada a empujones, sin derecho a adolescencia, huyendo por la selva, robando, asesinando delante de ella sin una brizna de humanidad, saqueando poblados y siendo utilizada como un vaso de usar y tirar, como un trapo viejo. Madurada, como digo, por los llantos y desventuras con los que los rebeldes de la LRA la habían condenado desde los 12. Otra inocente condenada, una más de entre los centenares que en estos días de principio de verano de 2016 siguen secuestrados por este grupo criminal fundado hace 25 años por el ugandés lunático Joseph Kony.

En la prensa se habla esta semana del derecho de las niñas a la educación en todo el mundo. A Jazmín no sólo le robaron su derecho a la educación. Le robaron 5 años de su vida, su familia, sus amigas, la tranquilidad de su poblado, su derecho a ir a la escuela y de ayudar a sus padres en la siembra de los cacahuetes. Le robaron su honra y su virginidad.

Le cambiaron inocencia por violencia y la obligaron a cargar pesos inhumanos, a golpear su cabeza contra un muro inútil, pues la LRA ya no es nada, ya no pretende ni reivindica nada, son solamente unos centenares de rebeldes sin rumbo, animales heridos que ni saben ni tienen a donde ir y saquean a gente inocente porque necesitan comer y buscan una doble ración de adrenalina con la que adormecer frustraciones y vacíos. Son solamente criminales sin brújula ni cuadrante a los que nadie persigue porque a nadie interesa acabar con ellos.

Me hierve la sangre cuando se que hay tres contingentes bien pertrechados en la región con el fin de parar los pies a estos delincuentes y ninguno de los tres hace su trabajo, aguantan la borrasca en tierra ajena sin mover un dedo hasta que llegue el día en que vuelvan a sus países (Marruecos, Bangladés, Senegal, etc) vivitos y coleando como tenían orden de volver cuando fueron enviados.

Desde enero del 2016, los ataques de estos criminales en diferentes zonas de la diócesis de Bangassou han sido cotidianos, a más de uno por semana. Conté uno a la misión de Bakouma, en donde las monjas franciscanas sobrevivieron a un ataque brutal, a mitad de enero. Desde entonces cada día es una amenaza, cada día otras Jazmines son secuestradas, miles de centroafricanos de la amplia región de Bangassou son pisoteados por estos rebeldes ansiosos capitaneados por guerrilleros ugandeses, muchos de ellos antiguos niños secuestrados por las tropas de Kony. Niños soldado crecidos en la violencia y que ahora solo reciclan más violencia.

Cuando se que hay 12.000 soldados de la ONU, cascos azules, que deberían defender este pueblo desamparado y no hacen nada por él, es como que me hirviera la sangre.

De esos 12.000, más de 1000 están en nuestra región dando seguridad a las 5-6 poblaciones más importantes. Soldados bien pagados por la ONU, (por lo tanto también por el gobierno español), que viven aquí como sobre una montaña de dinero, que han venido a gastos pagados para defender a este pueblo y que, a nuestra gran decepción, se escaquean tristemente, llegan adrede con 48 horas de retraso a la zona donde ha atacado la LRA, o, simplemente, no llegan.

Se pasean con sus coches Toyota último modelo, vidrios ahumados y antenas de radios bailando por todos sitios, (miles de ellos con el logo UN que han llegado a Centroáfrica en estos años) y están pertrechados en sus bases en donde tienen aire acondicionado hasta en los retretes... Sin hablar el espinoso caso de los abusos sexuales a jóvenes centroafricanas que en la ONU están estudiando, un pozo de negrura de donde algunos batallones no saben salir o de donde otros soldados han sido expulsados del país.

Estos soldados de la MINUSCA no hacen nada por defender a mi pueblo. Participan en proyectos para la reconstrucción de todo lo que los Seleka habían destruido, pero, desde el punto de vista de la seguridad, son una gran decepción.

Me hierve la sangre cuando veo el contingente ugandés, pagado por el gobierno americano, soldados que la "vox populi" acusa como cómplices de la LRA, antiguos LRA reinsertados en el ejército, tropa abultada para hacer número y sacar tajada de EEUU y enviados a Centroáfrica y que, felizmente, van a dejar de chupar del bote y van a volver a Uganda el próximo mes de Octubre.

El responsable del contingente Minusca en Bangassou me decía esta mañana que van a ser reemplazados por un contingente del Bangladés. ¡Qué Dios nos libre! ¿Un soldado del Bangladés va a querer arriesgar su vida por un campesino centroafricano? Ciertamente, ojalá me equivoque, que no. Así de rotundo.

Cuando veo a centenares de Rangers americanos en sus bases 5 estrellas, controlando todo con aire suspicaz, nadando en una logística apabullante por sofisticada, también me hierve la sangre. Creemos que realmente no hacen nada más que abusar de su presencia en este país, juegan con la gente y con nosotros, nos cuentan cuentos mientras establecen en silencio sus bases estratégicas en 7-8 zonas de Centroáfrica, con fines que no conocemos, o económicos o preparan bases militares a escondidas, ciertamente no para combatir la LRA ni ayudar a los ugandeses a combatir la LRA como ellos pregonan a los cuatro vientos, en la ONU y en cientos de páginas webs, para poner paños calientes a su presencia clandestina en Centroáfrica.

Y mientras mi pueblo aguantado mecha, tragando sapos y serpientes y siendo desposeído de todo. El Expolio de Cristo en el calvario se repite en la región de Bangassou, un día y el otro también, erre que erre. Jazmín no está crucificada a una cruz sino que lo estará siempre a su tristísima aventura, traumatizante, vergonzosa y ruin.

Diréis que llevo muchos años llorando más que Jeremías. Pero es que desde 2008 no salimos de una que entramos en otra. Llevo 8 años diciendo a mi gente que la esperanza nos empuja a creer lo que todavía no llegamos a ver: nuestra esperanza es que estos agresores injustos desaparezcan de la faz de la tierra y toda la región de Bangassou pueda vivir en paz, con dignidad, con futuro por delante.


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