Religión Digital

La bandera clandestina

21.12.15 | 15:51. Archivado en Juan José Aguirre

Una nueva bandera ondea sobre la plaza de la alcaldía. Tres franjas de colores y una estrella blanca en el centro. Una bandera recién salida del horno de la disidencia, de la alforja de la rebelión musulmana que todavía colea después de la visita del Papa Francisco y de la votación para la aprobación de referéndum constitucional de pasado 13 de diciembre.

El rebelde Nourredin Adam es el padre de la criatura. Uno de los líderes rebeldes de la coalición Seleka que invadieron Centroáfrica hace tres años por la frontera chadiana, que arrasó Bangui y el resto del país, que aupó al poder durante 9 meses al autoproclamado presidente Dotojia y que hundieron a la pobre Centroáfrica en un pozo profundo del que aún no ha salido.

Hoy Dotodjia ya está en el exilio en Benín. Pero Nourredin está vivito y coleando. Dicen que es familia del presidente del Chad Idriss Dévy. Él lo niega, evidentemente, por conveniencia logística. Lo conocí en Bangassou donde también lo alojé tres días en la misión. De mediana estatura, correoso, fuerte de haberse entrenado durante años, gafas de profesor y músculos marcados en sus brazos hasta casi desgarrar la camisa. Un distintivo hacía un jefe: un bastón negro, de ébano, en sus manos, con el que jugueteaba al mismo tiempo que daba órdenes o bebía una cerveza.

Ha sido Nourredin Adam el que se ha inventado esa nueva bandera, declarado la independencia del noreste de Centroáfrica (desde Kaga-Bandoro hasta Ndele y Birao) dibujando en su mapa la "República de Logón" y comunicando a las autoridades de Bangui la partición de Centroáfrica porque le daba la gana.

La zona es mayoritariamente musulmana, pero por ejemplo en Ndele viven 10.000 no musulmanes a los que Nourredin y su declaración les habrá sentado como un tiro, algo a lo que, desgraciadamente, están acostumbrados. Porque Ndele es una ciudad mártir. Perece ser que soldados de UN llegaron pocas horas después y arriaron la bandera aunque tampoco duró mucho a media asta.

La visita del Papa marca la vida de Centroáfrica

A pesar de Nourredin, dos hechos han marcado la vida de Centroáfrica estas últimas semanas. Uno es la visita del Papa Francisco dos días en Bangui, sus bendiciones, su ternura por las gentes que tocó, sus gestos claros y discursos firmes.

Aunque el gobierno francés desaconsejó firmemente esa visita, Francisco quiso a toda costa mantenerla. Entre otras razones, porque uno de los candidatos a la presidencia, Karim Mekassoua , alguien del famoso barrio P.k. 5 de Bangui en donde se sitúa la mezquita central, fue a Roma a primeros de diciembre tan solo para decir a la gendarmería vaticana que la seguridad durante su estancia en el P.k. 5 estaba garantizada, que ni el Papa ni nadie allí sufriría en más mínimo rasguño, que Papa Francisco podría, como pudo, venir, saludar, tocar a los niños desplazados, y decir a los 4 vientos que "la religión no es el problema, sino una parte de la solución".

Muchos dicen que aquel día el Papa protagonizó un milagro: el de la caída del muro de la división en Centroáfrica. Y que, finalmente, se lo oí decir a tertulianos de la cadena francesa RFI, el problema centroafricano no es un problema religioso sino político. Dijo Papa Francisco, comentario irónico pero valiente, que si no lo hubieran dejado llegar hasta Centroáfrica se habría tirado en paracaídas. Bajando de la escalerilla (¡no fue necesario lanzarse!), cuando me saludó, le dije en español que hablara del perdón, porque a donde hay perdón allí está Dios. Y claro que habló de perdón pues lo llevaba archipreparado de antemano: en cada discurso y a raudales. También habló de justicia, de empezar de nuevo, pasar página y de mirar al futuro con esperanza.

A los jóvenes, reunidos en la plaza de la Catedral de la Inmaculada, una multitud inmensa que lo escuchó a través de pantallas gigantes, les preguntó varias veces (alguien traducía simultáneamente en sango, la lengua local,) si rezaban. "¿Mucho?" Porque en tiempos recios, absorbidos por la tribulación, la angustia y la violencia ciega, rezamos poco o nada, mientras que es evidente que Dios sabe mucho de conflictos, porque está presente en cada uno de ellos. Millones de mujeres lo invocan en ellos, pero jóvenes y contendientes, en esos momentos, tienen poco sitio para Dios en sus mentes. ¡Bastante tienen con salvar la vida!

La celebración de un referéndum el pasado 13 de diciembre

El otro hecho es la celebración del referéndum el 13 de diciembre pasado, primero en la mayor parte del país, por ejemplo en Bangassou donde la mayoría de los votantes censados votó ese día. En Bangui votó menos del 50% del censo electoral. Los que no pudieron votar porque violentos muy cabreados les impidieron el acceso a las urnas, votaron al día siguiente. Pero ese día 13 de septiembre hubo 5 muertos en el P.k.5, 5 vidas a las que la vida les supo a poco, porque solo querían votar y se dieron de bruces con la muerte.

Ahora, los musulmanes moderados luchan por su derecho a votar contra los violentos que boicotearon el voto aquel primer día y que se vieron derrotados al día siguiente. En otro barrio, Gobongó, violentos anti-balakas se negaron también a que los moderados votaran. Los cabecillas han sido puestos en la lista negra de la ONU. Esperemos, por el bien de todos, que la fuerza de los moderados, musulmanes y no musulmanes, venza sobre el odio y mal disimulado enojo de los que han querido durante tres años que Centroáfrica fuera un República mirando a La Meca y se han columpiado, empezando por gentes muy encumbradas que viven fuera de Centroáfrica y que no son centroafricanos.

La primera vuelta de las elecciones presidenciales están previstas para el 27 de diciembre y la segunda, si tuviera lugar, para el 31 de enero. Será un enorme desafío para este país. Entre diciembre 2015 y enero 2016 tiene que ser gobernado por un presidente salido de las urnas. La comunidad internacional lo exige antes de desbloquear ayudas para el país. El Papa ha sabido, con su mágica presencia, iluminar e impulsar este proceso y el pueblo centroafricano sano hará el resto.

Juan José Aguirre, obispo de Bangassou

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