Religión Digital

Te Deum - Renacer de lo alto, del Espíritu

18.09.14 | 09:10. Archivado en Luis Infanti

¡A ti, oh Dios, te alabamos! En estos días de fiesta por la Patria que amamos y construimos día a día, y que nos la has regalado desde hace miles de años, para que cultivemos y cuidemos su tierra fecunda y construyamos un pueblo en justicia y paz, anhelando ser cada día más una Patria de hermanos y hermanas.
Y desde hace 204 años, con mayor conciencia cívica y social, nos alientas a que las semillas de libertad y amor sembradas AYER por hombres y mujeres valientes, den frutos de buen vivir y felicidad HOY y MAÑANA, para cada persona que vive en este suelo bendito.

Bienvenidas, muy distinguidas autoridades, hermanos y hermanas todos, presentes en este templo Catedral y en sintonía de oración a través de la Radio (Santa María), para alabar a Dios con nuestra humilde oración y pedirle al mismo Dios la sabiduría, el discernimiento y la fortaleza de la fe para construir la historia de nuestro pueblo hacia una mayor liberación e independencia.

¿Qué Patria soñaron los impulsores de la Independencia hace 204 años?
Ciertamente soñaron un pueblo floreciente con los valores del espíritu, materializados en obras y realizaciones sociales de creciente bienestar para el bien común de todos sus habitantes.

Es lo mismo que soñamos y anhelamos hoy, enriquecidos por experiencias de gozo y de dolor a lo largo de los años, y concientes del momento histórico que vivimos en este nuevo milenio, marcados por una mayor conciencia de COMUNIÓN y PARTICIPACIÓN para forjar la NUEVA ÉPOCA de la humanidad, que nos plantea nuevos y desafiantes rumbos, que quizás aún no vislumbramos con tanta claridad, y que por lo mismo podrían atraparnos en miedos, temores e inseguridades, sobre todo a quienes viven más como “hijos del pasado”, que como “padres de un mundo nuevo”.

Pero las PERSONAS DE FE sentimos el apremiante compromiso de ser profetas de este mundo nuevo, DENUNCIANDO los obstáculos, los frenos, las malas intenciones, las arrogancias, los egoísmos, el pecado que impide la felicidad, el bien común y la libertad; y sobre todo ANUNCIANDO valores, estilos de vida, rumbos y buenas noticias, para que los concreticemos en decisiones políticas, culturales, sociales, religiosas y jurídicas acordes con las exigencias de los más pobres de nuestro pueblo, que, en última instancia, son los que juzgan la veracidad de nuestra fe y de nuestras obras.

Así sucedió con el joven Salomón, como escuchamos en la lectura del Primer Libro de los Reyes (1 Reyes 3, 5 – 12), que no pide a Dios ni riquezas, ni la muerte de sus enemigos, ni un poder opresor, sino sabiduría, discernimiento y buen juicio para servir con rectitud y justicia a su pueblo, desde la autoridad y el poder que Dios le confió.

Es la misma actitud que llevó a Nicodemo, como escuchamos en el Evangelio (Juan 3, 1 – 12), a ir donde Jesús, de noche, para no ser visto ni ser juzgado por el pueblo, y manifestando así la oscuridad que envolvía su actuar de fariseo, autoridad social y religiosa, pero que reconoce que los signos y acciones de Jesús son obras del Espíritu, son signos de Dios, y sin embargo no reconoce a Jesús como el Dios-con-nosotros.

Jesús lo desafía a un CAMBIO DECISIVO en su mentalidad, a una CONVERSIÓN EN SU FE: ¡ NACER DE NUEVO! Tiene que ser otra persona, inspirada por el Espíritu y no por intereses puramente humanos de conveniencia personal o de su bando político y religioso.

Los signos y el testimonio de Jesús hacen presente el Reinado de Dios con el anuncio de la Buena Nueva a los pobres; con la liberación de los oprimidos y de los esclavos; con la luz de la verdad y de la injusticia a los ciegos que no quieren ver en Jesús al que abre la historia personal y social a un tiempo de gracia de Dios.

A Nicodemo, encerrado en sus privilegios y en su poder, le cuesta entender y más le cuesta vivir el nacer de lo alto a las novedades y a lo nuevo de las presencias y de las obras de Dios que es Jesús mismo, su Mensaje y su Proyecto del Reino de Dios.

SE INSCRIBE AQUÍ LA HISTORIA DE ESTOS AÑOS DE NUESTRO MISMO PUEBLO.

Quienes RENACEN del Espíritu reducen a cenizas la prepotencia, la hipocresía, la manipulación de los demás, los engaños del poder opresor, las devoradoras ansias del lucro y del consumismo, las esclavitudes de las estructuras que marginan y le quitan dignidad a los pobres.

¿Todavía no nos damos cuenta de los VIENTOS NUEVOS DEL ESPÍRITU, que ondean en los que sufren la tortura diaria de la desigualdad y de la pobreza, de la injusticia de la marginación, de la falta de participación en las decisiones vitales para nuestro pueblo, de una tierra que poderes económicos quieren depredar sin compasión, de exigencias de CAMBIOS económicos, educacionales, políticos, culturales y jurídicos, vientos a veces suaves y a veces más cruentos, que hacen presente la voz de Dios, la profecía del Espíritu, las “cosas del cielo”?

Por amor a la Patria, llamamos a los que usan y abusan de su poder para INFUNDIR MIEDO en nuestra sociedad, creando un clima de chantajes y de inseguridad, con engañosas declaraciones y hasta con atentados violentos, con crisis económicas y con estrategias de sumisión, a que SE CONVIERTAN A LOS VIENTOS DEL ESPÍRITU:

que HOY exigen leyes y Constituciones legítimas que incluyan la participación y las necesidades de los más pobres;
que frenen el saqueo de los bienes comunes, sobre todo los más esenciales para la vida de todo ser vivo;
que potencien la vida del hogar en que se eduque al amor, a la fraternidad, a la solidaridad y a la fe;
que aplaquen el afán del aparentar y del consumismo, que ven a las personas como consumidores del mercado, en lugar de seres humanos dignos de respeto y valoración;
que abran caminos de equidad y de justicia sobre todo en los campos de la economía, de la educación y del trabajo.

Si no damos decididos pasos de conversión personal y social a estas voces del Espíritu, si no nacemos de nuevo de lo alto, no nos extrañemos que aumente la agresividad, la violencia, las drogas, la anarquía y la indiferencia, sea en nuestros hogares, sea en nuestras instituciones, sea en nuestra sociedad. No quisiéramos ver amenazada la paz social.

Como Nicodemo, nos acercamos a Jesús, para replantearnos el ser personas de fe, ser chilenos y proyectar nuestro destino en paz y prosperidad.

Desde la fe anunciamos, proponemos y nos esforzamos en vivir la FRATERNIDAD, don del Espíritu y camino político para vivir el derecho de hacer de Chile “un país de hermanos” y “una mesa para todos”.

Entonces, celebrar Fiestas Patrias, además de bailar cueca y chamamé, de enarbolar la gloriosa bandera chilena en nuestros hogares, de realizar un impecable desfile, de compartir la alegría del vino tinto y las empanadas, de gozar de un necesario feriado para hacer FIESTA, será sobre todo dar lo mejor de nosotros mismos, de lo que nos inspira el Espíritu, para que la FRATERNIDAD, la SOLIDARIDAD, la FE y la LIBERTAD flameen en cada rincón y en cada corazón de nuestra querida Patagonia y de todo Chile, como testimonio de AMOR que fortalezca la hermandad latinoamericana.

Con lo bello y desafiante que es vivir en Aysén de la Patagonia,
que Dios nos bendiga con su AMOR y su PAZ,
y les deseo a todos y a todas
¡unas gratas, sanas y felices Fiestas Patrias!

Que nuestra santa Patrona, la Virgen del Carmen, nos acompañe y guíe en la construcción responsable y gozosa de nuestra Patria, y su gracia y ternura nos protejan, alejando todo mal de nuestro pueblo y de nuestra tierra.
QUE ASÍ SEA.

+ Luis Infanti de la Mora, osm
Obispo Vicario Apostólico de Aysén

Coyhaique, 18 de septiembre de 2014


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