Religión Digital

"Busquen primero el Reino de Dios y su Justicia"

21.09.13 | 10:27. Archivado en Luis Infanti

A ti oh Dios te alabamos, te bendecimos, te glorificamos, te damos gracias, por la Patria que nos regalas, que construimos día a día y que queremos embellecer cada vez más. Gracias, distinguidas autoridades, hermanos y hermanas de buena voluntad aquí presentes y los que nos acompañan a través de Radio Santa María, por unirse a esta solemne fiesta de oración, manifestando así que somos un pueblo agradecido del amor, de la misericordia y de la fecundidad de Dios.

Con Él y frente a Él nos miramos como frente a un espejo, para ver la belleza de nuestra Patria; su rostro, sus ojos, sus manos, su corazón, su mente, sus tradiciones, su fe, su historia, sus anhelos.

Una Patria que es mucho más que mi persona, mi familia, mi institución, mi partido, mi gobierno, mi ciudad, mi tierra, mi iglesia, mis amores, mis dolores y muertes, mis alegrías y esperanzas, mis proyectos. Una Patria que debería ser el enlace, la armonía, la comunión de todos sus hijos e hijas entre sí, con su madre tierra y con su Creador y Señor.

El pasar de los años debería ayudarnos a crecer, a madurar, a fortalecer nuestra conciencia y responsabilidad en la construcción de esta Patria de hermanos que anhelamos.

Por eso el Evangelio que hemos proclamado nos llama a buscar el TESORO, para poner allí nuestro corazón. Ciertamente nuestra Patria es un tesoro que, quienes nos precedieron a lo largo de la historia, amaron y quisieron cuidar como lo más precioso de su vida, aunque no siempre, y no todos, lo lograron.

El llamado de Jesús, “BUSQUEN PRIMERO EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA”, es el mayor tesoro, que quisiéramos ver realizado abundantemente en nuestra Patria, en cada uno de sus habitantes, cada día, con la deslumbrante belleza y sencillez que el mismo Jesús ve manifestada en las aves del cielo y en los lirios del campo.

Buscar el Reino de Dios y su justicia es una lucha y un compromiso de cada día, del cual damos gracias a Dios por tantas personas que sacrificada, gozosa y responsablemente lo viven en nuestra Patria, desde la sencillez, la valentía y la profunda confianza en Dios, valorando y participando en tantas instancias sociales, políticas, culturales, religiosas.

Buscar el Reino de Dios y su justicia requiere mirar la historia y reconocer las ofensas, los sufrimientos y hasta las muertes que hemos provocado, cuando al hermano o a la madre tierra los hemos tratado como enemigos para marginar, para depredar o hasta para eliminar, más que como creaturas de Dios para amar, valorar, cuidar, proteger, respetar y potenciar en su dignidad.

Buscar el Reino de Dios y su justicia es una tarea o una misión para diseñar la geografía del alma de nuestro pueblo, que anhela los más nobles ideales humanos de dignidad, de participación, de hermandad, de justicia y amor fecundo, de compasión solidaria con los pobres, de comunión y de paz.

Buscar el Reino de Dios y su justicia, decimos los obispos de Chile (1) y lo reafirma permanentemente el papa Francisco, es reconocer que estamos viviendo un “cambio de época” que remece profundamente nuestra cultura tradicional y desafía nuestras capacidades de sabiduría y creatividad, pero sobre todo desafía nuestro AMOR Y VISIÓN PROFÉTICA, para construir una historia según las exigencias de los nuevos tiempos y plasmar en DECISIONES POLÍTICAS:

- La dignidad y los derechos humanos especialmente de los más pobres y marginados;

- La promoción de la familia y de la mujer, educadores esenciales en humanidad y dignidad;

- Las exigencias de nuevos y mejores espacios de participación ciudadana;

- El cuidado de los elementos esenciales de la naturaleza para evitar su depredación y mercantilización, que harían imposible la vida en nuestro limitado planeta;

- Los progresos científicos, tecnológicos y comunicacionales, para que favorezcan la solidaridad, el desarrollo equitativo y la paz integradora entre los pueblos y culturas;

- La educación para el bien común, el servicio y la responsabilidad en ser protagonistas de nuestra historia, sobre los cimientos de la libertad, la fraternidad y la justicia;

- Una mayor integración de la espiritualidad en nuestra cultura y vida social, para que Dios nos fortalezca en la construcción de una historia más humanizante y dialogante;

- Un modelo de desarrollo más centrado en las personas que en el mercado, el crecimiento financiero y el lucro, causas de inequidad y violencias, y que llegan hasta rebajar a la persona a objeto, considerándola un “recurso” más;

- La tendencia a aislar a las personas en el individualismo y la soledad, negándoles la esencia del ser humano, como es el amor que se abre a los demás en la fraternidad, la solidaridad, la gratuidad, la felicidad;

- El ejercicio del poder y la autoridad, para que escuche, discierna, asuma y canalice democráticamente el sentir profundo y vivencial del pueblo, sin descalificarlo o marginarlo. Consideración especialmente relevante en estos tiempos electorales.

Todas estas exigencias del Reino de Dios necesitan plasmarse en decisiones políticas, pues para alcanzar y asegurar la dignidad del pobre, la justicia al marginado, el pan y el trabajo al necesitado, la salud al enfermo, la liberación al oprimido, el amor al maltratado, requieren de leyes y decisiones políticas. Pero a la vez requieren de actitudes, gestos, acciones y decisiones profundamente éticas y espirituales, pues en ellas se manifiesta la fe, la fraternidad, la solidaridad, la humanidad, ya QUE EL AMOR Y LA FE DEBERÍAN DAR EL SENTIDO Y EL MOTIVO ESENCIAL A TODO GESTO Y ACCIÓN HUMANA. (2)

En este Te Deum pedimos a Dios que inspire toda nuestra acción, por encima de nuestros intereses, a veces egoístas y manipuladores.

En nuestra Región y en el País son motivo de preocupación los altos índices de DELINCUENCIA Y DE VIOLENCIA. El creciente número de niños y niñas en Hogares por situaciones conflictivas y de vulnerabilidad, la predominante población juvenil en las cárceles, son sólo dos de los signos decidores de una sociedad enferma. ¿Por qué una persona llega a delinquir o a ser violenta? Porque se le han negado las necesidades básicas para vivir y crecer digna y pacíficamente, se le ha negado el derecho a amar y ser amado en un hogar acogedor, sereno y estable. Se le ha hecho violencia a su dignidad y a sus derechos. LA POBREZA ES JUSTAMENTE LA EXPRESIÓN MÁS PREOCUPANTE QUE DESESTABILIZA A LAS PERSONAS Y CUESTIONA EN LO MÁS ÉTICO, ESPIRITUAL Y POLÍTICO NUESTRO MODELO DE SOCIEDAD Y NUESTRA VISIÓN DE PERSONA. Y no consideremos la pobreza sólo en su vertiente económica.

Por lo tanto, junto con dar gracias a Dios por los avances y realizaciones de nuestra Patria, necesitamos pedir a Dios que abra nuestra mente, nuestro corazón, nuestras actitudes, nuestras opciones y nuestras decisiones a una CONVERSIÓN A LA DIGNIDAD DE LOS POBRES Y A LA FAMILIA UNIDA Y FELIZ, como dos pilares estratégicos sobre los cuales edificar una Patria noble y confiable.

¿Puede haber vocación más noble y responsabilidad más gozosa para las personas de fe y para los principales líderes sociales; educadores, políticos, autoridades, dirigentes, obreros, artistas, empresarios, economistas, servidores públicos, …?

Esta noble vocación es imperativo ético para la misión de crear una Patria que anhela la paz, como tesoro por el cual luchar con audacia y valentía, día a día, cada uno de sus hijos e hijas. Esto es construir el Reino de Dios y su justicia.

Que el Espíritu de Dios, Santa María del Carmen y tantos santos y héroes de la paz, que con su ejemplo han embellecido también nuestra Patria, incluso desde antes de sus 203 años de independencia, nos alienten, acompañen y fortalezcan por los caminos de la vida, de la historia y de la paz. AMEN.

+ Luis Infanti De la Mora, osm
Obispo Vicario Apostólico de Aysén


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