A veces los problemas y las soluciones no los tenemos lejos, sino que están cerca. Me propongo hablar hoy de una magnífica institución que tenemos en Tarragona, la Fundación "Casa Sant Josep", una casa de acogida que atiende a niños, adolescentes y jóvenes en situación de desprotección o de riesgo social.
Por razones diversas los padres biológicos no pueden hacerse cargo de ellos y esta institución les ofrece acogida, educación y posibilidades de integración familiar y social. Es una labor que viene realizando desde su creación en 1912, por lo que celebra este año su centenario. Fue en su día una de las primeras de Catalunya en atender a menores, y sus diversas etapas: la de antes de la guerra, la de los Padres Franciscanos, la de Mn. Perfecte Cabré y la actual, han sido testimonio de una extraordinaria labor social y educativa.
Como presidente del Patronato de la Fundación, me siento en la agradable obligación de dar las gracias a los patronos y a los trabajadores abnegados de esta Casa. Al mismo tiempo, deseo hacerme eco de una inquietud en beneficio de los acogidos.
Actualmente hay muchos que están cuidados lo mejor posible hasta que mejoren las condiciones de su entorno familiar o hasta su mayoría de edad; pero que necesitarían vivir en una familia que les ofrezca estabilidad, seguridad y, sobre todo, ternura. O sea, familias dispuestas a ayudar a estos niños y, de rebote, a sus familias de origen, aportándoles aquello que los padres biológicos, por razones diversas, no pueden darles. Para esto hay un programa de acogimiento preadoptivo, como paso previo para la adopción.
Lógicamente se precisa que la familia que pueda acogerles tenga la estabilidad necesaria y comprenda las necesidades, a veces complejas, de los menores. Ofrecerse para esta acogida, antes de la cual los directivos de la "Casa Sant Josep" ofrecen una información exhaustiva, significa un proceso de experiencias muy enriquecedoras, pero sobre todo significa dar felicidad al niño y proporcionarle un futuro mejor.
Pienso que si se producen estas ofertas de acogida familiar, este sería el mejor modo de celebrar el centenario de una institución tan querida, que ha prestado servicios estupendos a tantos menores y a sus familias. Un ejercicio activo de la solidaridad que al fin y al cabo es caridad cristiana. Aprovecho este escrito para dar las gracias a todas las familias que tienen o han tenido niños acogidos: que Dios os lo pague. Acoger a los niños, en palabras de Jesús, es acogerle a Él mismo.
+ Jaume Pujol Ballcells
Arzobispo Metropolitano de Tarragona
Viernes, 1 de junio
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