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Cinco caminos para la nueva evangelización del I.D.R.

17.02.12 | 11:48. Archivado en Carlos Osoro
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El Itinerario Diocesano de Renovación nos presenta cinco caminos para realizar la nueva evangelización. Una de las preguntas que siempre nos tenemos que hacer es ¿cómo se realiza hoy la evangelización y cuáles tienen que ser sus dimensiones o caminos propios? Quizá la respuesta la podamos dar desde aquella dirección que caracterizó a la Iglesia desde sus comienzos y que nos remite a Jesucristo Resucitado. El Evangelio de San Mateo (cf. Mt 28, 19-20) nos lo dice y nos habla de cinco dimensiones. Una primera es sobreentendida, no se dice explícitamente, pero va implícita en el mandato del Señor y se trata de que, en la predicación y en el anuncio, se predique una cultura abierta; la segunda nos habla de un camino misionero: “Id a todos los pueblos”; la tercera nos remite a realizar un camino pastoral: “Haced discípulos”; la cuarta nos expresa el camino litúrgico: “Bautizadlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”; y la quinta se refiere al camino profético: “Enseñadles a cumplir cuanto os he enseñado”. Por tanto, son cinco caminos necesarios también en la nueva evangelización.

Establecer una cultura abierta

¿Qué quiero decir cuando os hablo de este camino? Sencillamente, que si la cultura es aquella actividad que le hace posible al hombre estar en el mundo precisamente en cuanto hombre, es decir, como ser dotado de sentido, abierto a la trascendencia, necesitado de configurar el entorno, ordenado al prójimo como a un tú en libertad, capaz de hacer de cualquier medio expresión de su mundo interior, entonces la apertura a Dios, el sabernos decir desde Dios, el configurar nuestra existencia desde Él y mirar a los demás y al mundo desde Él, es un imperativo para establecer una cultura abierta.

Se trata de una cultura en la que el hombre esté en su centro, con su condición sagrada, no por la situación en que se encuentra, por el oficio que desempeña o la rentabilidad que tiene en la vida. Es abierta la cultura cuando le hace descubrir al hombre todas sus necesidades, entre las que se encuentra como una fundamental, la necesidad de Dios. Es abierta porque le hace al ser humano consciente de su realidad y capaz de cumplir con su responsabilidad. Es abierta la cultura cuando prepara al hombre para el servicio y no para el dominio egoísta. Es abierta porque le hace descubrir al ser humano esa hendidura que corre por todo nuestro ser y lo agrieta y nos hace estar constitutivamente abiertos a la transcendencia. Porque la cultura es lo que abre el mundo al hombre, para que éste lo perciba como realidad, como punto de apoyo y despegue al mismo tiempo, como lugar al que llega para ser y como espacio desde el que se trasciende a sí mismo. Toda la vida de Nuestro Señor Jesucristo es un querer situar al ser humano en su verdadera y auténtica realidad, ya que ponerlo en otra es engañarlo y destruirlo. Una nueva evangelización parte siempre de mostrar al hombre esta realidad que, muy a menudo, se le ha nublado y, en muchas ocasiones, oscurecido.

“Id a todos los pueblos” o camino misionero

El primer mandato de Cristo Resucitado apunta a la universalidad. De tal manera que hay una primera sugerencia, la de que todos los bautizados somos enviados y llamados a la misión; pero también hay una segunda que nos llama a la universalidad de la misión y viene dada por la dirección en la que la señala, es decir, ese “id” a saber “a todos los pueblos”. De tal manera que este mensaje concierne a todos los hombres y a todas las naciones. Se trata de anunciar al Dios de todos los seres humanos y que nosotros confesamos como el “Creador del cielo y de la tierra”. Su mensaje está destinado a todos los hombres.

Hay una condición para que esta universalidad se ponga en movimiento: la dinamización de la fe de todos aquellos que son enviados. De tal manera que una Iglesia misionera no se puede limitar a esperar que la gente acuda a ella, sino todo lo contrario, es la Iglesia que sale al encuentro de todos los hombres en todas las situaciones en que estén, porque la mueve Jesucristo que vino a salvar a todos los hombres. Es la Iglesia que, como Jesucristo, se interesa por las preguntas más fundamentales de la existencia humana: ¿De dónde vengo? ¿Quién soy? ¿A dónde voy?

“Haced discípulos” o camino pastoral

Nuestro Señor Jesucristo no hizo sus primeros discípulos por otro camino distinto al de la oración. Recordemos estas palabras: “Por aquel tiempo subió a una montaña a orar y se pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a los discípulos, eligió entre ellos a doce y los llamó apóstoles” (Lc 6, 12-13). La vocación de los doce nace de la noche de oración. De aquí se derivan perspectivas importantes para la nueva evangelización. Entre otras, que, también en la actualidad, la obtención de nuevos discípulos para Cristo acontecerá inicialmente en la oración. Por eso, la oración debe ser el centro íntimo de la evangelización. Y es que tenemos que ser conscientes de que no somos nosotros quines ganamos personas para Cristo, sino que las recibimos de Dios. La oración debe ser la meta verdadera, pues de Dios únicamente se puede hablar si también se le habla a Él y se habla con Él. Todo hablar sobre Dios es lo que constituye el centro de la nueva evangelización. La nueva evangelización será escuela de oración con todo lo que esto supone y significa. La misión de Cristo, tiene por meta la “communio” de los hombres con Dios y entre sí, que se abre a la “missio”. Y como Él la realizó, la tenemos que realizar los hombres. Los discípulos sabemos que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro.

“Bautizadlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” o camino litúrgico

En los orígenes de la Iglesia el Bautismo estaba asociado con una conversión radical, que incluía una transformación y una purificación. Del mismo modo, la evangelización hoy no es posible sin una disposición a la conversión y a un cambio de mentalidad. La nueva evangelización tiene que ser iniciación a la vida con el Dios vivo, que se nos ha mostrado en Jesucristo y que nos reúne en comunidad. Esta evangelización tiene que realizarse por un vivir con plenitud el Bautismo y también por la celebración de la Eucaristía. Daos cuenta que la Eucaristía y la misión forman una unidad.

“Enseñadles a cumplir cuanto os he enseñado” o camino profético

La palabra evangelización contiene el término “evangelio”, que designa aquello que debe ocurrir en el centro de la transmisión de la fe. Y este centro no es otro más que Jesucristo. Nuestro Señor, a diferencia del emperador romano, no proclama bandos o decretos, sino que Él es el “evangelio”, es el Hijo de Dios en persona, posee la clave de la verdad y con ello la auténtica alegría. La fe cristiana tiene que ser percibida como realmente evangelio, como a Aquél que nos entrega la verdadera alegría y es el camino, la verdad y la vida. La nueva evangelización es enseñar esto.

Con gran afecto, os bendice

+ Carlos, Arzobispo de Valencia

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