Religión Digital

La Navidad nos ha de hacer más humanos

24.12.11 | 11:05. Archivado en Cardenal Sistach

La fiesta cristiana más popular de todo el año es sin duda la Navidad, que este año cae en domingo. La Navidad es la conmemoración del nacimiento del Hijo de Dios en carne humana en Belén. San Pablo lo afirma en su carta a los Gálatas: “Llegada la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para que rescatara a los que vivíamos bajo la Ley y recibiéramos la condición de hijos.”

La Navidad es el inicio de la manifestación de Dios en Jesucristo, que nace pobre y humilde en un pesebre en el portal de Belén. La Navidad es la manifestación de un Dios solidario con el mundo. San Pablo, en su carta a Tito, lo expresa con unas palabras rebosantes de sentido: “Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres”.

La Navidad incluye un misterio de fe, pero también incluye un mensaje profundamente humano, lo cual puede explicar el profundo arraigo social de esta fiesta, también en nuestra sociedad tan secularizada en muchos aspectos.

Con razón el Concilio Vaticano II afirmó, en su documento sobre las relaciones de la Iglesia con el mundo, que “en realidad el misterio del hombre sólo se esclarece verdaderamente en el misterio del Verbo encarnado. Cristo, revelando el misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al mismo hombre y le descubre su altísima vocación”.

Cuando la humanidad de Dios se ha manifestado en Jesucristo, esta verdadera imagen del hombre ha de cambiar alguna cosa en nuestro interior. Nos ha de hacer más humanos. Y no sólo los días de Navidad. Porque la vocación de la persona humana es sobre todo el amor: el amor recibido y el amor ofrecido. Tan sólo en esta experiencia el hombre puede encontrar el sentido más profundo de su vida.

Por ello, la gracia de la fiesta de la Navidad debiera consistir en hacernos a todos más humanos, más fieles al designio de Dios sobre nosotros, más solidarios con los que sufren hambre y sed, con los enfermos y los pobres, aquí y en todas las partes del mundo. Una globalización del amor, como nos ha recordado Benedicto XVI en su primera encíclica.

En esta Navidad de un tiempo de crisis económica, todos estamos invitados a vivir la solidaridad como expresión de la fe cristiana, que es uno de los objetivos del Arzobispado de Barcelona. Y me complace agradecer el aumento de la solidaridad por parte de las parroquias, de Cáritas, de las instituciones eclesiales y de muchísimas personas que, como voluntarias y donantes, hacen más suave el sufrimiento de muchas personas y familias a causa de la crisis actual. La Iglesia, por medio de Cáritas y de otras instituciones, se esfuerza en hacer todo aquello que sus medios le permiten hacer, pero también pide que las cargas de la crisis sean asumidas por todos y no sólo por los sectores más frágiles de la sociedad.

Ante esta Navidad me parece oportuna la invitación a vivir con intensidad el amor hacia los hermanos, imitando al Señor que nació pobre en Belén por amor a todos. Él se hizo hombre para que nosotros llegáramos a ser hijos de Dios. Éste es un mensaje de Navidad que podemos ofrecer a muchas personas que no conocen a Jesús.

Os deseo una santa y feliz Navidad con la austeridad de la cueva de Belén.

† Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona


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