Según el diccionario, racionar es someter algo a un reparto por raciones establecido por la autoridad. Suele hacerse en circunstancias especiales y es una manera compulsiva de coartar la libertad. Una sociedad democrática tiene como primer postulado que es la persona quien desarrolla una cultura de la sobriedad y del buen uso de los bienes tangibles e intangibles.
Se eligen gobiernos para que tengan la capacidad y el arte de generar el mayor bienestar posible sin otra carga que la que se genera del trabajo productivo que permite una distribución equitativa para que los más débiles no queden por fuera.
El racionamiento de la gasolina, del agua, de la electricidad, y en ocasiones de alimentos y productos de primera necesidad, produce una merma en la calidad de vida de los ciudadanos. El mejor control es el de la creatividad y el incentivo a la participación privada. Racionar, es decir, coartar, limitar, sancionar conducen a una desigualdad mayor porque quienes más sufren y padecen estos controles son los que tienen menor poder adquisitivo.
La mayor parte de los servicios públicos fueron hasta hace poco servicios privados. Los asumió el Estado porque es la única manera de que lleguen a todos como mayor igualdad. Cuando no se da, el mecanismo normal y legítimo en una sociedad democrática es la protesta. Criminalizarla, reprimirla, escurrir el bulto de la responsabilidad primera que está en el ente público no en el ciudadano, es aumentarla porque no se corrige la ausencia de dicho servicio mandando a callar a la gente ni exigiéndole mayores sacrificios.
El uso de la fuerza se convierte en abuso porque quien detenta el poder tiene siempre mayores recursos y posibilidades que el resto de la población. No pareciera que vamos por el camino correcto. Sincerar la información, abrir espacios a la participación del talento humano y de la experiencia da mejores frutos que echarle la culpa a fenómenos naturales o a factores externos.
No racionemos la sensatez ni la participación democrática. Abramos espacios para que todos tengamos los mismos derechos, las mismas obligaciones y podamos vivir en paz con tranquilidad y serenidad de espíritu.
Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo
Domingo, 19 de febrero
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Jose Gallardo Alberni
Francisco Baena Calvo
Alejandro Córdoba
Juan Fernandez Krohn