Uno de los problemas más serios de los profundos cambios que se operan en el mundo actual es el de la adecuación del lenguaje. También urge una reingeniería de las palabras y los conceptos pues no significan lo mismo que hace apenas unos anos atrás.Democracia es una de esas palabras que a lo largo de los siglos ha sufrido grandes mutaciones. Los griegos, los primeros en usarla, le dieron un sentido apenas análogo al que surge después de la Revolución Francesa. Más cerca de nosotros, era tan democrática la Alemania Occidental que la Oriental. Sin embargo, bien sabemos que en la primera reinaba un cierto estado de derecho, mientras que en la segunda la ausencia de la libertad y el respeto a los derechos humanos marcó al régimen opresor prosoviético.
Hoy asistimos a una nueva mutación. El sociólogo chileno Fernando Mires ha inventado el vocablo hibridocracia para designar el (ab)uso de ciertos antidemócratas que se han servido de la democracia como Caballo de Troya para ocultar en nombre de la misma las más astutas dictaduras.
Como señala un agudo analista, el surgimiento creciente de hibridocracias es considerado como un síntoma en la hegemonía mundial de la idea de democracia. En la arena internacional no importa tanto que un gobierno sea democrático, sino que lo parezca. Eso es lo que han logrado la mayoría de las hibridocracias de nuestro tiempo. No son democráticas, están muy lejos de promover y garantizar una efectiva y consciente participación popular, se agotan en los momentos electorales, pero son reconocidas como tales y eso es, al fin, lo único que les importa.
Tanto Hitler como Mussolini llegaron al poder por elecciones. No las suprimieron luego, sólo las pervirtieron. Las hibridocracias son las dictaduras del siglo XXI. Gozan de cierta aceptación internacional, son dictaduras mediáticas y logran convencer a la opinión publica que son de izquierda y progresistas.
Bien vale la pena analizar lo que pasa en el continente latinoamericano para ver si lo que se nos vende como la panacea de la participación popular y la preocupación por los pobres, es otro de los muchos engaños en los que caen nuestros pueblos, ansiosos de vivir en justicia y libertad.
Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo
Viernes, 17 de febrero
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