Religión Digital

La era de la comnpasión

01.11.09 | 20:02. Archivado en Baltazar Porras

Jean Boissonant, periodista y ensayista francés, distingue tres grandes etapas del cristianismo: el primer milenio, la era de la contrición. Era tal el peso de las calamidades naturales y humanas, las hambrunas e invasiones, las persecuciones por diversos motivos, que la humanidad recurría a la religión como refugio para obtener el beneplácito divino. El segundo milenio, lo denomina de la acción. La fuerza del cristianismo tuvo el empuje para combatir la pobreza desde ella misma con las órdenes mendicantes y con el impulso misionero que llevó a la expansión en el orbe terráqueo.

En el tercer milenio, el cristianismo tendrá vigencia si se pone el acento en la compasión. El progreso humano y el avasallamiento de los poderes fácticos pesan de tal forma sobre las personas e instituciones que tienden a subyugarlos mediante la manipulación y la explotación. Los hechos así lo confirman, razón por la cual, ante el peso de los gobiernos y las grandes transnacionales, las ongs y las iglesias se convierten en las grandes defensoras de los derechos humanos integrales.

No parece errada la percepción. Se intenta desde diversos flancos, debilitar la presencia de la(s) iglesia(s), arrebatándole, sobre todo a la iglesia católica, lo que ha sido su mayor aporte: la defensa y promoción de los más débiles, a través de las obras educacionales, culturales, sanitarias y a la permanente denuncia de los abusos por parte, sobre todo, del poder político.

Benedicto XVI en su última encíclica señala que la crisis no se remedia con las ayudas. Los pobres no son un fardo que hay que arrastrar, ni una necesidad para la subsistencia de regímenes populistas. Ni el mercado ni los gobiernos totalitarios tienen necesidad de una cuota de pobreza y subdesarrollo para funcionar mejor.

El gran desafío, es mostrar como la trasparencia, la honestidad y la responsabilidad, deben ser expresión del don de la fraternidad, de la caridad y de la verdad, al mismo tiempo. Es la auténtica compasión que tanto aprecia la gente. Buena razón para los que pretenden sacar a Dios de la escuela y del corazón de los venezolanos.

Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo

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