Recuerdo visitas entrañables, en la vieja cárcel de Santiago, del fraile apenas joven a aquella reclusa madura y maternal que, según pude entender, estaba allí porque a pobres mujeres las ‘ayudaba’ a malparir. Mi amiga era una paradoja, pues aunaba en su carne lo materno y el malparto.
Soy viejo lo suficiente para recordar las primeras ‘batallas’ sociales a favor del aborto. Entonces, los que promovían su despenalización, como si ellos fuesen también madres en apuros, la justificaban por los problemas que determinados embarazos podían acarrear a la mujer.
No hacían falta profetas para predecir con certeza que ‘la solución’ suspirada, en vez de resolver unos problemas, iba a crear muchos más.
Hoy el aborto va camino de ser por ley un derecho de la mujer embarazada, un derecho de la mujer constituida en dueña y señora de su hijo no nacido, un derecho de la mujer a la que entre todos hemos privado de la conciencia de ser madre.
Hoy por ley, y con la complicidad de una sociedad distraída, nos deshacemos de seres humanos como si no lo fuesen. Los tratamos como ¡material biológico desechable!
Hoy por ley, a la mujer se la puede utilizar y abandonar: ¡Usar, tirar y olvidar!
Y para escarnio mayor, los aprovechados se justificarán diciendo: “A nosotros ¿qué? Allá ellas. Ellas lo han querido”. Porque en este mundo sin corazón son los pícaros quienes escriben y berrean que basta con ponerse de acuerdo para que, en una relación sexual, todo sea normal, legal, deseable y bueno. Ocultarán, sin embargo, que zozobra, miedos, angustia, lágrimas, oscuridad, muerte, culpabilidad, eso se lo dejan “a ellas”, a la mujer usada, tirada y olvidada en el basurero impenetrable del egoísmo humano.
Allí, abandonado y olvidado con ellas, puede que también por ellas, las precederá y las esperará, obstinado y fiel, el Amor que es Dios.
+ Fr. Santiago Agrelo Martínez
Arzobispo de Tánger
Sábado, 18 de febrero
Guillermo Gazanini Espinoza
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital
Francisco Baena Calvo
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Angel Moreno
Juan Antonio Espinosa
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos