En el exterior de la iglesia de San Juan, obreros del plan E levantan el asfalto con ruido y calor, mucho calor. En el interior, en el acogedor y silencioso vientre de piedra, también se trabaja en andamios ante un retablo que recupera sus destellos de pan de oro. Lo material se estropea y, a veces, se repara; también el interior de las personas se daña y muchas son las que van a iglesias como la de San Juan, en donde se encuentran a 'reparadores' de almas como Ceferino Martín Calvarro. Al que entrevista Sergio Lorenzo en Hoy.
- Acaba de cumplir 50 años de sacerdote... pero no se jubila.
- Los curas nos jubilamos civilmente a los 65 años (yo ya estoy jubilado), pero normalmente seguimos ejerciendo hasta que a los 75 nos jubilamos, se podría decir, eclesiásticamente. Yo estoy ahora para cumplir los 75 años y me podría jubilar definitivamente.
- Pero se le ve con fuerzas.
- Sí, pero tengo pluriempleo: doy clases en el seminario, soy vicario general, soy párroco de San Juan y tengo a mi padre con 101 años que vive conmigo. No hago otra cosa que del Obispado a casa, de casa a la parroquia y de la parroquia a casa, a atender a mi padre.
- Nació en Robledillo de Gata...
- Sí y a los cinco años mis padres se fueron a vivir a Descargamaría. Empecé en el seminario de Coria, ya siendo cura me fui a Salamanca a estudiar, volví al seminario de Cáceres, luego fui coadjutor de San Mateo, me fui de director al colegio Diocesano. Salí para ser vicario y siendo vicario he sido rector del seminario, vicario y párroco y ya el obispo además me ha hecho canónigo.
- También fue administrador de la Diócesis, algo así como obispo en funciones cuando se marchó Ciriaco Benavente, hasta que se nombró a Francisco Cerro. Hay quien dice que se quedó en las puertas de ser obispo ¿No le interesaba ser obispo?
- Bueno... Si dicen que me quedé a las puertas de ser obispo... pues que lo digan.
- ¿No tiene vanidad, igual que la mayoría de los seres humanos?
- Por supuesto que hay vanidad, pero yo no tengo ninguna aspiración. En estos momentos lo que deseo es vivir mi sacerdocio, después de cincuenta años, lo más serenamente posible, tratando de cumplir alguna misión, aunque es verdad que igual son excesivas misiones.
- ¿Cómo puede resumir esos 50 años?
- El resumen es que he pasado gran parte de mi vida con los jóvenes y ha sido para mí una experiencia hermosa. También ser párroco en San Juan ha sido como un premio que Dios me tenía reservado, porque es una parroquia muy especial. Decir misa aquí imprime carácter: lo respetuosa que está la gente, como participan, la atención, el silencio...
- ¿Cuánto lleva de párroco?
- Van a hacer 15 años.
- Usted, que tanto tiempo ha estado con jóvenes... ¿eso de educar en valores es una frase hecha?
- Educar en valores tiene mucha importancia y deja una huella profunda. La juventud tiene que saber discernir, a través de padres, de educadores, del cura de su parroquia. Eso de la educación en valores es como el vino añejo que tiene posos, y eso es lo que llamamos criterios de vida. A los 28 ó 30 años te puedes despistar, pero si tienes esos posos algún día salen, y es entonces cuando dices '¿qué he hecho yo?, estoy fuera de sitio'... y eso vale.
- ¿Con tanto tiempo sirviendo en la diócesis de Coria-Cáceres habrá conocido a destacados hombres de la Iglesia?
- He tratado muy estrechamente con tres obispos: a Jesús Domínguez que dejó en mí una huella profunda de lealtad; le sucedió don Ciriaco, que era la bondad personificada, el hombre más entrañable; y ahora don Francisco con el que me encuentro profundamente de acuerdo y da gusto trabajar con él. Pero también me ha influido don José Luis Cotallo, con el que conviví cuando fue rector del seminario y también cuando él fue director del Diocesano y yo subdirector. Recuerdo al padre espiritual del seminario, don Aureliano; al párroco de Casar de Cáceres, Domínguez; y el padre Nicolás García que tiene unos ocho años más que yo.
- ¿Tiene un lugar preferido dentro de la iglesia de San Juan?
- El rincón donde yo paso más tiempo es en el confesionario. En San Juan ya he confesado a más de 51.000 personas. Si se ponen en fila llegaría a Alcántara.
- ¿Y quién confiesa a los curas?
- Nos confesamos entre nosotros.
- ¿Es verdad que se olvidan de los pecados que les cuentan y quién se los confiesa?
- Eso debe ser algo providencial. Pero además no es sólo que se olviden, es que yo no he sentido jamás, ni tentación siquiera, el querer contar una cosa que me han dicho en confesión. Y cuando lo he comentado con compañeros, les pasa lo mismo. Parece que eso cae en un baúl sin fondo y se olvida uno totalmente (se ríe).
- Bueno... ¿entonces está pensando en dejar la parroquia?
- Hombre, llega un momento... Desde luego cuando cumpla 75 años pondré la parroquia a disposición del obispo, que me puede decir que sí o que espere un poco. Por otra parte, también esta mi padre, que igual va a necesitar más cuidados. Yo estoy mentalizado que mi padre me tiene a mí, y a nadie más que a mí, y tengo que cuidarle.
Domingo, 19 de febrero
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
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