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Vicente Ferrer: hombre de Dios y profeta de esperanza

23.06.09 | 16:11. Archivado en Nicolas Castellanos
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Mi querida Anna, Moncho y familia:
Al hacer memoria agradecida de nuestro entrañable e incomparable Vicente Ferrer, hombre de Dios, samaritano de todo dolor y profeta de esperanza para el ser humano de todos los colores, credos e ideologías, sobre todo para los empobrecidos, no puedo menos de evocar aquella jornada entrañable, que vivimos profundamente unidos en el gozo y alegría de recibir juntos, el PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS DE LA CONCORDIA, en el ya lejano 1998.

Evocar a VICENTE FERRER es solo para hablar de la Vida, de la Esperanza, de la Solidaridad, de la Ternura, el Cariño y la Amistad; y no de la muerte. Este profeta de la vida ya está en Paz, ya no sufre. Nosotros sí sufrimos su pérdida irreparable. Hoy, en este momento histórico familiar, no seríamos justos sino le damos las gracias al Dios de la Vida por nuestro sencillo y entrañable Vicente Ferrer. Ha sido un regalo maravilloso para Anantapur, la India, España, para toda la humanidad, para la Compañía de Jesús, para la Iglesia, para ti, querida ANNA, Moncho (conservo fotos entrañables de Vicente y vosotros en Oviedo), para los que compartimos con Vicente el Premio Príncipe de Asturias de la CONCORDIA, para todos los amigos y admiradores, para toda la gente que llora su muerte, su paso a la VIDA, al lado del TOTALMENTE OTRO.

Lloramos en esperanza, porque todo lo que sembró de amor, solidaridad, justicia, ternura, compasión; no puede morir, vivirá en su resurrección, en la memoria, recuerdo, gratitud de todos los que sintieron su mano samaritana o el aliento de su espíritu, que se extendió por todo el mundo.

Su paso definitivo a la Vida quiere decirnos que tenemos que seguir sus huellas de amor, que pasó por la vida levantando esperanzas en los excluidos y empobrecidos. Este es su testamento.

Querida ANNA, comparto cariñosamente con vosotros el dolor y la esperanza, la separación de nuestro inolvidable Vicente. Estáis experimentando que el dolor compartido es menos dolor.

Me siento entrañablemente unido a vosotros, en este momento de dolor y de esperanza y aceptamos de Vicente el testigo de ese noble ideal de su vida de practicar la justicia social, luchar por las libertades, defender los derechos humanos para que todos los empobrecidos y excluidos gocen de una vida digna y plena.

Un signo evidente de que Dios ama a nuestro querido Vicente es esa expresión multitudinaria de cariño, de dolor, esperanza, gratitud, con que le despiden y, a la vez, os acompañan especialmente a ti, ANNA y a toda la familia de Anantapur.

Descanse en paz, el que pasó por la tierra haciendo el bien a todos.

Nicolás Castellanos Franco Osa
Obispo Emérito de Palencia (España)
Presidente de la Fundación Hombres Nuevos

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