Religión Digital

Faustino Catalina, periodista de la COPE, participó en una Misa clandestina en China

08.01.09 | 09:38. Archivado en Cadena COPE
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Javier Fariñas, presentador de "Mundo Solidario" en PopularTV continúa la campaña de apoyo a la Iglesia Católica China a través de la emisión de reportajes y entrevistas a diversas personas relacionadas con la Iglesia en dicho país. En esta ocasión ha contado con Faustino Catalina, redactor de la Cadena COPE que tuvo la oportunidad de asistir a una Misa clandestina en un país donde la libertad religiosa dista mucho de la que podemos disfrutar aquí.

Javier Fariñas: Feliz Navidad, Feliz Año nuevo para ti y para los tuyos, para tu familia y tus compañeros de COPE.

Faustino Catalina: igualmente para vosotros, que estamos en casa.

J.F.: Faustino, ¿has estado en una Misa clandestina en China?

F.C.: pues sí, y en más de una diría yo, pero podemos hablar de una en concreto y de lo que hemos podido vivir y sentir allí porque la verdad es que es una circunstancia especial, aquí donde parece que nos cuesta acercarnos a la Iglesia para participar en la Eucaristía; sin embargo allí, viendo a la gente, los esfuerzos y sacrificios personales y familiares que tienen que hacer para poder celebrar o participar en una Eucaristía pues la verdad es que es admirable.

J.F.: seguro Faustino que viste la semana pasada al Padre Daniel Cerezo, al que tuvimos sentado aquí mismo. Le preguntamos cómo se vivía la celebración de la Nochebuena y la Navidad allí en China, y nos decía "esto parecía los partidos de fútbol del Madrid, la gente va dos, tres o cuatro horas antes a Misa para tener un sitio donde sentarse". Es decir, qué distinta es la vida de fe de la de aquí. ¿Cómo es una Misa clandestina?

F.C.: pues es una Misa que se celebra en una Iglesia, que no es un edificio público. Normalmente se celebran en capillas clandestinas, pequeñas habitaciones de particulares que han sido habilitadas como capillas y donde la gente sabe que se dan ahí, se reúnen el día concreto, el domingo a una determinada hora, los que pueden, porque no todos pueden compaginar trabajo con la práctica religiosa, pero se reúnen y se celebra en medio de un ambiente de familiaridad, muy entrañable, muy de fe porque no solamente es el ir a Misa y estar con el resto de creyentes de la comunidad, más o menos grande que normalmente no suelen ser muy numerosas, sino compartir la fe antes y después de la Misa. Compartir la fe y todo lo que rodea a la celebración de la Eucaristía.

J.F.: antes no dije que eres redactor de información socio-religiosa en la Cadena COPE desde hace 20 años, y en todo este tiempo que llevas trabajando en ello has conocido distintas realidades de Iglesia, algunas perseguidas, otras menos, algunas más abiertas, otras no tanto, ¿qué es lo que más te ha sorprendido de esta experiencia con la Iglesia Católica China?

F.C.: la forma heroica, y no exagero, en que viven su fe. Practicar la fe, para mucha de esta gente, es un heroísmo, es decir, tener que compaginar y solventar las dificultades que tienen a la hora de asistir a la Misa, de no poder decir a sus hijos que van a Misa porque eso puede traerles represalias u otras consecuencias en el colegio, tener que desplazarse dos o tres horas, tener incluso que dormir en otra ciudad diferente de la suya para poder asistir a una Eucaristía... todo eso es un sacrificio que desde aquí no parece tanto pero realmente es heroico porque al estar en esa situación de clandestinidad, todo lo que rodea su vida está un poco pendiente y condicionado por esa situación tan especial, y realmente aunque es una fe muy sencilla, muy vivida, también es una entrega que no tiene límites y que es admirable.

J.F.: pero no decir ni siquiera a los hijos que uno va a Misa...

F.C.: no, en este tipo de Iglesia clandestina obviamente no pueden decírselo porque hasta que no son mayores de edad con 16 ó 18 años les podría traer consecuencias, de hecho hay muchos creyentes que viven en esta Iglesia, practican dentro de los límites que pueden, pero por ejemplo en sus trabajos, poca gente o nadie sabe que son cristianos practicantes. Porque eso normalmente suele traer consecuencias para su vida práctica, personas practicantes y que no consiguen prosperar nunca más en vida laboral o que se les impide de alguna manera practicar o trabajar en su profesión. Son dificultades que se van acumulando. Aparte de las que surgen de familias donde el padre es creyente y la madre no o al revés, ahí es un constante conflicto el vivir la fe en esas circunstancias.

J.F.: viajaste a China junto a un grupo de personas de Ayuda a la Iglesia Necesitada para conocer los proyectos y esa realidad, y precisamente las primeras etapas fueron en las que viste de forma más directa la realidad de esa Iglesia clandestina, el aterrizaje fue directo al centro.

F.C.: sí, porque esta primera que vivimos era de un Iglesia perseguida. Hablamos de fieles creyentes y hasta obispos de zonas amplias sin libertad de movimientos, con todos sus movimientos controlados, que viven muy humildemente, que no pueden reunirse con los sacerdotes apenas una o dos veces al año, sin medios para la catequesis con los jóvenes. Si seguimos hablando de las religiosas, de su entrega a los ancianos, a los niños que aparecen abandonados a sus puertas, especialmente niñas, orfanatos que les acogen, enfermos de sida, etc., sólo les atiende la Iglesia. Siempre controlados por las autoridades porque saben que existen, pero saben que la Iglesia católica les atiende.

J.F.: ¿Es cierta la frase "es más fácil matar en China a una persona que practicar una religión"?

F.C.: es literal de un sacerdote de una zona difícil, donde se vive en unas circunstancias extremas, y vivir la fe es un heroísmo porque tienen controlados todos los movimientos, tienen que celebrar todo en la clandestinidad, no pueden tener ningún tipo de manifestación pública y, aunque se han adaptado a ese tipo de vida, la verdad es que uno nunca puede adaptarse a algo así de duro, por eso es admirable. Esas palabras, aunque suenen muy duras, son reales.

J.F.: el nombramiento de obispos es una de las cuestiones importantes que van escribiendo la historia reciente de china y de la Santa Sede. ¿Vosotros conocisteis a un obispo que fue nombrado con 31 ó 32 años?

F.C.: sí, con 32 años, en su momento el obispo más joven del mundo, y teóricamente no podría ser nombrado obispo, pero se hizo una excepción por las circunstancias especiales que se vivían en ese momento. Después ese obispo tuvo que pasar una época "fuera de juego" porque estuvo controlado por las autoridades chinas, y después pudo trabajar públicamente. Se hizo la excepción de saltarse el derecho canónico, tiene una norma de una edad más alta, para que pudiera empezar a trabajar como obispo. Hemos visto cómo la situación es difícil en esta convivencia permanente entre la Iglesia oficial y la patriótica, cada diócesis es una circunstancia diferente, pero en todo caso creo que lo importante es resaltar la fe, el testimonio, el trabajo callado de estos obispos.

J.F.: ¿En el caso del obispo del que nos hablabas?

F.C.: pues tiene una diócesis con 20-25 sacerdotes donde están viviendo con los más pobres del campo, en las afueras de una gran ciudad, los medios que tienen son mínimos y no tienen apenas para comer, y mucho menos para realizar otro tipo de actividades como mantener una catequesis u organizar determinados actos litúrgicos. Todo bajo mínimo porque les falta lo mínimo, lo que les crea una angustia para ver cómo pueden salir adelante mes a mes.

J.F.: esas dos semanas largas que estuvisteis allí, conocisteis desde grandes ciudades a pequeña comunidades. ¿Qué diferencias había entre unas y otras?

F.C.: las pequeñas comunidades suelen estar muy dispersas, en medio del campo, sobre todo campesinas, que viven una religiosidad muy simple y sencilla pero muy sentida, muy entrega. Quizás se diferencian de las ciudades en que a éstas van llegando otro tipo de ideas como el consumismo, todo lo que les va contagiando su forma de ser y pensar y les hace perder esa religiosidad. Eso frena un poco y establece diferencias, aunque en el fondo sea la misma fe.

J.F.: como comunicador, cuando estabas allí, ¿cómo te planteabas decir "si ahora te cuento yo de China"?

F.C.: la verdad, uno se plantea qué y cómo contar las cosas porque son muchas las que hemos visto, pero sobre todo transmitir a la gente que los creyentes chinos han estado muchos años viviendo situaciones difíciles en la época de la revolución y posteriores. Ahora la situación no es tan crítica como antes aunque sigue habiendo determinados controles sobre los obispos y las comunidades, lo que falta es libertad religiosa, aunque esté reconocida oficialmente, entonces yo creo que lo que hay que transmitir es que tiene unas necesidades muy básicas como un cura que necesita una moto para poder desplazarse 30, 40 ó 50 kilómetros para poder decir una Misa y no tener que perder en ello medio día. Cosas tan simples como esa pueden ayudar a vivir un poco mejor esa religión, expresarla y compartirla con los hermanos.

J.F.: de todo lo que vísteis, ¿cuál es el detalle que pueda resumir cómo vive y sufre la Iglesia en China?

F.C.: entre las múltiples situaciones en las que hemos estado, un obispo con el que estuvimos y que no estaba en una situación habitual, de hecho estaba en la clandestinidad, y se sabía controlado por las autoridades. Le decíamos, "pero cómo puede vd. vivir en esta situación sabiendo que están controlados sus movimientos, sus teléfonos, sabiendo dónde está en todo momento", y él respondió "yo lo dejo todo a la Providencia, Señor perdónales porque no saben lo que hacen".

J.F.: Faustino, con eso nos quedamos. Gracias por haber compartido con nosotros estos minutos. Ya sabes que ésta es tu casa.

F.C.: muchas gracias e igualmente.

Ayuda a la Iglesia Necesitada ha puesto en marcha una campaña llamada "para los católicos olvidados de China" para ayudar en diferentes aspectos: edición del catecismo "yo creo", motorización, ayuda de subsistencia a religiosas y sacerdotes, infraestructuras eclesiales, construcción y seminaristas.
Información y donativos: 902 636 737.

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