Este segundo domingo del mes de febrero celebramos la jornada central de la Campaña Mundial contra el Hambre que organiza Manos Unidas, una organización no gubernamental (ONG) católica, formada por voluntarios, que desde el año 1960 lucha contra el subdesarrollo y sus causas. En su actividad ya ha superado el medio siglo; la campaña actual es la número 53. Aunque hoy en esta organización de la Iglesia trabajan, la mayoría como voluntarios, hombres y mujeres –entre ellos muchos jóvenes- debemos recordar que la iniciativa de la creación de la campaña fue, en sus orígenes, una iniciativa de las mujeres de Acción Católica.
La campaña de este año de Manos Unidas reclama el cumplimiento del objetivo sexto del Milenio, de la ONU: la protección de los derechos de todos a la salud, particularmente del combate contra el SIDA, el paludismo, la malaria, la tuberculosis, la enfermedad del sueño y todas aquellas que afectan a gran parte del mundo, sobre todo en África.
Recuerdo hace muchos años haber leído, cuando era estudiante de Teología, una expresión que después he visto repetir en muchas ocasiones: “Europa es tierra de misión, debemos cobrar conciencia de ello y actuar en consecuencia”. Esta afirmación adquiere una fuerza especial en estos momentos para todos nosotros. No es extraño que los últimos papas, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI, nos estén llamando a realizarla. Los cambios importantes que se han dado en nuestra sociedad, en los que la Iglesia vive y lleva a cabo su misión, nos invitan a ello. La Iglesia está convencida de que el Evangelio que le ha sido confiado es propiciador, hasta tal punto de vista, que puede ganar el corazón de los hombres.
HECHOS La Cámara de Diputados de nuestro país aprobó un cambio al artículo 24 de la Constitución, con la intención de ampliar la libertad religiosa para todos los ciudadanos, creyentes y no creyentes. El texto está ahora en el Senado, para ser ratificado, modificado o congelado. Se han vertido muchas opiniones al respecto. Algunas son fruto de ignorancia de lo que implica la libertad religiosa, pues la reducen a libertad de creencias y de prácticas cultuales, que ya está reconocida en nuestras leyes. Debe abarcar también la libertad de expresión, de manifestación y de conciencia, entre otras cosas.
El día 2 de febrero celebramos en la Iglesia la fiesta de la Presentación del Señor en el templo. Desde el año 1997, por deseo del Beato Juan Pablo II, ese día celebra toda la Iglesia la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Con gran alegría lo celebramos en nuestra Archidiócesis de Valencia y oramos por todos los religiosos, religiosas, sociedades de vida apostólica, institutos seculares y vírgenes consagradas. El lema que la Iglesia ha elegido para este año es: “Ven y sígueme” (Mc 10, 21). Vida Consagrada y Nueva Evangelización. Es un lema lleno de sugerencias. Llama a seguir a Jesucristo y sólo a Jesucristo. Y es que la vida consagrada lo que se propone es seguir muy de cerca y sin condiciones a Jesucristo en la consagración, comunión y misión. ¡Qué bien viene recordar aquí unas palabras de San Juan de la Cruz, que son un aviso lleno de profundidad para hacer la vida de seguimiento!: “Nunca tomes por ejemplo al hombre en lo que hubieres de hacer, por santo que sea, porque te pondrá el demonio delante sus imperfecciones; sino imita a Cristo, que es sumamente perfecto y sumamente santo, y nunca errarás” (San Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor, n. 156, en Obras Completas, BAC, Madrid 1982, pág. 54).
El motor que genera mayor energía positiva en el ser humano es la ternura y debilidad de un niño. Nacimos para cuidar y desarrollar la vida, de manera armónica, con la esperanza de que esa vida fructifique en ejecutorias de bien. Asistimos, sin embargo, a la destrucción de lo más noble, inculcando y promoviendo la agresividad, el instinto de lucha y supervivencia, a través de la fuerza y del abuso de poder, haciendo que los niños y adolescentes sean los protagonistas de aquello que debiéramos erradicar.
La Iglesia celebra el 2 de febrero la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo. Y en tal fecha tiene especialmente presente a las mujeres y los hombres de vida consagrada. Personas cuyo principal testimonio consiste en mostrar, con su ejemplo, que Dios debe ser apreciado con todas las fuerzas del corazón.
HECHOS El tesoro más grande que Dios nos dio es la libertad. Y nos parecemos más a El cuando la usamos para amar. Nos alejamos de ser su imagen si esta libertad nos destruye, si nos encadena a vicios, si abusamos de ella para dañar a los demás. La educación más difícil, personal y de otros, es el proceso para ser libres. El reto más complicado es que los hijos, desde pequeñitos, sobre todo los adolescentes y jóvenes, con el buen ejemplo de sus padres, aprendan a controlar sus instintos y reacciones, que sean dueños de sí mismos, no esclavos de sus gustos, emociones y deseos.
Cuando esto se logra, se forman personas maduras, responsables, fieles a sus compromisos, respetuosos de los demás, pacientes, capaces de renunciar a los atractivos del alcohol, de las drogas, del abuso sexual, del atractivo de robar y de golpear. Es un proceso que dura toda la vida, pero tienen que ponerse las bases desde la familia, la escuela y la Iglesia.
Todo lo contrario a esta libertad madura y constructiva, en la tendencia a ver con buenos ojos que cada quien haga lo que quiera, que no se le reprima para que no se traume, que se manifieste tal cual es, que nada se le niegue, que goce la vida… Aquí está la raíz de tanto libertinaje, de la exaltación de los derechos sin deberes, de la agresividad social incontrolada. ¿Qué hacer?
CRITERIOS
El Papa Benedicto XVI, con motivo de la Jornada Mundial de la Paz en este año, nos dice:
“La libertad es un valor precioso, pero delicado; se la puede entender y usar mal. En la actualidad, un obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa es la masiva presencia, en nuestra sociedad y cultura, del relativismo que, al no reconocer nada como definitivo, deja como última medida sólo el propio yo con sus caprichos; y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro, dejando a cada uno encerrado dentro de su propio “yo”. Por consiguiente, dentro de ese horizonte relativista no es posible una auténtica educación, pues sin la luz de la verdad, antes o después, toda persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común. Para ejercer su libertad, el hombre debe superar por tanto el horizonte del relativismo y conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el bien y el mal.
Sólo en la relación con Dios comprende también el hombre el significado de la propia libertad. Y es cometido de la educación el formar en la auténtica libertad. Ésta no es la ausencia de vínculos o el dominio del libre albedrío, no es el absolutismo del yo. El hombre que cree ser absoluto, no depender de nada ni de nadie, que puede hacer todo lo que se le antoja, termina por contradecir la verdad del propio ser, perdiendo su libertad. Por el contrario, el hombre es un ser relacional, que vive en relación con los otros y, sobre todo, con Dios. La auténtica libertad nunca se puede alcanzar alejándose de Él.
También los jóvenes han de tener el valor de vivir ante todo ellos mismos lo que piden a quienes están en su entorno. Les corresponde una gran responsabilidad: que tengan la fuerza de usar bien y conscientemente la libertad. También ellos son responsables de la propia educación y formación en la justicia y la paz”.
PROPUESTAS
Padres de familia: Vivan responsablemente su propia libertad, para que sean capaces de educar a sus hijos en esta nobilísima virtud. No den mal ejemplo llegando a casa a la hora que les dé la gana, alegando que pueden hacer lo que quieran. Eso generará que sus hijos procedan igual. Al contrario, ejerzan su libertad siendo responsables en el trabajo y en el hogar. No consientan que los hijos se la pasen jugando, en la calle, viendo televisión, durmiendo, si es que deben hacer la tarea, ayudar al quehacer familiar, compartir con los demás. Que se levanten a tiempo, que regresen a una hora fija por las noches, que se controlen al comer y beber. Duele no darles gusto en todo, pero es lo que más les hace crecer como personas libres.
Profesores, comunicadores y pastores, ayudemos en esta trascendente tarea educativa.
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
Para las comunidades eclesiales son una auténtica riqueza los hombres y las mujeres que por amor a Dios y a los hermanos viven más radicalmente las exigencias del bautismo recibido. Estos cristianos y cristianas son conocidos en la Iglesia como los que viven una vida consagrada a Dios, siguiendo radicalmente a Jesús en la castidad, la pobreza y la obediencia. Han escuchado y acogido la invitación del Señor: “Ven y sígueme”.
¡Qué agradables a los oídos y al corazón resultan las oraciones de la Misa! En ellas, la Iglesia nos hace decir: “Oh Dios, que das la prueba suprema de tu poder, cuando muestras la paciencia y te apiadas sin cansancio…”. ¡Qué grande es Dios! Pone todo su poder en la paciencia y en el perdón. Siempre es el Totalmente-Otro. ¡Qué diferencia tan abismal con nosotros, los hombres, que ponemos siempre en primer lugar, la impaciencia y los resultados inmediatos! Es más, nosotros pertenecemos a la generación del rendimiento, de la prisa… y esto se da con más abundancia hoy. De tal manera que si Dios fuera como nosotros, nos barrería a todos al instante y esta tierra quedaría desierta. Pero no es así, Dios está de nuestra parte y siempre está a nuestro lado. Él, tal y como nos lo revela Nuestro Señor Jesucristo, pone todo su poder en no aplastar a nadie y en tener paciencia. Es el que gasta tiempo con nosotros, entre otras cosas, porque tiene la eternidad por delante.
Existe una percepción social negativa de la figura del político. Lamentablemente, en el caso venezolano, este imaginario es alimentado por la propaganda oficial que vitupera a todos los políticos del pasado y pretende poner en un nicho impoluto a los actuales políticos que conducen la cosa pública. Peligroso boomerang, pues la vocación y profesión del político es, debe ser, la misma, así milite en las antípodas de su contrincante.
Existe una percepción social negativa de la figura del político. Lamentablemente, en el caso venezolano, este imaginario es alimentado por la propaganda oficial que vitupera a todos los políticos del pasado y pretende poner en un nicho impoluto a los actuales políticos que conducen la cosa pública. Peligroso boomerang, pues la vocación y profesión del político es, debe ser, la misma, así milite en las antípodas de su contrincante.
Lunes, 13 de febrero
Francisco Baena Calvo
Alfonso Saborido Salado
Pedro Tarquis
Angel Moreno
Juan Jáuregui Castelo
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
José Mª Castillo
Sor Gemma Morató
Julián Moreno Mestre