El recuerdo del obispo Antonio Añoveros en el centenario de su nacimiento me evoca una visita suya atípica a la abadía de Montserrat. En 1974, después de su pastoral en defensa de la lengua y la cultura vascas, el Gobierno de Arias Navarro había decidido su expulsión. Pablo VI y el nuncio se solidarizaron con el prelado bilbaíno y Tarancón acudió a una misa en Vallecas llevando en el bolsillo el decreto de excomunión de los responsables de la expulsión, pero durante la celebración le susurraron que en el último momento Franco, siempre cauto con la Iglesia, se había echado atrás. Sin embargo, tras la tensión de aquellos días se hizo público que Añoveros pasaría unos días descansando lejos de su sede. Entonces el padre Abad Cassià Just le telefoneó para solidarizarse con él y también para invitarle a pasar aquellos días en Montserrat, donde nadie le molestaría. El obispo se lo agradeció, pero dijo que había pensado ir a Tarragona, donde tenía un hermano casado.
Miércoles, 25 de noviembre
Pedro Tarquis
Francisco Margallo
Juan Fernandez Krohn
Guillermo Gazanini Espinoza
Rodrigo del Pozo Fernández
Siro López
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Jaime Vázquez Allegue
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia