Son 147 los grupos, comunidades, asociaciones y movimientos católicos de base que firman el “manifiesto por la laicidad”. Una proclama pública en 8 puntos, en la que piden “un pacto de laicidad entre las confesiones religiosas y el Estado”, apuestan por una “laicidad plena” y denuncian los Acuerdos de 1979 del Estado español con la Santa Sede.
El papel de la religión en la sociedad debe ser aclarado. Pero los planteamientos políticos sobre este asunto tienden a convertirse en un enfrentamiento de progresismos e integrismos trasnochados. Creo que la laicidad, al establecer que el lazo básico de la sociabilidad no es religioso sino civil, ha sido un gran progreso, pero, al mismo tiempo, me sorprende el extendido desinterés, y la incultura respecto del hecho religioso.
El Gobierno va a modificar la Ley de Libertad Religiosa y algunos se han puesto nerviosos. La Iglesia católica no. Ha acogido con un prudente silencio la noticia, hasta ver cómo será la nueva ley. Es verdad que los antecedentes -promoción del laicismo radical- de este Gobierno hacen temer lo peor, pero conviene esperar, no sea que lo que busque el Gobierno sea provocar una algarada católica que, de momento, sirva para distraer la atención de la crisis económica y, por último, para presentarnos como exaltados si la nueva ley no es tan mala.
La vicepresidenta De la Vega ha insistido en la voluntad firme del Gobierno de "avanzar en la laicidad del Estado" y de "proteger las creencias de quienes no creen". Público ha elaborado un decálogo para convertir España en un Estado laico. ¿Está de acuerdo con todos o con alguno de ellos? ¿Se le pueden contraponer otros diez mandamientos de un Estado laico pero que respete las creencias de los ciudadanos?
La vicepresidenta Fernández de la Vega presentó anteayer en el Congreso las prioridades del nuevo Ejecutivo para la legislatura que comienza, entre las que destacó "avanzar en la condición de laicidad que la Constitución otorga a nuestro Estado". Fernández de la Vega concretó en parte este objetivo al anunciar una reforma de la Ley de Libertad Religiosa. El Gobierno ha corregido, así, el programa que el Partido Socialista presentó en las últimas elecciones, del que retiró a última hora el compromiso de reformar esta norma, vigente desde 1980.
No me atrevo a decir que el acoso sufrido por el Papa el pasado 17 de enero, cuando tuvo que renunciar al acto para el que fue invitado por la Universidad de Roma, responda a un calendario de hostilidad programada contra la Iglesia Católica. Pero en esta era de la globalización, tanto la mentecatez más perversa como la mezquindad más ruin son objeto del famoso “efecto llamada”: mentecatos y mezquinos que se dan “ideas” mientras contradicen con sus propios hechos aquello que presuntamente dicen defender.
En este otoño, que se sigue manteniendo caliente en las relaciones Iglesia-Estado, no nos vendrá mal a nadie recordar la propuesta del pensador francés Régis Debray acerca de una laicidad inteligente. El otrora seguidor del Che Guevara ha entrado en la reflexión sobre la religión en la sociedad con propuestas sensatas y análisis dignos de tener en cuenta. No nos vendrá mal mirar allende los Pirineos.
Domingo, 22 de noviembre
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Sor Lucía Caram O.P
Juan Fernandez Krohn
Julián Moreno Mestre
Siro López
Jaime Vázquez Allegue
Rodrigo del Pozo Fernández