Cada día que pasa, el Gobierno socialista se acerca al límite que marcan los Acuerdos entre la Iglesia y el Estado. El convenio con la Comunidad de Madrid no ha tenido otro referente que el firmado por los ministros de Justicia y Sanidad y Consumo y el presidente de la Conferencia Episcopal Española el 24 de julio de 1985, en época de Felipe González; un acuerdo sobre asistencia religiosa católica en los centros hospitalarios públicos publicado en el BOE el 21 de diciembre de 1985. En la capital de España quien ratificó el primer texto sobre asistencia religiosa en los hospitales fue el presidente socialista Joaquín Leguina, dato que la SER parece que ha olvidado, a no ser que la tercera generación de socialistas españoles quieran freudianamente acabar con sus padres, al menos en estas materias.
El Vaticano reproduce estos días el debate sobre la eutanasia suscitado en la sociedad italiana por el caso de Pier Giorgio Welby, a quien la Iglesia negó un funeral después de conseguir el enfermo que un médico desconectara el respirador que le mantenía con vida.
Eutanasia significa buena muerte. Pero “buen morir” es una expresión más amplia: se refiere al “proceso de morir” más que el “momento de la muerte”. Es un malentendido llamar eutanasia o cooperación al suicidio a la práctica de la moderación terapéutica o rechazo de recursos médicos desproporcionados, es decir, al elegir responsablemente cómo vivir hasta el momento de morir y cómo recorrer autónomamente el camino del morir.
Miércoles, 25 de noviembre
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Escuelas Católicas
Rodrigo del Pozo Fernández
Editorial San Pablo
Sor Gemma Morató
Vicente Haya
Guillermo Gazanini Espinoza
Francisco Baena Calvo
Asoc. Humanismo sin Credos