El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha anulado las referencias relativas a la llamada “ideología de género”, recogidas en las normativa aprobada por la Junta de Andalucía, para la nueva y controvertida asignatura de “Educación para la Ciudadanía”. Como es bien sabido, las modificaciones que el TSJA ha impuesto han sido promovidas por magistrados de los que se sabe que son personas vinculadas a los sectores más conservadores de la Iglesia.Lo cual resulta comprensible si se tiene en cuenta que la expresión “de género” equivale, en definitiva, a la expresión “de sexo”. Un tema que suele ser motivo de preocupación y hasta de crispación para no pocas personas en la Iglesia.
La Asociación de Teólogos/as Juan XXIII desea expresar su punto de vista en torno al debate sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía, desde una perspectiva ético-teológica:
La teóloga Carmen Pellicer visita Bilbao de la mano del Grupo Cristianos Socialistas para dar una conferencia acerca de Educación para la Ciudadanía, la polémica asignatura en cuya gestación ha colaborado. Es, además, autora del libro de texto puesto en el mercado por una de las grandes editoriales. «No hay ningún contenido en la materia que entre en conflicto con la moral católica», afirma. Aprovechó su estancia para entrevistarse, ayer, con el obispo Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal.
El ala derecha de la jerarquía eclesiástica española le está echando un pulso al Gobierno socialista a cuenta de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, que quiere convertir en la última trinchera de un combate destinado a frenar su pérdida de influencia en la sociedad y a desgastar a un Ejecutivo al que ve como enemigo. Tras perder las batallas contra el divorcio, la interrupción legal del embarazo y los matrimonios entre personas del mismo sexo, trata de conservar para la Iglesia el monopolio de la educación moral.
El presidente de la Fundación Encuentro, José María Martín Patino, acaba de participar en unas Jornadas sobre EpC en el Parlamento. Y allí quiso dejar bien claro que tan sólo es una "minoría radical de la iglesia y de las organizaciones seglares" las que se oponen a la asignatura, y que el llamamiento a la desobediencia civil es "ajeno" a la historia de la Iglesia.
Me parece que enfrentar la instrucción y la educación, incluso llegando a valorar una como recomendable y la otra como manipuladora, resulta absurdo cuando se considera en su conjunto el sentido de la transmisión cultural. Ambas responden a la necesidad de proporcionar a los jóvenes los elementos que consideramos más útiles para que su vida y la armonía social tengan esperanza de prosperidad. Según este cri-terio, tan importante es que el neófito conozca el dato objetivo de que la carne humana es comestible como la pauta moral que recomienda enérgicamente otro tipo de dieta. Y así llegamos a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, que parece destinada a nacer bajo el sol melancólico de Saturno, devorador de sus propios hijos.
No es verdad lo que ha dicho el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Blázquez, de que la Iglesia católica no impone sino que propone su fe. En España, a lo largo de muchos siglos, ha impuesto su fe —y no digamos en los tiempos de la Inquisición—, y en el franquismo, que aún no está muy lejos en el tiempo, no digamos si imponía su doctrina.
ALGÚN día estallará una guerra religiosa de verdad entre la Iglesia Católica y el Gobierno. Ambas partes la están rondando. A veces recuerdan a esos países vecinos cuyos ejércitos hacen incursiones bélicas en el territorio limítrofe para provocar, medir fuerzas o probar la capacidad de aguante. Nunca terminan por declarar el conflicto, pero viven en situación prebélica.
Crece la tensión en torno a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, contestada por el Partido Popular y por la Conferencia Episcopal Española. Algunos barones regionales del principal grupo de la oposición, como Esperanza Aguirre, han venido a coincidir con la asamblea de los obispos en objetar la enseñanza de esta materia, que comenzará a impartirse el próximo curso.
El Estado financia a los colegios católicos concertados -2.375 centros en 2006-, con algo más de 3.000 millones de euros anuales. No es pequeña cantidad, pero los obispos la creen insuficiente. Opinan que sus servicios a la sociedad merecen mejor pago. El dinero lo administran las congregaciones religiosas, propietarias de unos colegios que educan este curso a 1.368.237 alumnos. En algunas comunidades autónomas, sobre todo las gobernadas por nacionalistas con tinte democristiano, la mitad de la enseñanza primaria y secundaria está en manos de religiosos.
María Teresa Fernández de la Vega en "la Razón de...", foro de debate del diario La Razón. Sobre Educación para la Ciudadanía dijo lo siguiente: «Educación para la Ciudadanía no compite contra la religión ni contra nada».
No estaría de más que los obispos americanos invitaran a los obispos españoles a uno de esos tours de formación. En dicho tour de formación los prelados americanos mostrarían a sus homólogos españoles cómo la Iglesia puede, valiéndose de las nuevas técnicas de captación, aumentar el número de fieles y tenerlos seriamente comprometidos para que no sean cristianos de boquilla, sino que asuman con sus actos y sus aportaciones económicas la misión de hacer crecer la presencia de Dios en la tierra.
Martes, 24 de noviembre
Juan Fernandez Krohn
Guillermo Gazanini Espinoza
Francisco Margallo
Rodrigo del Pozo Fernández
Koldo Aldai
Francisco Baena Calvo
Miguel Blanes Coll
Ediciones Khaf
Vicente Haya
Pedro Tarquis