Sabía que Vicente Ferrer estaba delicado de salud, que su entrega absoluta a la causa del bien estaba consumiendo su vida de la misma manera que una vela al fuego de su mecha se va derritiendo, pero tratado siempre de mantener la luz, hasta el último instante, hasta el último suspiro. Y recientemente pude saber que su vida corporal ya se ha extinguido apagándose poco a poco en la tierra a la que amó, porque antes amó a sus habitantes.
“Estoy bien. Aquí en la misión de Inharrime, las cosas siguen adelante, pero siempre hay que tener una espina en el alma. Ahora son los mozambiqueños que llegan de Sur Africa sin nada. Pasaron su vida allí trabajando y ahora les dicen que no quieren extranjeros y la violencia es tan grande, que muchos no sólo no traen nada de nada, sino que perdieron también a sus seres queridos y familiares...
Son muchas las ocasiones en las que he acompañado a niños enfermos hasta el momento de marcharse al Cielo, y he de reconocer que ellos han sido mis grandes maestros, pues en los niños he encontrado la esencia del cristianismo. Esa capacidad que sólo ellos tienen de sacar lo mejor de las personas y de provocar un movimiento de amor en torno a ellos inmenso.
Rueda de prensa en la sede de la OMP. ¡Qué lejos queda ya la época tenebrosa y nefasta de José Luis Irízar! Tanto monseñor Francisco Pérez como su segundo, Anastasio Gil, siempre amables, sencillos y cercanos. Y como todos los años, acompañados de un padre blanco y un matrimonio misionero con su niñita de un mes. Don Francisco se fotografía con ella en brazos, que resalta muchísimo bajo el fondo de su clergyman negro, mientras dice: "Esta es la más joven y tierna misionera".
Hace poco tiempo, saltó a los periódicos la noticia de que una gijonesa fue propuesta por el gobierno brasileño de Lula para el Premio Nobel de la Paz. Hasta entonces, era casi una desconocida, como tantas personas buenas que realizan un cristianísimo y humanitario trabajo en los países de ese pobrísimo Tercer Mundo. Se llama María Dolores Muñiz Junquera, es una religiosa de frontera y tiene setenta y nueve años, casi todos vividos y gastados con los pobres, en nombre de Jesucristo y su evangelio, dos palabras que le brotan con mucha frecuencia del alma en su ágil y cautivadora conversación.
JOSE MANUEL VIDAL.- ¡Claro que tenemos miedo! La inseguridad
es total. Estamos en manos de críos con modernas ametralladoras y forrados de granadas, capaces de pegarte un tiro por quitarte los zapatos o porque tu cara no les gusta. La única esperanza que nos queda es que vengan cuanto antes las fuerzas de paz». Su voz suena entrecortada y la conversación telefónica se interrumpe a menudo. El hermano de San Juan de Dios José Antonio Soria lanza un SOS desde el St. Joseph's Catholic Hospital de Monrovia, abarrotado de heridos y enfermos de todo tipo. «Apenas nos quedan medicinas», dice, desconsolado.
JOSE MANUEL VIDAL.- Jesús de Nazaret fue condenado a la muerte más horrible, en la cruz, por hereje y revolucionario. Pero la utopía del amor (incluso a los enemigos) del Nazareno no murió en el Gólgota... La locura de Cristo, 2005 años después, sigue moviendo a más de mil millones de seres en el mundo -en estos días reviven su muerte y resurrección-, y a locos misioneros. Se lo juegan todo por sus preferidos, los más pobres y desvalidos. Incluso la vida.Ni los marines se atreverían a pisar los infiernos donde viven y mueren muchos de estos ángeles de Dios. Y otros muchos, como el Maestro, son perseguidos por las autoridades civiles y religiosas.Esta es la historia de cuatro crucificados de hoy.
Miércoles, 25 de noviembre
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Rodrigo del Pozo Fernández
Urbano Sánchez García
Miguel Blanes Coll
Vicente Haya
Julián Moreno Mestre
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia