Es tan conservador en lo doctrinal como valiente en lo social. Hay que reconocer que al obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, le sobran agallas. No sólo es capaz de resistir en una diócesis cuyo clero le recibió de uñas mayoritariamente, sino que, poco a poco, se va consolidando y asentando. Con la ayuda de su hermano cura incluida. Una valentía de la que acaba de hacer nuevamente gala. Con una excelente homilía en Azpeitia, en la fiesta de San Ignacio.
El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, aprovechó la homilía de la fiesta de San Ignacio para reflexionar sobre la paz y la reconciliación en el País Vasco, pero sin olvidar la dramática tragedia de Somalia. PLano corto y plano largo. No comparto las formas autoritarias ni el modelo de Iglesia que preconiza y trata de imponer el prelado vasco en San sebastián en contra del sentir mayoritario de sus curas y de sus fieles. Pero, lo cortés no quita lo valiente. Y así, como en otras ocasiones hemos criticado al obispo donostiarra, hoy alabamos su sentido SOS por Somalia. El obispo da así muestras de su sensibilidad social.
Las espadas siguen en todo lo alto en Guipúzcoa. Sin llegar a la ruptura (al menos por ahora), la tensión entre el 80% del clero donostiarra y el obispo, José Ignacio Munilla, es total. Saltan chispas en cada uno de los encuentros que el prelado mantiene con los curas. Para muestra dos botones ( y podrían ponerse muchos más). Por un lado, la última reunión que el prelado mantuvo con su Consejo Presbiteral fue "borrascosa": hubo de todo, se dijeron de todo. Hasta se hicieron acusaciones "ad hominem". Y por el otro, se está produciendo un boicot real y tangible de colegios religiosos y de parroquias a la JMJ.
José Ignacio Munilla no ha tardado ni 24 horas en contestar a la carta en la que 2.720 fieles de su diócesis le reclamaban que se posicionara públicamente sobre el proceso abierto por el Vaticano al libro 'Jesús, una aproximación histórica', del teólogo y exvicario José Antonio Pagola. Si alguno de esos fieles confiaba que tras la misiva el obispo de San Sebastián iba a romper su silencio y aclarar por fin qué opina de la obra, se debió sentir ciertamente decepcionado al leer la respuesta del prelado.
Sigue sin asumir que ha sido y es un obispo impuesto. José Ignacio Munilla tomó posesión de San Sebastián tras el rechazo público de la inmensa mayoría de su propio clero. Con el paso de tiempo, los ánimos se fueron serenando y ambas partes (obispo y curas) hicieron un enorme esfuerzo por procurar al menos una cierta cohabitación pacífica. Maniobras de acercamiento y de coexistencia que el prelado vuelve a poner en entredicho, al negar a José Arregui, el franciscano crítico con su nombramiento, el derecho a dar unas charlas en una parroquia de San Sebastián. ¿Falta de cintura o gesto autoritario de un pastor que se cree dueño del rebaño?
Toda de posesión triunfante. Con una catedral abarrotada de fieles y curas (quizás lo más significativo) de todas las sensibiliaddes. Incluso de los críticos, que protestan y se plantan, pero nunca rompen la comunión. Y con el nuevo obispo titular, Mario Iceta, asumiendo su papel de obispo de todos y para todos. Se le ve seguro, confiado. No tiene que ir a la contra. Va sobrado sin pretenderlo. Llena la escena. Hasta canta y entona incriblemente bien. Será de los pocos obispos que cantan bien y sin desafinar. Y despide magnetismo de persona jovial, sincera y abierta. Ahora, le queda el aterrizaje en la realidad diaria de la diócesis.
Mario Iceta, que toma posesión mañana de la diócesis de Bilbao, es un obispo conservador a todas luces. En lo eclesial, por supuesto. Y quizás también en lo político, porque ambas cosas suelen ir juntas, aunque no siempre. Hay honrosas excepciones. Pero un conservador inteligente (lo cual lo hace más peligroso, según sus adversarios) y, por lo tanto, bien preparado, flexible y con cintura. Características, todas ellas, que lo diferencian de su amigo y hermano en el episcopado, monseñor Munilla.
Las aguas siguen bajando bravas en la Iglesia guipuzcoana. Medio centenar de personas dieron la espalda ayer al obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, cuando el prelado se disponía a pronunciar su homilia en el santuario de Arantzazu, con motivo de la festividad de esta virgen, icono más que religioso de una parte importante de la sociedad vasca. Más de cuarenta fieles abandonaron el templo para hacer visualizar su protesta por la situación del profesor y teólogo franciscano Joxe Arregi, que ha abandonado los hábitos tras su enfrentamiento con la jerarquía.
Se va el teólogo franciscano José Arregui. Se va "con dolor y vértigo, pero con paz". Se va sin reproches. Deseándole lo mejor al "hermano obispo José Ignacio Munilla". Se va sin hacer sangre. Y podía haberla hecho. Y mucha, me consta. Se va con espíritu franciscano. Con espíritu franciscano profético, se va haciendo un servicio al Evangelio: denunciando el sistema, la falta de libertad en la Iglesia, en la que presumimos que "la verdad nos hace libres". Se va un gran teólogo. Valiente y crítico. Gana Munilla o eso parece. En el fondo, pierde el obispo de San Sebastián, porque pierde la libertad y pierde la Iglesia entera.
"Su nombramiento fue un tremendo golpe psicológico porque nuestro obispo Uriarte había vuelto del Vaticano convencido de que su sucesor no sería en ningún caso José Ignacio Munilla. Pensábamos que el nuevo sería español y tendría que aprender euskera, pero andábamos tranquilos, seguros de que Munilla estaba descartado", recuerda Xabier Andonegi, párroco de Lasarte-Oria, uno de los 101 cargos pastorales de la diócesis guipuzcoana que se alzaron contra su jerarquía.
«Esta esposa no quiere un esposo impuesto. Ni secretismos. Ni juego de intereses». Se puede decir más alto, pero no más claro. La petición de casi 700 laicos y religiosos de Vizcaya es seria, respetuosa, bien documentada y, sobre todo, evangélica. Una iniciativa que debería ser la norma en todas partes. O mejor, una iniciativa que no debería ser necesario reivindicar en ningún sitio, porque debería ser lo habitual en la Iglesia, pueblo de Dios. Una iniciativa que, si surge repetidamente en las diócesis vascas, por algo será.
Estoy completamente seguro de que monseñor Munilla no quiso decir lo que dijo. Aunque literalmente lo dijese y ahora desmienta a los medios. No supo expresarse adecuadamente. Y eso que es un maestro de la expresión y un experto en los medios. O mejor dicho, lo que le pasó es que "de la abundancia del corazón habla la boca". Y a Munilla le jugó una mala pasada su espiritualismo desencarnado. Esa especie de veta teológica ultra, según la cual el pecado es el mayor de los males, porque ofende directamente a Dios.
Martes, 21 de mayo
José Manuel Vidal
Urbano Sánchez García
Alejandro Córdoba
José Manuel Bernal
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Rufo González Pérez
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Jose Gallardo Alberni