Acaba de ser elegido por el Papa como uno de los cinco visitadores de la Legión. Una muestra de aprecio y confianza absoluta del Vaticano hacia el obispo de Bilbao y vicepresidente de la Conferencia episcopal, Ricardo Blázquez. Visitador para España y Europa de los Legionarios: una encomienda muy delicada. No sólo se juega mucho en ella la Legión de Cristo, sino toda la Iglesia
Siempre me sorprenden las interpretaciones sesgadas que las más de las veces se hacen en España sobre acontecimientos vinculados con la Iglesia. El error más reiterado es interpretar siempre en clave política o en clave exclusivamente ideológica las posiciones de los integrantes de la jerarquía episcopal, adscribiendo a cada uno de sus miembros a supuestos bandos integristas, conservadores o progresistas, olvidando que en todo momento los obispos españoles son simplemente hombres de Dios que, llamados a la vocación sacerdotal, dedican su vida entera a su compromiso personal con el mensaje evangélico sin más disciplina que la derivada de su comunión con el Papa.
Blázquez no pidió perdón por la actitud de la Iglesia en la Guerra Civil. Es verdad. Su discurso bien armado y muy matizado no se puede esquematizar en un titular así. Sin embargo no se ciñó a ensalzar a los mártires en una actitud autocomplaciente sobre la memoria histórica, sino que subrayó sin lugar a dudas la necesidad de reconocer errores de unos y otros, también de la Iglesia, en el fracaso colectivo que representó aquella guerra fraticida. Esto es lo que los medios y los ciudadanos hemos sabido apreciar y en ello no nos hemos equivocado en absoluto.
El presidente de la Conferencia Episcopal y obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, aprovechó su discurso en la última asamblea del episcopado para abogar porque la Iglesia católica pida perdón a Dios por determinadas "actuaciones concretas" durante la Guerra Civil. De ello puede deducirse que a la consideración de la Iglesia exclusivamente "como sujeto paciente y víctima" de la contienda fratricida -discurso dominante en la actual jerarquía católica- se añade la novedad de que también hizo cosas que no estuvieron bien y de las que debe arrepentirse.
Ricardo Blázquez planteó en Madrid un discurso potente, rotundo y cristalino, en el que, armado de citas, ha dejado claro dónde se encuentra. A poco más de tres meses de los comicios internos para renovar el liderazgo en el seno de la Iglesia, la intervención del presidente de los obispos suena a toda una declaración de intenciones. ¿Un avance de su programa electoral? Muchos observadores así lo interpretan, tras constatar «la seguridad y la convicción» de sus palabras. En presencia del nuncio del Vaticano, su gran valedor, y del cardenal Rouco, su principal competidor, Blázquez apostó por un mensaje conciliador, aunque con distintos destinatarios. También el Gobierno, promotor de la Ley de Memoria Histórica. Pero con un tono muy distinto al que han empleado otros compañeros de la cúpula eclesial.
NO tardó ni 24 horas en replicarle. El pasado lunes, dia 4, monseñor Blázquez, a preguntas de los periodistas y a regañadientes (porque de lo que se trataba era de presentar el libro del Papa), echó un capote a la FERE y no quiso entrar al trapo de una pregunta sobre Jiménez Losantos. Cañizares, que está al quite, no tardó en replicarle y decir todo lo contrario ni 24 horas.
Los religiosos de la enseñanza (FERE) llevan meses, por no decir años, en la picota de la carcundia eclesiástica. Zaheridos y acusados de "traidores" por los que van a misa en el carro del PP, sección más ultraderechista. Les han llamado de todo. Y para muestra, el botón de su jefe de filas, Federico Jiménez Losantos, que los acusó de venderse por un plato de lentejas. Y otros, de romper la comunión eclesial. Es decir, el frente unido contra Zapatero. Y mientras tanto, los obispos azuzando a las huestes. O callados. Excepto algunos. Contados: Dorado, Amigo, Del Hoyo...Y entre ellos, el mal que les pese a esos mismos, presidente del episcopado, Ricardo Blázquez.
No es verdad lo que ha dicho el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Blázquez, de que la Iglesia católica no impone sino que propone su fe. En España, a lo largo de muchos siglos, ha impuesto su fe —y no digamos en los tiempos de la Inquisición—, y en el franquismo, que aún no está muy lejos en el tiempo, no digamos si imponía su doctrina.
La presentación de un libro es un acontecimiento social. Máxime cuando el autor es el presidente de la Conferencia episcopal, cuyo liderazgo algunos ponen en entredicho. Ayer, Ricardo Blázquez presentó en la sede de Paulinas su libro “Iglesia, ¿qué dices de Dios?”. Y las ausencias y presencias retratan los apoyos del obispo de Bilbao y refleja claramente el mapa de las simpatías y antipatías, de las filias y de los fobias, del juego del poder en el seno de la cúpula eclesial española.
Pocas dirigentes reciben de los que dicen ser sus correligionarios tantos ataques alevosos como el obispo de Bilbao. El último por dedicarse a lo suyo, que es pregonar el evangelio de la paz.
Brillante comparecencia del presidente del episcopado, Ricardo Blázquez, en los desayunos de Europa Press en el Hotel Villamagna. Con un salón abarrotado. Pero sin presencias significativas. Ni políticas ni eclesiásticas. Y con clamorosas ausencias. Como las del secretario general de la CEE, padre Martínez Camino. O la del cardenal Rouco, obispo titular de la diócesis donde intervenía el conferenciante. O la del cardenal Cañizares, que, desde la vecina Toledo, está a un paso y, además, no sale de Madrid.
Es sentir común entre los obispos que el actual presidente de la CEE, Ricardo Blázquez, no ejerce a fondo las funciones que le competen como tal y sigue delegando la toma de decisiones en el trío de los Antonios (Antonio Cañizares, Antonio María Rouco y José Antonio Mártínez Camino), en el Comité ejecutivo o, incluso, en el Consejo de cardenales.
Domingo, 22 de noviembre
Sor Lucía Caram O.P
Francisco Margallo
Juan Fernandez Krohn
Julián Moreno Mestre
Pedro Tarquis
Siro López
Jaime Vázquez Allegue
Rodrigo del Pozo Fernández
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya